LA REVOLUCIÓN NO SERÁ TRANSMITIDA POR NETFLIX

¿Hay vida más allá de Netflix?, ¿qué realidades sociales expresan las nuevas formas de ver cine?

Por Javier Frias

Imágenes: Andrea Batllori

Quizás no muchos lo sepan, pero el universo del cine tiene su propia Sierra Maestra en el mismísimo corazón de Dorrego. Es que la calle Cnel. Moldes es por todos conocida por ser la arteria que conecta dos puntos neurálgicos del distrito: el famoso Paseo La Paloma, trinchera gastronómica y conspirativa de los lugartenientes, y el supermercado Wall-Mart, marca visible de la inserción pionera de Dorrego en el mundo de los fijadores de precio transnacionales. Sin embargo, para los no habitué que merodean la zona, la mayor curiosidad que guarda aquella calle es un negocio atípico para los tiempos millennials que corren. Pues, en Moldes al 610, hasta hace muy poco podía leerse un cartel con una enigmática leyenda: “Estilo Video Club”.

Algún mal pensado de seguro habrá dicho “ahí deben lavar guita”. Nada de eso; no se trata ni más ni menos que de un local que todavía insiste en el honorable oficio de alquilar y vender películas, resistiendo como puede a los vientos torrenciales que bajan de las plataformas on demand y los paraísos de pelis pirata que anidan en internet.

Estilo naturalY lo de “como puede” debe leerse en forma literal. Es que por estos días el cartel del negocio ostenta una leyenda distinta a la que antaño tuviera: “Estilo natural”. Así, al ingresar al local el cliente se topa con una oferta que oscila desde los últimos estrenos de cine en calidad blue-ray hasta alimentos y productos naturistas varios. “Diversificarse es parte de la posibilidad de que el videoclub subsista” nos explica Gonzalo, uno de los encargados de llevar adelante el negocio familiar.

Galletas videoclub

¿Qué fenómenos sociales están sintetizados en aquella peculiar combinación de rubros como si fuera una sutil metáfora comercial de la fórmula de Gramsci, “lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer”? En ese pasaje del alquiler de películas en DVD a la oferta on-line, ¿cómo está cambiando el cine?, ¿cómo está cambiando nuestra forma de ver cine?, y, por ello mismo, ¿cómo estamos cambiando nosotros mismos?

“Estilo” es un negocio que lleva grabada a fuego la marca de los noventa. “El negocio existe hace 26 años” asegura Gonzalo. Desligar el inicio del local del festival de privatizaciones del gobierno menemista es casi imposible. “Mis viejos eran empleados públicos y los despiden –relata el entrevistado- y con la plata de la indemnización deciden poner el videoclub, porque mi viejo conocía el rubro, le gustaba el cine y coleccionaba y distribuía películas que traía desde Buenos Aires”.

Gonzalo recuerda que cuando el DVD reemplazó al VHS el negocio tuvo un impulso importante. El país ya había atravesado la crisis del 2001 y “mucha gente quería ver cómo era la nueva tecnología, conocer los nuevos televisores” lo que hizo crecer la demanda de películas en DVD. Distinta suerte corre ahora el negocio con el auge de internet. “Hay que reconocer que Netflix es una plataforma económicamente accesible: pagás y disponés de un catálogo bastante grande”. A menos que alguien esté buscando una película en particular, Gonzalo cree que “en los días de frío la gente prefiere quedarse en casa y ver lo que encuentra en internet”.

A la hora de pensar en las razones por las que el Videoclub ha subsistido, el entrevistado atribuye a lo barrial un papel “fundamental”. “Que los vecinos te conozcan –señala- y que conservemos la misma calidad en las películas que ofrecemos ha hecho que tengamos un cliente fidelizado”. Además, añade que no a toda la gente le funciona de manera fluida el servicio de internet y que existen personas que, por una cuestión generacional, siguen optando por conseguir la película que desean en el formato físico.

“Una cosa que nos ayuda mucho son los estrenos” remarca. Cuando a Gonzalo le consultamos qué era lo que, según su visión, se perdía con el pasaje del alquiler de películas a la demanda por internet, no sólo destacó el vínculo persistente de lo vecinal, sino también la actualidad y variedad de contenidos que ofrece el local. “Si bien Netflix como plataforma es bastante amplia, siempre existe una línea editorial detrás” explica.

