GUÍA PARA HACER PERIODISMO Y NO ABURRIRSE EN EL INTENTO

¿Es posible que el humor de Eameo y Revista Barcelona juegue hoy en las grandes ligas del periodismo político? Y de ser así, ¿es por culpa del humor o del periodismo?

Por Javier Frias

En una nota anterior, Lautaro Funes sostenía acertadamente que el humor siempre está cargado de ideología. Fue Schopenhauer quien señaló que el humor es una operación que implica sacar algo de su lugar para ponerlo donde no va. De manera que, si su definición es correcta, por lógica, toda intervención humorística requiere siempre un mínimo juicio sociológico (determinar cuál es el estado “normal” de las cosas) a la vez que un posicionamiento político (elegir de qué manera desordenarlas para que resulten graciosas). Vale decir, las razones por las que no hay humor sin ideología son las mismas por las que, en sentido amplio, tampoco existe humor sin sociología.

Las intervenciones facebookeras de Eameo son totalmente apropiadas para ilustrar esta naturaleza de las operaciones humorísticas. Pues, la gracia de Eameo consiste precisamente en exhibir fotos que aparentan ser del todo normales pero que, sin embargo, guardan algún elemento distorsivo trucado con Photoshop. De hecho, la lógica humorística de la página funciona mejor cuanto más sutil es la modificación hecha a la fotografía original.

El mismo procedimiento puede detectarse en las noticias que postea la Revista Barcelona. Allí la construcción de los titulares respeta la formalidad narrativa de cualquier nota periodística de un diario digital. No obstante, su contenido supone algún trastocamiento irónico o absurdo que desordena la norma informativa.

En los dos casos mencionados es clara la “contaminación” sociológica y política del humor. Pero permítasenos ensayar una hipótesis adicional: no sólo creemos que el humor está siempre atravesado por la política y la sociología, sino que, para nosotros, en los casos de Eameo y Barcelona dicha combinación está dando el mejor periodismo político del país en la actualidad.

Ahora bien, dado que esta última es una consideración subjetiva, no hay forma de demostrarla. Alternativamente, lo que sí podemos hacer es explicar qué motivos vuelven perfectamente factible el hecho de que los proyectos humorísticos referenciados puedan ser considerados hoy un sólido ejemplo de periodismo político. Y a nuestro juicio, tales razones hay que buscarlas en transformaciones relativas al periodismo y a la política argentina ocurridas en años recientes.

Respecto de lo primero, es claro que el triunfo de Mauricio Macri ha puesto a los grandes medios de comunicación en una situación de incomodidad. Hasta 2015, y en medio de la proliferación de debates sobre el rol de los medios, la prensa dominante había logrado sostener el relato del periodismo independiente y crítico en la medida en que mantenía una postura de oposición a los gobiernos latinoamericanos de la última década.

El reciente giro político regional, por contraste, dejó a las grandes líneas editoriales sin ninguna narrativa anti-poder. En ese contexto, la mezcla de periodistas que insisten en posar de independientes con el chupamedismo abierto para con la nueva gestión solo puede ofrecer hoy situaciones de lo más irrisorias y grotescas. Barcelona se ha hecho un picnic con ello.

Leuco Revista Barcelona

En lo que a la política respecta, Ezequiel Adamovsky ha advertido agudamente que en la discursividad del PRO existe un aspecto sumamente novedoso. Es decir, si en general la relación del discurso público de cada gobierno con sus propios errores es de ocultamiento u omisión (recuérdese, por caso, la inflación o la inseguridad para los gobiernos kirchneristas), en el macrismo ese vínculo es de lisa y llana caradurez. Cambiemos pone palabras incluso allí donde conviene hacerse el dolobu. Así las cosas, se han vuelto comunes las presiones a la justicia en nombre de la división de poderes, los negociados a través del Estado en nombre de la transparencia, los ajustes contra los jubilados en nombre de la dignidad de los propios jubilados, y un sinfín de malabares retóricos similares.

Si al gobierno anterior podía imputársele cierta inflación épica, al actual hay que atribuirle niveles importantes de inflación cínica. “Gobernar es simular” dice el evangelio de Durán Barba. De la Escuela Actoral Guillermo Barros Schelotto han salido figuras como Laura Alonso, Marcos Peña, María Eugenia Vidal o Patricia Bullrich. Se posa en los micros de línea, se posa en el supermercado, se posa con los chocobares, se posa con los datos oficiales. Se posa todo el tiempo. Entre Estado y sociedad hay una cámara de fotos en el medio que hace de eclipse.

Macri Etchecolatz

Fotomontaje de Eameo: Macri timbrea al genocida Miguel Etchecolatz.

Las nuevas estrategias comunicacionales del PRO, en definitiva, implican cierta institucionalización de la posverdad. El macrismo hace que gobierna para todos y el periodismo amigo hace que interroga. La realidad, en ese contexto, ha pasado a ser una parodia de sí misma. Por eso la única forma de retratarla fielmente es con la ironía, con el absurdo y con la burla. De ahí la precisión exquisita de los chistes de Eameo y Barcelona.

A modo de anécdota personal, alguna vez nos ha tocado mandar un chiste de Barcelona por whatsapp y sorpresivamente algunos amigos nos han alertado de que se trataba de una noticia falsa. Lo cual demuestra cabalmente que las noticias de esa revista se han vuelto completamente verosímiles en medio de los desopilantes episodios que ofrece el propio discurso oficial.Doctrina Caputo - Barcelona

Incluso el propio Diego Capusotto ha dejado de ser bizarro. No cambió su humor, cambió el índice de bizarrés de la realidad. ¿O alguien duda que Claudio Tepongo no se parece al inefable Eduardo Feinmann?; ¿O acaso el sketch sobre las inversiones no recuerda a Toto Caputo?; ¿O el viejo que dice “no hablen de política” no podría ser tranquilamente Del Moro?; ¿O Pichetto no avergonzaría a Micky Vainilla?

Jauretche decía que cuando no sabía qué pensar sobre un tema, leía el diario La Nación y pensaba absolutamente lo contrario. Nosotros, en cambio, recurrimos a la gente de Eameo y Revista Barcelona. Si por alguna razón el periodismo y la verdad han muerto, conviene, entonces, morirse de risa.

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