DOS JUANES PARA EL LOCO GARRIDO

Es curioso, se dice que en la mesa familiar está prohibido hablar de política y de religión. Pero sí se puede hablar de fútbol que, para el caso, es la misma cosa.

Por Javier Frias

Hablando de historias entrañables, yo conocí la del loco Garrido, que palmó hace poco. ¡Una pena la verdad!, ¡la de anécdotas que tenía el viejito ese, ni se lo imagina! Era un personaje memorable en el barrio. Porque aquí donde yo vivo, en el Este mendocino, somos todos conocidos. Y más las personas que son como el loco Garrido.

Don Garrido, según cuentan en el pueblo, era un sanjuanino petizón que se vino a Mendoza por mal de amores. Y lo de mal de amores se decía porque Garrido vino a la provincia enamorado de la Hildita, una doña de por aquí que era fiera que ni le cuento. Cuestión que el loco Garrido empezó a trabajar en el ferrocarril por estos lados, cuando el ferrocarril pasaba, ¿vio?, y ya se instalaron con la comadre e hicieron su vida acá no más. Dicen que el viejo era muy aplicado en su trabajo. El único problema que tenía era la borrachera. Por ahí se le armaba el embotellamiento al hombre y, bueno, lo de cualquier borracho… se chocaba con las cosas y se ponía a hablar estupideces. Diga que la Hilda era buenasa, buenasa, y se lo aguantaba. En fin, pero nada del otro mundo, ¿vio?.

Pero parece que en su trabajo el Don Garrido se había vuelto peronista hasta el tuétano. Se decía que era más peronista que Perón y Evita juntos. Yo por esos años todavía no había nacido, pero mi abuela siempre recuerda que la primera vez que lo vió, le preguntó a qué se dedicaba, y él le dijo: “trabajo de peronista señora, no más que ahora estoy descansando”. Mi abuela lo odiaba, decía que era un borracho guarango, pero en realidad no le quería porque a los peronistas no los podía ni ver.

Fíjese usted si no era peronista el viejito Garrido que cuando murió el General quedó medio chapa. Y ahí sí que se vino lo pior. Porque antes tomaba, pero normal ¿vio? Pero en el barrio cuentan que, cuando murió el General, Don Garrido empezó a tener conductas muy extrañas. Lo más chistoso era que cuando el loco Garrido se pasaba de damajuana, salía a dar vueltas por el barrio recitando en voz alta los discursos de Perón. ¡Y se los sabía toditos de memoria eh! “Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria” largaba de corrido pero con dificultosa pronunciación. ¡Había quedado mal el hombre! De hecho dicen que por ahí iba tocando puertas, casa por casa, y cuando uno le abría se ponía a imitar a Perón. Los testigos de Jehová no existían por acá, pero estaba el loco Garrido que iba predicando el evangelio de Perón a toda hora. Y aunque uno le cerrara la puerta en la cara el viejo no se iba hasta que no finalizara su actuación. Se debía al público, a los cabecitas negras que lo escuchaban imaginariamente abajo del balcón de la Casa Rosada.

A Don Garrido finalmente lo mandaron a un psiquiátrico porque había quedado mal del marulo en serio. Por suerte con los años pudo salir. De a poco se fue olvidando de su pasión por el peronismo y de hecho se volvió muy porfiado de la política. Aunque en realidad algunos dicen que Garrido hizo su recuperación a base de su otra pasión, el club de sus amores, Boca Juniors. El viejo vivía para Boca. Era fanático hasta las tarlipes. Y tuvo la suerte de que unos años después de salir del loquero vivió la gran época de Bianchi. Esa época en la que para patear penales había que ponerse la camiseta de Boca porque sino no entraba la pelota. Y bueno, a la falta de Perón, el loco Garrido la suplió con los títulos boquenses de esos años. Pero cuando ya llevaba un buen tiempo recuperado, Don Garrido, ya muy envejecido, comenzó con las conductas extrañas nuevamente. Era más o menos el año 2008 que Garrido empezó a mezclar el viejo amor por Perón que había reprimido tras su internación con la idolatría que sentía por el 10 de Boca de esos años, que era Riquelme. ¡Faa, cuando uno lo piensa, que pedazo de jugador! Pero bueno, cuestión que ahí enloqueció definitivamente. Y se lo cuento porque esa sí que la viví. Era tal su admiración por Riquelme que reprodujo su trastorno con el peronismo. Yo ahora me río pero a veces era preocupante. A mí me tocó la suerte de atender la puerta cuando golpeaba el loco Garrido. Y digo la suerte, porque bueno, era gracioso escucharlo.