Entre las restricciones de dicho streaming, el entrevistado destaca que los estrenos tardan mucho en estar disponibles y que ciertos contenidos son notoriamente escasos, como las películas de producción nacional o el cine europeo. De ahí que en internet suele circular un chiste: ¿cómo saber si una película está en Netflix? A lo que hay que hacer una segunda pregunta: ¿querés ver esa película? Si la respuesta es afirmativa, entonces la película no está.

En esos déficits juega un rol importante el mercado. “Netflix ha tenido tanto éxito que otras productoras grandes le quieren competir y le cobran más por sus realizaciones o directamente le sacan películas” plantea  Gonzalo (¡Malditos, por qué sacaron Homeland!). Tales limitaciones han llevado a Netflix a generar sus propios contenidos, con resultados diversos.

Consultado sobre el impacto de internet en el mundo cinematográfico, Gonzalo observa “mucha repetición, mucha remake, muchas películas basadas en novelas y pocas ideas nuevas”. El gran cambio en la forma de ver contenidos es que las series han ido reemplazando poco a poco el predominio de las películas. “Los mejores guionistas se van a la televisión. Las series de televisión tienen actores caros, tienen la plata para competirle al cine. La producción de esas series no tiene nada que envidiarle al cine. No sé si tiene que ver con Netflix o es un proceso que venía de antes, pero sin dudas que Netflix aportó”. Por causa de este pasaje “las películas se están quedando desprovistas de buenos argumentos, de buenos guiones” sostiene el entrevistado, al tiempo que reconoce no saber si se trata de una situación coyuntural o de una tendencia que se profundizará con el tiempo.

¿Qué factores explican esta nueva inclinación del público por las series? Gonzalo subraya que sus clientes suelen argumentar que “las series tienen la duración perfecta”. El razonamiento es que “quizás no tienen tiempo para ver una película más larga, entonces ven un capítulo de una serie que dura 50 minutos y listo”. El problema es, como advierte el entrevistado, que generalmente los veedores de series no miran un solo capítulo, y en algunos casos se involucran en verdaderas maratones. Por lo que, consciente o inconscientemente, las nuevas formas de ver cine implican una concepción algo paradojal del propio tiempo disponible.

Es difícil no ver en los cambios materializados por Netflix una síntesis de época. Muy a pesar de Fukuyama, Netflix ha venido a demostrar (por si acaso hiciera falta) que los grandes relatos están más vivos que nunca. Lo que cambió, en todo caso, es la forma de contarlos. Si se nos permite la analogía, al igual que la parcelación del conocimiento en el campo de las ciencias sociales, las grandes historias del cine siguen existiendo sólo que hoy se dividen en capítulos.

Otra marca de los tiempos es que el acto de ver cine se está transformando cada vez más en una práctica puramente individual. Netflix recrea esa atomización del público con la posibilidad de que cada cuenta en su sitio disponga de varios perfiles que pueden ver material diferente en simultáneo. Luz/cámara/acción, entonces, para la nueva película sobre la fragmentación del tejido social que estamos protagonizando todos, y por cuenta propia.

Finalmente, es claro que Netflix representa un caso más de la victoria de las formas por sobre los contenidos. Netflix ofrece, más que nada, una experiencia de comodidad. Más allá de sus excelentes producciones, el salto distintivo de la plataforma es la administración confortable del ocio cinéfilo. Por caso, no tiene problemas de virus, la descarga suele no trabarse, la calidad de la imagen es muy buena y (¡gracias por tanto!) nos permite seguir mirando la peli/serie desde donde abandonamos la última vez. Ahora bien, en lo que a contenidos refiere, lo que se puede ver en Netflix en nada supera a lo que ya ofrecía internet de manera gratuita hace, pongamos, unos 8 años, cuando emergió el fenómeno Cuevana. Empaque mata contenido.

Como sea, con Netflix o sin él, ya es prácticamente imposible imaginar el mundo del cine sin el recurso de internet porque tampoco son imaginables nuestras relaciones, nuestra constitución como sujetos políticos sin su impacto en la actualidad. Nuestro entrevistado lo sabe, por eso el videoclub muta, se reacomoda, resiste (se deconstruye diríamos hoy, haciendo un abuso de los términos teóricos).

Lo que está claro es que, cualesquiera sean las próximas turbulencias de la historia, ninguna podrá ser ajena al mundo digital. Probablemente las revoluciones no serán transmitidas por Netflix. O sí, pero en todo caso serán revoluciones distintas, divididas en capítulos y con promesa siempre abierta de nuevas temporadas. Habrá que estar preparado para ver tan fabuloso espectáculo.

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