ARGENTINXS: ¿VIVOS?, ¿CON AGUANTE?, ¿O SOBERBIOS?

Año mundialista, verano, algunos tragos de fernet o birra, playa, alguna que otra droga (tal vez), la caliente sangre latina que recorre nuestras venas y los productos estrella de nuestra exportación nacional: la “viveza criolla” y “el aguante argentino”; cóctel explosivo.

Por Agu González GP

“- ¿Para qué creó Dios la Argentina?- preguntó el creyente ingenuo-.
– Quizá para castigar la soberbia de quienes creen conocer
la sociedad de los hombres -contestó el teólogo-.”
Diálogos imaginarios del Siglo XX (Sábato y Schvarzer)

Durante estos días, los medios compiten por ver quién titula con mayor énfasis el “descontrol” que provocan lxs jóvenes argentinxs en Chile (Reñaca fundamentalmente), o por ver qué nota hace un mejor uso de una moralina superficial, ideal para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero “paquetos”.

“Teens en Reñaca cantan: ‘Soy argentino, fumo porro, tomo vino’”, “Chicos y jóvenes mendocinos descontrolados en Reñaca”, “Denuncian desórdenes de turistas argentinos en playas de Reñaca” así relatan algunos medios locales y uno trasandino el acontecer veraniego protagonizado por lxs argentinxs. A ello se suman audios, videos, “historias” en redes sociales donde “el que no salta, no va al mundial” se hace presente, en la playa, en el “after”, el boliche o inclusive en las liebres (los bondis chilenos).

Los medios resaltan las “avivadas” de lxs compatriotas para tomar alcohol en la vía pública (donde está prohibido), sobre todo en la playa, y cómo eso da lugar luego al “fervor” nacionalista que desata. Cercano está el recuerdo del “Brasil decime qué se siente” en la propia nariz de los cariocas en 2014, en estadios, playas, calles o inclusive shoppings. También lo está la doble herida de las dos finales perdidas con Chile.

El objetivo de esta nota es intentar aproximarnos a una comprensión de este comportamiento argentino en el exterior, de manera humilde, y con la única pretensión de no emitir (hasta donde esto le es posible a la objetividad humana), juicios de valor acerca de ello, es decir, no justificar, mucho menos juzgar o condenar sino intentar entender, o generar el disparador para ello.

¿Somos lxs argentinxs “unxs inadaptadxs”? ¿Dé donde viene la “viveza criolla”? ¿Nos sentimos mejores?¿Tenemos “más aguante”? ¿Y por qué nos enorgullecemos de eso? ¿A qué dimensión simbólica responde?

 Los interrogantes bien podrían ameritar el desarrollo de una tesis. Nuestra pretensión es mucho más austera, simplemente se trata de realizar un acercamiento que nos aleje del dedo fiscal y puritano del sentido común tan presente (y buscado) en los medios, para intentar repensarnos de manera más clara y fiel.

Tomamos para ello dos conceptos que, creemos, pueden ayudarnos a abarcar esta reflexión: la tan condenada “viveza criolla” y la denominada “cultura del aguante” que intenta acercarse desde la ciencia, a los rituales acontecidos en recitales y canchas de fútbol, fundamentalmente.

Los argentinos somos vivos y criollos

La idea de la viveza criolla se encuentra muy arraigada en el sentido común y autopercepción argentinos, y busca erigirse como categoría explicativa de nuestra idiosincrasia, legitimado más por frases apreciativas como: “Y, los argentinos somos así, nos creemos el ombligo del mundo y así nos va”, que por análisis rigurosos o con alguna base de fundamentación científica. La pregunta es: ¿somos así?, en cuyo caso debería desvelarnos el por qué.

La filosofía del “vivo” sería la de quien siguiendo el menor esfuerzo y trabajo posibles, ignorando normas y leyes, así como las pretensiones de lxs demás, buscaría hacerse de beneficios propios, levantándose por sobre “la gilada”. Escudadxs en nuestra autoindulgencia, tendríamos el pretexto para culpabilizar a lxs demás de nuestros males.

Cierta bibliografía ubica históricamente la aparición de esta viveza frente a la inmigración sufrida en los siglos XIX y XX, donde el criollo se defendería de “lxs otrxs” (migrantes) con cualquier medio para evitar que éstxs les “robaran” sus trabajos y formas de vida. A esta hipótesis divulgada cabría interrogarle: ¿Por qué acá? Entre tantos países que gozaron de grandes oleadas inmigratorias.

Vivo o piola es quien se las sabe todas y busca evitar la norma que le impida realizar algo que quiere y no debe. Vivxs o piolas serían lxs argentinxs que llevan fernet a la playa en termos para ocultarlos, que contestan riendo a periodistas chilenxs que en la heladerita llevan “ensalada de fruta”, o que buscan “colarse” al boliche porque “es un afano”.

