MARZO CON ‘M’ DE MUJER Y DE MEMORIA

8M – 24 de Marzo. Dos Fechas. Dos luchas. ¿Luchas antagónicas o en
concordancia? ¿Contienen una conexión? Similitudes y diferencias en dos conmemoraciones que representan resistencia.

Por Romina Contreras

Desde hace décadas, Marzo siempre ha sido un mes intenso. Un mes penetrante para quienes deciden portar la casaca de ‘militantes’ y para aquellas personas que sostienen y acompañan a la par, tanto la lucha feminista, como la lucha por Memoria, Verdad y Justicia encabezada por los Organismos de Derechos Humanos.

Es la resistencia de estas multitudes la que, actualmente, permite esquivar los persistentes intereses -principalmente de quienes presiden nuestro país- por ocultar y/u opacar el germen histórico que conllevan a conmemorar las fechas del 8 y el 24 de Marzo. Dos fechas que, desde hace no mucho tiempo, se posicionan en la misma línea que propone debate, reflexión, concientización y cuestionamiento. Pues los movimientos sociales de mujeres le han ganado la partida a quienes pretendían que el 8 de Marzo sea sólo una jornada banal y comercial.

Los debates que surgen de corrientes feministas; la inclusión en 2012 de la figura de “femicidio” en el Código Penal Argentino como un tipo agravado de homicidio; el alarmante crecimiento y/o visualización, así como los niveles de ensañamiento que caracterizan cada delito; el surgimiento en 2015 de la consigna “Ni Una Menos”; entre otros. Todo en conjunto, determinó que, en los últimos 8M’s , las principales calles del país y de un sinnúmero de ciudades se hallaran repletas de mujeres reclamando y portando banderas que distinguen la lucha feminista. Algunas de las consignas que recorrieron gran parte del Mundo fueron: fin de la violencia hacia las mujeres, igualdad laboral y salarial, no más casos de femicidios, rechazo y eliminación del acoso callejero, y aborto legal, seguro y gratuito -actualmente en pleno debate-. Sólo en Mendoza, el pasado 8M auto-convocó a más de 10 mil mujeres y compañeros a movilizarse por el Centro de la Ciudad y otros departamentos de la Provincia.

Pero volviendo al tema principal que reúnen estas líneas: ¿Estas dos conmemoraciones de Marzo, se encuentran en Desconexión ?

Aquellas mujeres que nos auto-proclamamos feministas, permanentemente somos criticadas por mantener un constante cuestionamiento de todos -aunque suene ironía- nuestros entornos y vivencias. Lo acontecido durante la última Dictadura no es ajeno a esto. En efecto, la misma ha sido re-evaluada desde una perspectiva de género.

A nivel provincial, Viviana Beigel ha sido una de las responsables de tal tarea. Sus
diversas investigaciones se producen desde su desempeño como abogada y querellante de más de un Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en Mendoza. Mediante las mismas, podemos asumir que el Terrorismo de Estado, que gobernó nuestro país entre el ‘76 y el ‘83, se trató de una Dictadura de carácter militar, cívico, empresarial, eclesiástico y Patriarcal .

De la misma manera, en corcondancia con datos aportados durante dichos procesos judiciales, Beigel afirma que uno de los principales objetivos de la Dictadura era reestablecer los roles tradicionales de género. Esto se vio reflejado en la particular crueldad contra las mujeres en los Centros Clandestinos de Detención y/o Exterminio, así como en el accionar parapolicial y en las distintas cárceles. En estos espacios se llevó a cabo una represión sexualizada contra aquellas “enemigas políticas”. Pablo Garciarena, en “El Libro de los Juicios”, menciona que sí había algo peor que ser un subversivo, eso era ser una <<mujer subversiva>>.

La naturaleza patriarcal de quienes organizaron y desarrollaron el Terrorismo de Estado, logró imponer socialmente un prototipo de <<Mala Mujer>>. Estas se definían como guerrilleras que poseían una enorme libertad sexual, eran malas amas de casa, y en conjunto, malas esposas y madres. No eran más que transgresoras de valores sociales y culturales establecidos, y de campos que históricamente se conformaron como propiedad del varón.

