FÚTBOL A CAPPA Y ESPADA

De un tiempo a esta parte, el fútbol asumió nuevas estéticas y es capaz hoy, de transmitir ideas que bastante distan de su esencia colectiva. Intentaremos adentrarnos en alguna explicación del por qué de estos cambios.

Por Facundo Arias

Ilustraciones: Obra Santos Profanos del artista plástico Maxi Romero Almenar

El Neoliberalismo como una variante dentro del sistema capitalista, ha sido capaz de instalarse casi como única forma de organización de la economía en la actualidad. Su mayor logro es tal vez haber penetrado en nuestro sentido común haciéndose casi invisible. “En muchas partes del mundo el efecto ha sido que cada vez más sea considerado como una forma necesaria, incluso plenamente ‘natural’, de regular el orden social” (1). Esa inserción del neoliberalismo en la vida cotidiana, fomentada en necesidades económicas y políticas demandaron la creación de una cultura populista neoliberal: basada en un mercado de consumismo diferenciado y en el liberalismo individual (2). Pero hablar todo eso en abstracto resulta aburrido, más aún si pensamos en lo invisible que se volvió el neoliberalismo con sus costumbres e ideas. Tomemos entonces al fútbol.

Partamos desde su conformación básica. El juego está compuesto por 11 personas enfrentadas con otras 11, estratégicamente distribuidas a lo largo del campo y agrupadas a groso modo en: defensores, mediocampistas y delanteros, quienes luego de ser eludidos además cuentan con un arquero, que resulta ser muchas veces el jugador mas difícil de sobrepasar (invito a reflexionar sobre la definición de Palacios contra Alemania, en cualquier partido ordinario terminaba con el arquero ridiculizado).

Dada su naturaleza, es imposible concebir una práctica futbolística sin un funcionamiento colectivo. Cada jugador aporta a un esquema que incluye no solo a la estrella que maneja el partido: una jugada es una colaboración compleja en donde con mayor o menor medida interesa el aporte al grupo, pues una jugada de principio a fin nunca incluye a un solo jugador.

Nota cappa

El Fútbol, Yo y el Otro

Hoy en día, la victoria plena del capitalismo y su consumismo lograron moldear un fútbol pensado desde lo individual, por encima de los esquemas colectivos. Ni qué hablar de pensar un plantel de jugadores con un proceso extendido en el tiempo, respetando los altibajos, avances y retrocesos que todo proceso tiene. Observamos resultados solamente.

Es el mérito y el esfuerzo personal la fuente de todos los logros. El rendimiento individual, las capacidades del jugador y las fantasías de cada partido terminan siendo el objeto de la observación deportiva. El ejemplo más vivo puede verse en el final de cada encuentro: siempre el periodismo elige quedarse con La Figura del Partido. Mientras, los resúmenes semanales -del fútbol argentino y del mundo- se encierran en una especie de culto a la personalidad de la estrella de cada partido, exaltando jugadas y goles individuales, rankings de goleadores, lujos, patadas, etc.

¿Pero cuál es una de las tantas causas de que el fútbol sea lo que es? La economía.

Entre Cappa y David Ricardo

Dentro de los negocios más rentables a nivel mundial está el fútbol. Pases como el de Neymar por 222 mil millones de euros, Coutinho por 160 mil millones, James Rodriguez en 80 mil millones o Cristiano Ronaldo por 94 mil millones, demuestran el volumen de dinero que manejan los clubes. El negocio de la ropa deportiva, las publicidades de diferentes productos en cancha, el minuto televisivo, las apuestas electrónicas, las ventas y reventas de entradas y un largo etcétera se llevan otra porción interesante del negocio.

Todo aquello nos marca que, en definitiva, el fútbol es una mercancía más. Un partido de fútbol no es otra cosa que un producto que se compra y se vende en el mercado, que cotiza y está sujeto a oferta y demanda.

Y acá nos vamos a detener. ¿Qué es lo que motiva hoy la oferta y la demanda? El Ganar. En una conferencia repetida por el diario El País de España, Ángel Cappa expuso: “Hay que ganar como sea. Ganar no es lo más importante, sino lo único importante. Por lo tanto el juego, el placer de jugar, quedan anulados” (3).