– Mirá pibe, Riquelme es el gran distribuidor de la riqueza del fubol. Algunos dicen que es el último 10, yo digo que es el último peronista. Ni qué más. Porque acá todos se vuelven locos con que hay que atacar, atacar y atacar. Pero nadie dice para qué y cómo hay que atacar. Es como cuando los gorilas hablan de crecimiento económico. Sí, el crecimiento económico está muy bien, pero hay que ver quienes se quedan la tarasca. Román es el máximo responsable de la justicia social que ha existido en una cancha de fubol. El tipo se para en el medio y empieza a entregar la pelota. Le da a todos. El Clemente Rodriguez ese, el peladito, ¿lo has visto? ¡Mamita querida, si habrá recibido del Estado protector que lleva la 10 en la espalda! Vacaciones, aguinaldo, feriados, de todo le ha dado Riquelme a ese lateral. El Boca de Riquelme es la Argentina de Perón nene. Vos no lo viviste, pero es como te digo…

Todo esto se lo cuento traducido ¿vio?, porque entre la vejez y la borrachera, la oratoria del loco Garrido se complicaba. Yo cuando he tenido tiempo lo he atendido. Si uno se bancaba el tufo a escabio era simpático escucharlo. A veces hasta he aprendido algunas cositas de historia que después me sirvieron para la escuela. Y también aprendí de religión, porque lo que el loco Garrido profesaba era una suerte de religión en donde Dios era Perón, y Jesucristo, Riquelme. Tocaba el timbre y arrancaba. A veces ni esperaba a que uno lo atendiera…

– ¿Sabés cuál fue el 17 de Octubre de Riquelme pibe? El partido contra el Madrid. Ahí Juan Domingo Riquelme venció a la oligarquía. No era Braden o Perón. Era Makelele o Riquelme. Ahí nació el mito que nos iba a dar tantas alegrías. Después Riquelme se exilió en España. Pero ¿yo me pregunto para qué?, si todos sabíamos que su destino estaba acá, con los morochos boquenses. Acá lo aclamaba el pueblo. Acá escribíamos en las paredes RV, ¡Riquelme Vuelve! ¿entendés?. Y Riquelme volvió nene. Vos lo viste. Ganó la Libertadores solito. Caminaba la cancha. Y así, caminando los bosteros volvimos a tener nuestros años felices. Riquelme integró Latinoamérica con sus goles, sus pases, sus pisaditas. El primer trabajador de la cancha. Yo no puedo creer, los diarios de la oligarquía lo siguen criticando. Así hacían con Perón, le inventaban escándalos. Pero bueno, la única verdad es la realidad. Desde que Riquelme pisó el césped de la Bombonera en Boca reinó el amor y la igualdad pibe! Por eso hay que agradecerle…

El viejo Garrido no tenía interlocutores. Dejaba que los otros opinaran pero igual hacía oídos sordos. Él seguía con su discurso. Me acuerdo que por ahí yo le llevaba la contra,  por jodón no más, para ver cómo reaccionaba. “Pero Don Garrido, Riquelme erró ese penal contra el Arsenal, jugando para el Villarreal” Y el loco Garrido frenaba sus palabras, se quedaba pensando un poco, y ahí no más arrancaba de nuevo con lo suyo.

– No existe para Riquelme más que una sola clase de jugadores: los que tratan bien la pelota. Ahora si vos querés aplaudir a los malapata que lo único que saben hacer es revolear la pelota, hacelo. Vos te lo perderás pibe. Para un riquelmista no hay nada mejor que otro riquelmista. Pero a los detractores no los deploramos, sólo esperamos que algún día se den cuenta de que el caño a Yepes fue una mojada de oreja a la oligarquía, como cuando los negros se mojaron las patas en la fuente… la más maravillosa música que haya sonado en una cancha de fubol nene!

Y aun en sus peores años, Don Garrido no dejó de bancar a su ídolo y a confundirlo con Perón.

– Mismo lo ves ahora. Ya está viejo Román pero sigue haciendo la diferencia. Como decía Perón, no es que ha sido tan bueno, es que los otros son piores. Así que lo necesitamos, pero esta dirigencia… es de terror pibe! Yo a Riquelme lo pongo hasta en silla de ruedas. Igual que a Perón. Con toda esta manga de ladrones, el pocho llega y te levanta el país de un plumazo.

Riquelme finalmente se retiró. El último equipo en el que jugó fue Argentinos Juniors. No sé si habrá sido eso lo que lo terminó de matar a Don Garrido. Pero es una posibilidad, sin dudas. Porque se esfumó su razón de vida. Ya era en vano todo. Sus días eran un vacío total, así que tenía que irse no más, en paz.

Ese era el loco Garrido. Inofensivo, simpático. Yo no pude vivir el peronismo. Mi abuela hablaba pestes de Perón. Decía que era dictador, que fomentaba el resentimiento y la división en la gente. Qué se yo, tampoco es que sé mucho del tema ¿vio? Pero escuchándolo al loco Garrido, uno a veces como que le ha agarrado cierto cariño ¿no? Yo de Perón ni idea, pero Riquelme me gustó siempre. No sé, por ahí seré un poco peronista. Pero no cualquier peronista ¿vio?, porque ahora todos se dicen peronistas. Yo soy de los que salen jugando, de los que llevan la pelota al pie. Cuando me joden con que soy peroncho a mí la verdad ya ni me molesta. Pero igual yo siempre aclaro: ¡peronista sí, pero de la línea de Bochini, John William Cooke o Riquelme…!

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