El interés por promover dicho estereotipo puede concebirse como una derivación directa del rol fundamental que habían adoptado las mujeres en manifestaciones previas al 24 de Marzo de 1976. Para mencionar un ejemplo, el “Mendozazo” (1972), no hubiera conquistado tal magnitud sin el papel imprescindible que representaron las maestras. Son este tipo de uniones de mujeres las que se irán relacionando con curas tercermundistas -como el Padre Llorens en el Barrio San Martín-, con movimientos feministas, y/u organizaciones que ponían en tela de juicio el status-quo en torno a la división sexual del trabajo, la sexualidad, la maternidad y la moralidad. Es decir, el cuestionamiento del mundo público y privado que les correspondía como Mujeres.

El temor provocado por tal avance condujo a la necesidad de << demostrar>> su poder aún vigente. Para esto, los represores se empecinaron en el uso del terror sexual con fines disciplinarios y de control de las rebeldes.

“(…) Perdí la cuenta de las violaciones que sufrí.” declaró una sobreviviente durante el Juicio a los Jueces de Mendoza. No se trataba solamente de prácticas de torturas contra las detenidas. Eran mensajes destinados al conjunto de la población femenina. Pretendían demostrar lo que les pasaba a aquellas <<Malas Mujeres>> dentro de un sistema que posibilitó y amparó la impunidad con la que se desenvolvían para ejecutar tales crímenes. Siguiendo a Beigel, las mujeres fueron desmaterializadas, deshumanizadas para marcar una posición de dominio absoluto, de poder, de apropiación.

Sin embargo, es importante no hacer caso omiso al hecho de que tanto hombres y mujeres fueron víctimas de violencia sexual. Según Alicia Aucía, la diferencia se encuentra en que las agresiones sexuales hacia los detenidos varones, no tuvieron como principal objetivo disciplinarlos en sus identidades de género. Más bien, lo que buscaban era disminuir su status de par -de par en tanto varón- llevándolo a una posición feminizada , lo que significaba para los responsables, una posición inferior y degradante. En el caso de las mujeres detenidas, lo que se ejerció, fue un plus de violencia por su condición de género. Se pretendía la transformación de sujetas revolucionarias -o posibles revolucionarias- en sujetas disciplinadas.

Dentro de este objetivo disciplinario puede ubicarse, también, el robo sistemático de niñas y niños a lo largo y ancho del país. Pretendían aniquilar el germen subversivo del que sus <<Malas Madres>> eran portadoras.

Los abusos, la violencia de género y las violaciones sexuales, en reiteradas ocasiones, hacia las mujeres durante su detención ilegal han sido hasta no hace mucho tiempo invisibilizados. Y he aquí parte del meollo de la cuestión.

En el interior de esta -no nueva sino histórica- oleada de lucha feminista que se halla en actual desarrollo, donde las mujeres hemos logrado que nuestros reclamos sean oídos y/o debatidos es que se han conquistado un sinnúmero de batallas. Entre ellas, recién en 2011, los delitos sexuales cometidos durante la Dictadura comenzaron a ser considerados como crímenes contra la Humanidad. Anteriormente, ni siquiera formaban parte de las políticas reparadoras del Terrorismo de Estado, eran considerados bajo la categoría “delitos por torturas y tormentos”, lo que provocaba una desestimación de la gravedad total de las transgresiones aludidas.

Mención aparte, pero no menos importante, remite a ser conscientes en la identificación de quiénes han mantenido la lucha por Memoria, Verdad y Justicia durante los últimos 42 años. Organismos de Derechos Humanos principales como “Madres de Plaza de Mayo”, “ Abuelas de Plaza de Mayo”. Organismos liderados por Mujeres, que a pesar de todo intento disciplinador patriarcal, han logrado resistir y acompañar este proceso de plena transformación paradigmática que llega hasta nuestros días.

A modo de cierre, en este intento de dar cuenta de algunas conexiones existentes entre estas dos fechas que representan lucha en tiempos actuales, es primordial hacer hincapié en la importancia de llevar adelante una revisión con perspectiva de género incluso sobre procesos históricos ya acontecidos. Práctica fundamental para concientizar la Memoria sobre la cual queremos y debemos construir.

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