La sanción de la decencia argentina no puede hacerse esperar frente a semejantes hechos inmorales. Vivimos en repúblicas democráticas y quien ose esquivar el arbitrio de la ley o la institución, merece la exclusión o la pena. Lo que no dice el dedo señalador, protector de la moral pública es que en Argentina y en palabras de la socióloga Maristella Svampa: “la acción directa no institucional aparece como la única herramienta eficaz de aquellos que no tienen poder, frente a los que tienen poder, en contextos de gran asimetría de fuerzas.” Y ya que estamos con esto de lo criollo, lo decimos en criollo: como nos han cagado históricamente (tanto normas como instituciones aplicadas a dedo), las herramientas que la gente ha encontrado, se hallan muchas veces por fuera de los canales “legítimamente establecidos”.

Dado que el componente social presente en Reñaca, se trata mayoritariamente de sectores bien posicionados en la escala social ¿De dónde vendría este sentimiento de “falta de poder”? ¿Es que lxs argentinxs nos creemos víctimas en el sistema mundo, incluso frente a vecinos en iguales o peores condiciones de subordinación? ¿Será la superficial herida Malvinas la que nos rivaliza con lxs chilenxs? ¿Y con Brasil?

El aguante argentino

Entrando ahora al segundo concepto, pocas referencias hemos encontrado acerca de un análisis del tipo en el exterior. Lxs estudiosxs del tema hacia dentro del país, cuentan que frente a las desarticulaciones que sufrieron el trabajo, la educación, la familia y la política argentinas desde los ´70, comienzan a surgir nuevas formas de organización y supervivencia, entre las que se encuentran las hinchadas argentinas. Dichas “barras” no surgen sólo como formas de asegurarse “el mango”, la subsistencia, sino también como formas de ganarse el respeto y reconocimiento de la gente.

Pablo Alabarces nos dice: “el sistema es lo malo, el antisistema (por tanto) lo bueno, pero…¿Qué es el sistema? No sé, ni me importa. El aguante entonces, es una forma de ordenar el mundo entre lo bueno y lo malo”. Luego, hablándonos acerca del aguante rockero, precisamente del “pogo”, explica cómo en dicha práctica, el público demuestra ser “algo más” que público, siendo también protagonista. ¿Ese mismo protagonismo que queremos sentir afuera, tal vez?

¿Será nuestro carácter de país periférico, tercermundista, es decir, la exclusión de la economía y política mundiales las que nos llevan a reafirmarnos en esferas simbólicas como “la del aguante”? Sí, puede ser que sigamos siendo subdesarrollados y tengamos malos índices económicos, sociales y también de transparencia; pero tenemos aguante. Miranos sino, tuvimos al mejor jugador de la historia, hizo la mano de Dios y el gol del Siglo, como si fuera poco el Papa es argentino, lo tenemos a Messi y a “las minas más lindas” (porque la cultura del aguante es también profundamente machista).

Nuestras “vivezas y picardías” en el exterior, hoy en Chile, ayer en Brasil y mañana en Rusia, están muy teñidas del aguante futbolero tan característico en nuestro país. Un aguante “futbolero” vivido por el “negro”, el “careta”, el “clasemedia”, y la “negra”, la “careta” y la “clasemedia”. Transversal a la sociedad. El hecho de que no sean “negros” o pobres quienes lo practican, lo demuestra la media del o la argentina vacacionando hoy en día en Chile, lejos de estar en los peldaños más bajos de nuestra pirámide social, aunque con gran heterogeneidad también.

Y ¿Por qué apelaremos a prácticas tan aparentemente futboleras en el exterior? ¿Será que, a veces, en el fútbol los que llevan las de ganar no ganan y los que llevan las de perder no pierden? ¿O será que simplemente somos “la Europa de América” y se lo haremos saber a los vecinos? O tal vez, bajo ese manto de autopretendida superioridad blanca y “afrancesada”, nos sabemos “negros” y pobres y nos deshacemos por esconder nuestro Complejo de Inferioridad.

Será entonces que, como dice Saccheri en un magistral cuento futbolero, “no nos queda otra que contestar adentro de una cancha, porque somos pobres, somos pocos y estamos solos. Porque es futbol pero no es solo fútbol…”

Qué paradoja que un mecanismo tan individualizador como el del vivo criollo, que busca pasar por encima de lxs demás privilegiando siempre al “yo mismx”, se convierta afuera en un mecanismo de cohesión social, que nos iguale en nuestras diferencias frente al “otro”, ese otro ahora mayoría, ese otro ahora local.

Por lo pronto, en tiempos donde el deporte nacional de la grieta parece llegar a su punto más álgido, aplicar el: “se critica hacia adentro y se felicita hacia afuera” parece esperanzar sobre un futuro un poco más cercano, empático entre compatriotas.
Mientras tanto… aguante Argentina…

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