HACK-LIFE

Busco un minuto de silencio.

Por Facundo Maldonado

Mis manos huelen a limón y sal,

me puede la alegría de la ginebra,

me embala en cajas de cartón la poesía de tu pecho

y me pongo a jugar.

 

Necesitaba un poco de silencio en la tarde, ya no sé qué dejar entrar a mis oídos, qué decir o qué callar, me llueven piedras del techo, se desmorona lentamente sobre mí, piedrita a piedrita, como esos pensamientos que bullen sin cesar en mi cabeza. Me resulta triste ver como se suceden las eventualidades, las cicatrices e ir hacia atrás, esperar, que la ansiedad supere cualquier medida estándar. Pero son solo algunos errores de corrección, algunos errores de percepción, criterios de concepción. Trato de imaginar lo que se podría hacer si el sudor que queda en mi cama después de una noche de insomnio no tuviese precio. No sé si esto es un cuento, algún pulp o algo lúdico desprovisto de inocencia, se me sale de control el papel que juego y quiero más.

 

Algo le pasó a mi conexión.

 

El blindaje no sirve, el rayo que abre la tierra dejó de funcionar y la tormenta eléctrica arruinó el plan. Desaparece cuando más lo espero, desaparece el objetivo principal, saber que hagas lo que hagas, no vas a volver a jugar. No hay un “Continue”, una cuenta regresiva 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 o un “Game Over” al final; engañar a la maquina y jugar gratis las veces que sea necesario, las que se puedan, las que te dejen, hasta que te canses, hasta que se te caigan los brazos y las manos no te den mas, lo que ocurra primero y mas.

 

El hambre y la sed atacan vehementes,

el conocimiento mediante la desintegración de los elementos,

la existencia es sufrimiento.

 

Sos lo que ponés entre panes, la milanesa frita en aceite rancio, lo que bebés directo del envase, la gaseosa fría llena de azúcar refinada, industrializada, sin aportes grasos, la que tomás para aplacar tu sed incontrolable de consumir. ¿Dónde compraron ese manual tan berreta? Ese que dice que no podés estar escondido. Sé con certeza que alguien dijo que servía y que funciona en la medida justa, ni más ni menos. Salirse de esos parámetros cuesta caro y esto es literal, las vacilaciones deben quedar en otro lugar (Buuuh! Aburrido!). Ninguna analogía es segura para describir la situación, todas convergen en el mismo punto ciego, donde la razón anula todo lo que le sobra. Estado de fuga, “punto ciego”; las trampas no importan, los otros tampoco importan, solo perseguís una sola cosa, con una visión parcial, pero la cuestión definitiva en este asunto es: mata o muere, horizontal o vertical, uno y cero, estar o no estar. Es increíble que casi cualquier cosa se pueda simplificar en esos términos.

 

(No podés estar perdido

si no sabés a dónde vas

o si estas muerto).

 

Desea salir ahora:

Sí – No

Sí. Ahora mismo por favor. Tengo que quitarme lo que me pica del cuerpo, toda esta piel. Tengo que comprar lentejas (porque si querés las comes y sino las dejas) y esa preciosa proteína de soja, esencial para la deconstrucción de cualquier organismo vivo. Tengo que darle de comer al perro y al gato. Tengo que distraerme un poco de lo que pasa en mi cabeza. Tengo que etc, etc, etc… Así hasta que encuentre un digno final, porque soy un peligro potencial, una amenaza por reclamar igualdad de condiciones. Al final, la recompensa es un “shot de alegría in the head”, nadie te dice chau, nadie te espera o te saluda, ni te honran con un duelo final.

 

Esta seguro que desea salir:

Sí – No

No sé, no estoy seguro. Salir implica perderse eventos interesantes, momentos de gran satisfacción, recompensas de gran valor, el cofre del tesoro, un poder superior. Tengo que estar atento, porque sino esas criaturas del bosque me comerían, tengo que estar preparado por si las brujas me tiran sus poderes, tengo que estar advertido de las saetas oscuras que atraviesan el aire buscando un punto certero en mi pecho, la muerte segura, cuidarme de que tu padre no se entere de que te veo a escondidas y quiera matarme tan solo por respirar, por existir, por estar, por ser algo que no soy (Truhan!).

 

¿Se habrá dado cuenta el perro de que estoy triste porque fallé el tiro de gracia?

 

No. Solo come su alimento balanceado y no me pregunta qué voy a hacer. La gata maúlla en la ventana, se ocupa de las polillas que giran alrededor de la lámpara, de los bichos que quieren entrar en su guarida, me mira como si la estuviese molestando, yo solo quería cambiar las maestrías y apreté el botón equivocado, esa subjetividad, me está empezando a molestar.

 

Entiendo que cuando no nos falte nada dejaremos de llorar por los rincones o escondidos en la maleza (o con la cabeza en la almohada), pero hasta ahora, nos sobra miseria y eso que solo hablo de un juego, uno macabro e incorregible, imaginate si hablara de la fantástica realidad. Qué miedo me da esa incertidumbre, me refiero al ejercicio práctico de dudar y que a la cuenta regresiva aún le falte un cero. Más que miedo, ansiedad, más que ansiedad, algo para segar, para ver si encuentro algo mejor: un parche, una ficha más, el botón de ejecutar o quizás un juego más entretenido de jugar, pero lo que más me impresiona y paraliza es que quizás ya nada de esto me interese, ni siquiera en potencial.

 

0 (cero).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: