ANTIVIAJE

Sobre lo que pueden ser o no las vacaciones en Córdoba, Uruguay o Potrero de los Funes.

Por Romi Barboza

Viajar es ponerse en una posición incómoda sabiendo que puede salir mal.

Es exponerse a las contradicciones, a poner en jaque el autorrelato que construimos diariamente.

Es someter el tiempo a la elasticidad: a un paréntesis, a una dilatación, a una yuxtaposición borgeana de pasado-presente-futuro.

Es abrirse al desconcierto sin amortiguadores: olores nuevos, miradas desconocidas, encuentros fortuitos.

Viajar es perderse, abrirse a la pérdida, no solo en los lugares o en el tiempo, sino en el cara a cara con la soledad.

El retorno a la capacidad de sorpresa.

Viajar es tratar de no hacer trampa, es abrir un mapa de papel, es ser un poco inconsciente.

Es aceptar un riesgo: el de cambiar. El de encontrar facetas propias inexploradas, es sentir miedo, paralizarte y decepcionarte. Y luego procesar y aprender.

Es una caminata sin rumbo y un café.

Disponerse a dejar algo que soy al momento de salida y que probablemente al retorno no exista: morir y renacer de intensidades y sensaciones.

Viajar es salir del guión, es alcanzar la plenitud tras hallar la calma y por qué no la tristeza.

Abrirse entre la opacidad, dejar que el dolor aparezca sin intentar taparlo.

Dudar.

Es soltar/saltar/suspender la inercia y ser tragada por la electricidad y el magnetismo de la adrenalina, del encuentro frustrado, del error advertido tardíamente, de los paisajes que te absorben, de la brisa de río que crea recuerdos del futuro.

Poner en juego las tensiones propias,  las que la rutina trabaja duramente en disimular.

Viajar es como la vida pero concentrada en un frasquito.

Viajar es la alegría del encuentro pero también la incertidumbre del silencio.

La comprobación de la multitud de soledades anónimas que buscan cariño.

La intuición de charlas posibles, de temores que asoman, de intenciones tímidas, de sospechas desatadas.

Es predisponerse a escuchar música oyéndola, al reencuentro con los sentidos, con la sensibilidad anestesiada.

El Teatro Colón para el coraje.

El deseo desnudo.

La aceptación del error propio sin recriminaciones desmedidas ni autoflagelos.

Es asumir desafíos impensados. Es asumir desafíos? Es asumir? Es? se está siendo? Se está haciendo?

O también puede ser un trámite.

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