A LA SOMBRA DE LAS MAYORÍAS RUIDOSAS

“Vivimos rodeados de las opiniones de los demás, minuto a minuto leemos lo que los demás opinan” nos dice el autor. Comunicación, nuevas tecnologías y espectacularización de la política de la mano de Jean Baudrilard.

Por José Danitz

¿Cuántas veces nos hemos sentido sorprendidos por comentarios de algún contacto cercano de facebook que nos incomodó por el contenido discriminatorio, violento, o políticamente incorrecto sobre algún tema sensible?, nos preguntamos ¿Cómo es que terminé aceptando la amistad de esta persona tan intolerante? ¿Cuántas veces nos sentimos tentados de borrar amigos de facebook porque ya no soportamos su modo de pensar?

Las redes sociales son hoy una ventana al sentido común de las masas, por primera vez en la historia tenemos acceso a la opinión pública en tiempo real. No hablamos ya del discurso de los medios tradicionales, hablamos de las impresiones que tiene la población acerca de los temas, las discusiones fundamentales de la agenda del día a día.

Al tiempo que accedemos a ese cúmulo de opiniones que constituyen el “sentido común” nos damos cuenta del nivel de incoherencia, intolerancia, violencia e incorrección política que caracteriza a la opinión pública “real”.

Si en su análisis sobre la decadencia de la política en la posmodernidad Jean Baudrillard forjó la teoría según la cual vivimos en el reino de  “Las masas silenciosas”, responsables del destino de las democracias actuales pero tan indiferentes hacia los temas de la política que sólo podemos acceder a ellas  través del sondeo estadístico, ¿podríamos decir que en la actualidad vivimos en la era de “Las masas ruidosas”?

Las nuevas tecnologías nos abrieron la puerta a compartir nuestro pensamiento masiva y libremente, hoy todos tienen algo que decir, todos opinan libremente sobre cualquier tema, todos hacen pública su opinión. Las redes sociales y los nuevos sistemas de marketing viven de eso, por lo tanto nos impulsan todos los días a decir lo que pensamos sin tapujos, sin inhibiciones. Como resultado vivimos rodeados de las opiniones de los demás, minuto a minuto leemos lo que los demás opinan, los diarios se hacen eco de los comentarios de las redes, leemos con gran asombro comentarios fascistas, intolerantes, frases que no escuchábamos desde la dictadura, en fin una serie de comentarios “políticamente incorrectos” que se alejan bastante de lo que esperamos de nuestra sociedad.

¿Por qué miles de personas salen a defender el accionar reprochable de gendarmería, a demonizar a los pueblos originarios en las redes sociales? ¿Por qué luego  de que apareciera muerto un pibe que había estado desaparecido 70 días, la mayoría de la población elige al gobierno implicado en esa desaparición? Y además, ¿por qué la gente vuelve a elegir al gobierno que en estos dos últimos años sólo estuvo obsesionado en reducir los derechos y el poder adquisitivo de amplios sectores de la población?

Para entender estos comportamientos “irracionales” quizás debamos volver a leer a Baudrillard, quien nos propone abandonar el lazo naturalizado que existe entre las masas y lo racional, o más bien entre lo social y lo político.

Según este autor es desde la revolución francesa que tendemos a suponer que existe un lazo natural entre lo social y lo político, o entre las masas y la razón. A partir de este episodio lo político se cargó de una referencia social, lo social inviste lo político. El juego de lo social es dominado por los mecanismos representativos. La escena política se convierte en la de la evocación de un significado fundamental: el pueblo, la voluntad del pueblo. Lo político habla en nombre del pueblo y el pueblo aspira naturalmente a las luces de la razón.

Esta invocación de lo político a hablar en nombre de la sociedad no siempre fue así, Maquiavelo no se preocupaba por ninguna verdad social o histórica, no hablaba en nombre de la sociedad. Según Baudrillard es justamente en ese desdeño por la verdad social, histórica, psicológica donde se localiza el máximo de energía política, donde lo político es un juego y donde aún no se dio la razón.

Ahora bien, si abandonamos este lazo implícito entre lo político y lo social ¿que nos queda? Nos queda la cáscara vacía de la masa. Baudrillard se propone desnudar a lo social de su investidura necesariamente política. Su época es la del fracaso de las olas revolucionarias de los 60’ y 70’, la del triunfo del neoliberalismo y el advenimiento de la sociedad posmoderna. La crisis de los grandes relatos revela una población desinteresada, pasiva, que mira al mundo desde la comodidad de su televisor y no se preocupa más que por lo inmediato y lo banal.

Baudrillard sospecha que no sólo el lazo entre las masas y lo racional es una construcción de la revolución francesa, va más allá y propone la teoría según la cual en realidad las masas no son buenas conductoras del sentido en general, todo las atraviesa pero todo se difunde.

Todos los grandes esquemas de la razón no siguieron el hilo de su historia más que sobre la delgada cresta de la capa social detentadora del sentido, pero no penetraron en las masas más que por el precio de un desvío, distorsión radical. Así sucedió con la razón histórica, con la razón política, con la razón cultural, con la razón revolucionaria, con la razón misma de lo social

Una de las propuestas más importantes de los filósofos posmodernos es aceptar la imperfección, las fallas de los ideales clásicos de la modernidad. Justamente estos “ideales”, en su pretensión de explicar la “totalidad”, tienden a mostrarnos un mundo demasiado perfecto que no encaja en la realidad que palpamos día a día. Es lo que nos pasa hoy, cuando asistimos a la emergencia de relatos antidemocráticos, anti-igualitarios y violentos, que increíblemente son tan retrógrados que se oponen a los propios ideales de la revolución francesa, sin embargo, provienen de la misma sociedad que a veces idealizamos.

