LENIN, ¿QUÉ HA SIDO USTED DE LA PRAXIS?

Lenin fue probablemente el líder revolucionario en que mejor se hizo cuerpo la idea de praxis. Pero, ¿era Lenin consciente de ello?, ¿a qué se refiere el marxismo con el concepto de praxis?, ¿Riquelme tiene algo que ver con todo aquello?

Por Javier Frias

Durante la primavera de 1845, un Marx dispuesto a saldar cuentas con los discípulos materialistas de Hegel apelaba a su cuaderno de apuntes para dar forma a las famosas Tesis sobre Feuerbach. De aquellas notas juveniles, que Engels publicaría recién en 1888, la más difundida sería, indudablemente, la tesis 11. De modo categórico la prosa de Marx ponía punto final a sus reflexiones: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” sentenciaba el pensador alemán.

La reivindicación posterior de esa fórmula a manos del pensamiento crítico recaería, a menudo, en una lectura en clave practicista. Es decir, según una interpretación corriente, la tesis 11 situaba la prioridad de la transformación concreta del mundo por sobre el terreno especulativo de las abstracciones teóricas. Tal desplazamiento ya era, sin dudas, una importante ruptura con toda la filosofía contemplativa de la época. Marx, con su advertencia, venía a incomodar al conjunto de los filósofos con el problema, nada menor, de su deuda histórica con la transformación del mundo.

Sin embargo, tal como han señalado Eduardo Grüner y Horacio Tarcus, entre otros, los alcances de aquella proclama insignia de Marx eran, en verdad, notablemente más radicales. Según estos autores, en las notas del pensador alemán no había una simple cruzada antiintelectualista, sino, más bien, un auténtico posicionamiento crítico respecto del estatus epistemológico del conocimiento.

Así, la célebre tesis 11, lejos de una defensa de la práctica frente a la teoría, plantea la imposibilidad misma de la separación entre ambas instancias. Vale decir, para Marx no hay teoría por un lado y práctica por el otro, sino praxis. En la idea de praxis la interpretación del mundo y su transformación están recíprocamente implicados: la teoría es, en sí misma, una práctica revolucionaria y la práctica transformadora está cargada de presupuestos teóricos.

Pensémoslo así: las asimetrías sociales están siempre sedimentadas en formas de pensamiento que las legitiman. En otros términos, en toda sociedad hay un conjunto de cosmovisiones e ideas que fetichizan y ocultan las relaciones de dominación que anidan en su seno. Para Marx una comprensión profunda de la realidad implica, por supuesto, romper con aquellas ideologías que encubren tales relaciones de poder. Pero, a su vez, ese proceso no puede ser completo sin una ruptura con las prácticas materiales en que dichas ideologías están asentadas.

Esto quiere decir que el conocimiento crítico del mundo lleva inscripta, como condición, la propia transformación del mundo. Y es justamente por eso que toda interpretación de la realidad implica siempre, no un mero acto teórico, sino un acto estrictamente político. ¡Paff! ¡Marche una bofetada a la supuesta neutralidad valorativa de los “técnicos” y los “expertos”!

Batman y Robin ciencia

Ahora bien, intentemos descender a un plano más concreto: ¿es posible identificar en la realidad cotidiana esa unidad inseparable entre la teoría y la práctica? Aquí la cosa se vuelve más compleja puesto que la praxis es una relación permanente y, por lo tanto, no tiene materialización concreta más que como tal. Pero juguemos un poco con los sentidos para forzar un ejemplo pedagógico. La hipótesis de este artículo es que, si fuese posible personificar la idea marxista de la praxis, habría que acudir sin dudas a la figura de Lenin. Y ello porque Lenin no sólo es el gran líder de la primera revolución socialista triunfante en el mundo, sino porque también es un fecundo teórico del imperialismo, del Estado y de la lucha política en general.

Nótese que si este año hemos celebrado el centenario de la Revolución Rusa, no han sido muchos los que han advertido que también se cumplieron 100 años de El Estado y la revolución, la obra que Lenin dedicara a leer los acontecimientos revolucionarios rusos desde la teoría marxista del Estado. La grandeza de Lenin como revolucionario que puso cuerpo a la idea de praxis es la que está plasmada nada menos que en las palabras finales del libro referenciado. Esto nos dice Lenin en la última página de aquella obra:

Escribí este folleto en los meses de agosto y septiembre de 1917. Tenía ya trazado el plan del capítulo siguiente, del VII: La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. Pero, fuera del título, no me fue posible escribir ni una sola línea de dicho capitulo: vino a “estorbarme” la crisis política, la víspera de la Revolución de Octubre de 1917. “Estorbos” como éste no pueden producir más que alegría. Pero la redacción de la segunda parte del folleto habrá que aplazarla seguramente por mucho tiempo; es más agradable y provechoso vivir la “experiencia de la revolución” que escribir acerca de ella.

Abandonemos por un rato los protocolos narrativos. ¡Pará un poco… animal! ¿De qué planeta viniste barrilete cósmico? ¿Escuchó usted las palabras de Lenin? Como si nada, como quien no quiere la cosa: aquí les traigo una revolución para la cartera de la dama, para el bolsillo del caballero. ¿Será natural sentir algo de desprecio por este personaje? Me auto-respondo: ¡Por supuesto que sí!

El tipo le llama “folleto” a su obra y uno comienza a llorar. Para peor, nos dice con suma ironía que no puede terminar la segunda parte del libro porque le vino a “estorbar” (lo pone con comillas para que sepamos que se nos está cagando de risa en la cara) una cosa llamada revolución. Y es el momento en que a uno le dan ganas inmediatas de desaparecer de la faz en la tierra. Sobre todo, pensando en que al escribir estas líneas lo único que nos puede llegar a estorbar es la 5ta temporada de House of Cards o, a lo sumo, el próximo Godoy Cruz-Chacarita.

Recuperemos la compostura. ¿Qué es lo más interesante de esta declaración de Lenin? Pues que en medio de tan arrollador proceso es evidente que ni siquiera él es consciente del movimiento de la praxis. En efecto, probablemente Lenin no advirtiera por aquellos años que no solamente estaba “viviendo” de la experiencia de la revolución sino que también estaba “escribiendo” con ella uno de los capítulos más importantes que haya dado la historia de las luchas de la clase trabajadora y los sectores populares. Es esa encarnadura corporal de la ligazón entre teoría y práctica lo que hace de Lenin “el más terrenal de los hombres que han caminado por esta tierra” como alguna vez lo definiera el poeta ruso Maiakovski.

Pero sería indigno finalizar así. No quisiéramos cerrar esta nota sin hacer un poco de justicia con nosotros mismos. Es razonable preguntarse si le estorbarían hoy a Lenin las mismas cosas que le estorbaban en aquella época. Y no tenemos respuesta. Por lo pronto sabemos que en la Rusia Zarista no existían ni Netflix, ni Juan Román Riquelme. Y no es que estemos poniendo excusas para nuestro quietismo, pero, de verdad, ¿ha notado el lector o la lectora el feliz “estorbo” que significaba ver jugar a Riquelme? Digo, no tenemos idea de cómo será la sociedad futura pero ambos tienen que estar, en la sociedad sin clases Riquelme y Lenin, que son praxis viva, teoría y práctica en acto, tienen que estar sí o sí…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: