¿HAY QUE PASAR EL MUNDIAL?

Breve resumen del contexto económico para no perder… la memoria.

Por Leandro Velasco Cicchitti*

Pasado el “Supermartes de Lebacs” y entrados ya en plena fiebre futbolera abundan sensaciones de alivio, confusión e incertidumbre.

¿Qué pasó?

Estas últimas semanas ha tenido lugar un significativo aumento de la demanda de dólares (corrida cambiaria) -como refugio o alternativa de “inversión”- debido principalmente al aumento de tasas de interés del tesoro de EEUU. De esta manera, inversores que apostaron en mercados frontera como el de Argentina decidieron retirar sus inversiones en carteras locales y llevarlas a opciones menos riesgosas en EEUU. Esta situación se vio agravada en nuestro país por factores internos como la implementación del impuesto a la renta financiera extranjera, el anuncio de aumento de metas de inflación allá por diciembre del 2017 y una fuerte política económica de apertura.

Las reservas en dólares del Banco Central cayeron drásticamente para tratar de sostener el tipo de cambio, lo cual culminó con un gobierno que, en búsqueda de nuevos dólares que alimenten esas reservas, recurre nuevamente al FMI. Como si fuese poco, sumado a este contexto, el martes pasado vencían alrededor del 70% de las lebacs vigentes; ese porcentaje representa nada menos que 617.000 millones de pesos en las arcas del BCRA que podían o no renovarse.

Ante ese panorama, el Banco Central salió con los tapones de punta para lograr contener la elevada demanda de billetes verdes y desplegó todo su arsenal: marcó la cancha vendiendo un dólar a 25 pesos en el Mercado Único de Libre Cambio (MULC) –para lo cual ofreció 5.000 millones de pesos de sus reservas- y logró renovar el 100% de las lebacs manteniendo una tasa del 40% a 35 días. Por su parte el Ministerio de Hacienda emitió los bonos BOTE del tesoro nacional a tasas del 15.5% al 2023 y 16% al 2026 (estos bonos los compran compañías como Templeton y BlackRock que operan a muy largo plazo). Finalmente el gobierno también recurrió a un recurso que él mismo había repudiado: el dólar futuro, realizando negociaciones por un valor de $22,85 (¿contradicciones? ¿dónde?).

Breve recordatorio: para cuidar el valor de la moneda argentina se recurre a diferentes instrumentos financieros para sacar pesos del mercado, para que esos pesos no se vayan a dólares y mantener por un lado, el tipo de cambio y por el otro, el nivel general de precios. Esto último dado que un aumento de la cotización del dólar se traduce en inflación, el famoso pass-through reconocido recientemente por el mismo Sturzenegger.

Otro recordatorio: “el dólar futuro es un instrumento que fue bastardeado por la presente gestión, pero es muy utilizado por los bancos centrales en diferentes partes del mundo y altamente efectivo en situaciones de corrida cambiaria”, tal como explicó Gabriel Olmedo en “El Día L y la serpiente que se muerde la cola“.

¿Dónde estamos ahora?

El gobierno pudo contener -temporalmente- la corrida cambiaria. Para ello tuvo que poner en marcha los instrumentos financieros mencionados anteriormente, afrontar el costo político de recurrir al Fondo Monetario e incluso apelar a recursos desesperados y patéticos como los twits de Lilita Carrió pidiendo al sector agropecuario que liquide los dólares provenientes de la venta de soja o el mismo presidente argumentando que lo sucedido se debió a una “falta de coordinación” entre miembros de su propio gabinete.

Ahora nos encontramos con una inflación proyectada que asciende al 25% -habiendo cerrado ya paritarias al 15%-, un dólar a $25, es decir, el peso argentino se ha devaluado un 30% en lo que va del año (recordemos que esto se traduce también en aumentos de precios), mayores niveles de deuda y un nivel de actividad económica que se estanca.

Los voceros oficiales llaman “a ponernos la camiseta” y a pactar un gran acuerdo nacional para finalmente hacer frente al déficit fiscal y salir adelante. Nos anuncian que se acabó el gradualismo que vivimos estos últimos dos años y que se viene un nuevo ajuste. ¿Ajuste para quiénes? vale preguntarse. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden en este partido? o, más específicamente, ¿qué sectores de la ciudadanía pierden más, qué sectores pierden menos y qué sectores nunca pierden?

Si nos vamos a poner la celeste y blanca, hagámoslo para exigir propuestas concretas y claras, para pensar con criterio y dialogar con argumentos, para no perder la memoria o el raciocinio en medio de esta vorágine mundialística. Seguimos sosteniendo una política de apertura y desregulación financiera que no se funda en la confianza sino en la rentabilidad. Estructuralmente, continuamos expuestos a un nuevo cimbronazo internacional. Que la hinchada argentina esté más presente que nunca para defender los derechos laborales de sus ciudadanos y para exigir políticas que protejan tanto a los sectores de clase media como a los sectores más vulnerables, procurando que la economía de nuestro país no se reduzca a un juego de bicicletas financieras dónde la mayoría camina a pie.

*Licenciado en Economía, aunque a veces también le gusta hacer cosas divertidas.

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