Esta premisa -ganar- es la que terminó primando, por encima de cualquier lógica deportiva. El fútbol pasó de ser un deporte a ser considerado, pensado y moldeado en los hechos como mercancía. Y como toda mercancía, nace predestinada a ingresar al mercado, en donde se compra y se vende. Nace con la exclusiva razón de ser consumida, de producir ganancias.

IMG-20180525-WA0026David Ricardo, uno de los teóricos clásicos de la economía, introdujo una re-significación de un concepto de Adam Smith: la Teoría del Valor. Según esta teoría, lo que incorpora valor a un producto es el trabajo que realiza el trabajador produciéndolo; pues si él no realizara sus tareas de producción, el material suelto no valdría lo que vale como producto terminado y constituido listo para ser adquirido. De no mediar el trabajo del trabajador,  el único valor que tendríamos es el de los materiales sueltos, cada uno por su lado. Pensemos, por ejemplo, en una pelota de cuero: los hilos, el cuero, la goma y la pintura no sirven si no hay alguien que las ensamble y le dé forma de pelota a los materiales. Ahora, así formada, esa pelota está lista para ser intercambiada a un precio de 50 pesos, supongamos.

Continuando, Ricardo se dio cuenta que el trabajador no recibe el valor total que incorpora a esa pelota, recibe mucho menos, porque el dueño de la empresa tiene que obtener una ganancia, para lo cual le retribuye al trabajador mucho menos del valor que generó, es decir se queda con una diferencia entre el valor que produjo el trabajador y el salario que él recibe. Si por su trabajo el laburante incorporó valor por un precio de 500 pesos no va a recibir ese precio como salario, recibirá un precio mucho menor porque el dueño de la empresa debe quedarse con una diferencia. Así nunca podrían ser iguales el salario y el valor del producto.

Este principio de la economía trasladado al fútbol nos puede ayudar a entender el origen de la forma que adoptó el fútbol hasta hoy. Se moldeó un producto a partir de una lógica económica que terminó absorbiendo al deporte, creando un gran negocio. Transformaron al fútbol en una mercancía, y lo único que importa es que se venda, que se consuma. El fútbol tiene un valor incorporado por el juego que realizan los jugadores, el Director Técnico, etc., ya que son ellos los que tienen que trabajar para producir esa mercancía. Entonces tienen que jugar de la forma que la mercancía requiere, no como ellos desearían, tienen que adaptar “su trabajo” al producto, no pueden hacerlo de otra manera. Y ahí está el punto: no se puede separar a la mercancía -el fútbol-  del trabajo incorporado que ella tiene, pues ese trabajo le da valor, lo produce y se adapta a las demandas concurrentes en el mercado.

Contrastando eso con las palabras de Cappa, deberíamos pensar al fútbol como producto del mercado, observando la relación entre mercancía y deporte. ¿Hasta dónde esa relación se ha transformado en una asfixia del primero por sobre el segundo? ¿Hasta dónde somos capaces de seguir exigiéndole resultados a los jugadores a cambio de defenestrarlos sin interpretar, ni mirar los procesos colectivos que hay en el deporte? ¿Hasta qué punto no somos también cómplices de este sistema cuando no toleramos que un técnico pierda una seguidilla de partidos o algún torneo?

Lo que buscamos poner en debate, es que el Fútbol ha quedado absorbido por un modelo de negocios que constantemente se va renovando y muta, pero que guarda una lógica perversa en donde el negocio es la direccionalidad de todo proceso deportivo y donde la competencia es reemplazada por el objetivo único de ganar.

Mirar el fútbol desde otra óptica nos permitirá observar mucho más la belleza del deporte, nos ayudará a apreciar más el juego colectivo y el de las grandes individualidades. Deberíamos empezar a pensar el fútbol como actividad humana creativa, que desarrolla lazos de solidaridad , que nos enfrenta a grandes desafíos de la vida: aprender a ganar y también a perder.

Referencias

  1. David Harvey, Breve Historia del Neoliberalismo: pag. 49.
  2. David Harvey, idem.
  3. Ángel Cappa en lanzamiento de la colección Biblioteca Descubrir la Filosofía, EL PAÍS.

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