Si aceptamos la propuesta de Baudrillard según la cual las masas no son buenas conductoras de sentido, si abandonamos el argumento según el cual las masas aspiran espontáneamente a las luces de la razón, debemos aceptar que es en plena libertad como las masas oponen su rechazo al sentido.

Baudrillard nos dice algo más, el poder siempre produjo sentido, los grandes medios de comunicación producen sentido, información con contenido político, pedagógico, cultural, el propósito es siempre el de incluir algún sentido. Sin embargo, el autor francés propone que las masas se resisten escandalosamente a ese imperativo de la comunicación racional. Así afirma: “se les da sentido, quieren espectáculo”.

Hoy vivimos sumergidos en un mar de exceso de sentido, rodeados de medios de comunicación que nos persiguen las 24 horas del día, en distintos formatos, redes sociales, internet, tv, radio, etc. Yo pregunto ¿El exceso de sentido acaso no se parece al sin sentido?, cuando hay demasiados mensajes no hay ningún mensaje.

En su desesperación por llegar a los espectadores desinteresados, “como sea”, los medios de comunicación apelan al espectáculo. Según Baudrillard, ningún esfuerzo pudo convertir a las masas a la seriedad de los contenidos. Idolatran todos los contenidos mientras se resuelvan en una secuencia espectacular. Abatiendo todos los discursos articulados hacia una única dimensión irracional y sin fundamento. “Las masas conservan la fascinación del medio que prefieren a la exigencia crítica del mensaje, pues la fascinación no completa el sentido, es proporcional a la desafección de sentido (…) La fascinación es la ley de los medios, el pueblo ha llegado a ser público. Son el partido, la película o el comic los que sirven de modelo de percepción de la esfera política”

Tal es el modus operandi de los medios hegemónicos en la Argentina. Ya desde la etapa kirchnerista los medios hegemónicos apelaron a la espectacularización y farandulización de la política para llegar a esa parte de la población demasiado desinteresada, desinformada de los temas cotidianos de la política o simplemente abrumada de información. Lo que domina ya no es una discusión acerca de las bases que sustentan a los diversos proyectos políticos en pugna, en lugar de eso se instaló un espectáculo diario de escándalos de alto impacto.

Los medios de comunicación son un eslabón fundamental en el nuevo proyecto neoliberal de la argentina, con un público cautivo de sus operaciones mediáticas espectaculares, abandonaron toda discusión racional a favor de un espectáculo diario que concentra todas sus fuerzas en destruir a cualquiera que se oponga al actual proyecto neoliberal.

Estas últimas elecciones fueron un gran ejemplo de ello. Por un lado la principal estrategia de la coalición neoliberal (Gobierno nacional, Medios hegemónicos, Poder judicial) consistió en hacer desfilar por Comodoro Py a figuras importantes de la principal fuerza opositora.

Llamativamente, la coalición neoliberal percibió como la mayor amenaza, ya no la reacción de la gente ante las  consecuencias del ajuste de los últimos años (tarifazo, despidos, destrucción del poder adquisitivo, etc) sino algo más ruidoso y espectacular, que rivalizó con su propia estrategia mediática. Hablamos de la desaparición forzada y posterior muerte de Santiago Maldonado, un hecho que escandalizó a una parte importante de la población y señalaba como principales responsables al gobierno y la gendarmería. Este fue el único hecho que pudo rivalizar con la estrategia mediática del gobierno por su contenido “espectacular” y “escandalizante”

Pareciera que la campaña no giró sobre un debate político entre proyectos de país, pareciera que la verdadera discusión que se planteó en los medios fue, ¿qué te indigna más? Como sostiene Baudrillard la fascinación es la ley de los media, ya que la fascinación no completa el sentido, es igual a lo que experimenta un hincha de fútbol en un partido, se suspende la razón y domina la fascinación.

Si el kirchnerismo en parte intentó reactivar la participación política de la mano de la reivindicación de viejas banderas como la justicia social, reivindicación de los derechos humanos, la memoria, pretendiendo instalar un incómodo y denso debate sobre nuestra historia, la nueva coalición neoliberal ha logrado movilizar a las mayorías desde una estrategia muy distinta: la espectacularización de la política, la apelación al “escándalo”.

Ya no es necesaria ninguna reflexión profunda, basta con dejarse llevar por las emociones más inmediatas, se nos exige diariamente que nos indignemos y dejemos fluir nuestros sentimientos más violentos. Esa es la génesis del monstruo que asoma en las redes sociales, las mayorías ruidosas.

Quizás el éxito de la estrategia de la nueva coalición neoliberal radique en  hacer una lectura menos idealizada de la naturaleza del comportamiento de las masas, reconociendo que todavía vivimos en un mundo posmoderno.

Un comentario sobre “A LA SOMBRA DE LAS MAYORÍAS RUIDOSAS

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  1. Para los que me pidieron que especifique la cita del autor acá les dejo la biblio que usé, la primer cita está en la pagina 114 y la segunda en la 141.

    Baudrillard, Jean (1978) “Cultura y simulacro”, Cap III “A la sobra de las mayorías silenciosas” Kairos, Barcelona

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