LA RELACIÓN ENTRE TEORÍA Y PRÁCTICA EN LENIN

Gramsci definió a la Revolución Rusa como “la revolución contra El Capital”. Contra todas las repeticiones mecánicas del marxismo el autor de esta nota nos explica por qué Lenin “no quiso esperar”.

Por Roberto Valverde*

-: Hay que hacer la revolución siguiendo los lineamientos del marxismo!

-: Sí! Pero… tengo una duda… cuáles son esos lineamientos?

-: La clase obrera es el sujeto revolucionario por excelencia! Donde haya obreros, habrá revolución!

-: Sí, sí muy lindo todo… pero tengo otra duda… qué hacemos en aquellos países donde hay pocos obreros? O donde este sector social no es, aún, el mayoritario?

-: Sin obreros no hay revolución posible. En esos casos habrá que esperar que se desarrolle el capitalismo.

Tal era el pensamiento de buena parte de los referentes del (anti) marxismo que retrasaban los procesos de cambio en Rusia, y pretendían aplicar el marxismo como un dogma y no como una guía para la transformación social del mundo. Condenaban así  a una de las más importantes corrientes de pensamiento al atraso, la incomprensión del mundo que debía transformar; llevaban a esta corriente crítica a un callejón sin salida posible, le quitaban su potencial transformador, que debe partir siempre de contradicciones reales y concretas, y no abstractas e inexistentes.

Lxs (anti) marxistas rusxs no veían otra opción que la espera. Leían y veneraban a Karlitos pero no eran capaces de comprenderlo cabalmente. No entendían que Marx vivía en Inglaterra con su revolución industrial y la ciudad de Manchester tirando humo por todos lados. Ellxs querían vivir en un país capitalista para hacer la revolución, convocar a la clase obrera a la búsqueda de su liberación y la del resto de las clases oprimidas. Bárbaro, hermoso, aplauso, medalla y beso. Había un pequeñisimo detalle. Ellos vivían en Rusia, país principalmente agrario, un país con otro desarrollo. Diciendo que había que esperar, vendían en Rusia, el humo de Manchester.

Por suerte alguien pensó. Alguien se atrevió a desarrollar la teoría desde la práctica. ¡A re-interpretar la teoría desde la realidad y no al revés! ¿Lo qué? Sí, pensar la sociedad Rusa de manera específica, observando las contradicciones que brotaban allí, de manera concreta y real. Análisis concreto de situaciones concretas escribirá en una celda un italiano de rulos.    

Lenin no quiso esperar. No existe el “fatalismo” dentro del marxismo, la “espera” no es una alternativa, no existen tendencias inexorables que conducirán a las sociedades hacia procesos de cambio. Éstos sólo serán posibles si, dentro de condiciones específicas, se encuentra y se organiza a aquellos sectores capaces de construir un modelo diferente al capitalismo, lo que solo podrá realizarse si se utiliza el marxismo como guía para la acción.

Desarrollar el marxismo no es repetir dos o tres frases armadas como si el mundo no se “moviese”. Si pretendemos que la teoría nos aporte elementos para transformar el mundo, debemos partir siempre, inexorablemente del mundo tal cual es, y no como quisiéramos que sea. Lenin no compro el humo. Organizó a campesinxs y obrerxs para que fuera la dinámica de la disputa y no la hoja de un libro la que contara la historia.

Por eso la importancia en la relectura que Lenin realiza del marxismo. La situación rusa plantea al marxismo una serie de problemas nuevos que, para poder abordar, precisa revisar concepciones, actores, fundamentos, en resumen, elaborar teoría. Esta situación, como bien aporta Aricó, no es la muerte del marxismo: “la emergencia de la vida real, de la realidad política y social, obliga siempre a un desarrollo. Lo que pasa es que no siempre solemos comprender cómo ‘desarrollo’ no significa ‘liquidación’ de un pasado teórico, ni tampoco crisis de ese pasado teórico” (1).

La Revolución Rusa y Lenin vuelven a poner al marxismo en el lugar correcto. El del análisis situado en procesos políticos reales y correlaciones de fuerza específicas. Como la historia de las transformaciones sociales demuestra, cada país tiene su especificidad y por ello, requiere analizarlo de manera concreta, situada, para intentar impulsar procesos de cambio que surjan de contradicciones reales y concretas, aunque aún no estén escritas en ningún libro. Para ello cuentan con el apoyo de una carta de Karlitos.

“Sin embargo, quienquiera se ponga a inventar para los obreros una especie de receta que les proporcione soluciones ya preparadas para todas las eventualidades, o prometa que la política del proletariado revolucionario jamás tropezará con situaciones difíciles y complejas, es sencillamente un charlatán” (2); “las tareas políticas concretas hay que plantearlas en una situación concreta. Todo es relativo, todo fluye, todo se modifica” (3).

Referencias

  1. ARICO, José María, Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo, pág. 114.
  2. LENIN, Vladimir Ilich, Obras Escogidas Tomo IV, pág. 29.
  3. LENIN, Vladimir Ilich, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, pág. 106.

 

*Politólogo. Docente en contextos de encierro. Coordinador del Programa Economía Alternativa (UNCuyo).

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