PARA VOS LO PEOR ES LA LIBERTAD

¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué tanto debate? ¿Por qué tanta movilización? ¿Qué hay en juego? ¿Verde? ¿Celeste?

Por Romina Contreras

Ilustrada por Melina Pérez Neira

De un tiempo a esta parte se habla bastante de la imperante necesidad que, como humanas y humanos, tenemos de clasificar cuanto objeto y/o persona se nos cruce en nuestras vidas: Mujer u Hombre; Joven o Viejo; Local o Visitante; “K” o “macrista”; la lista es interminable. Una tradición dicotómica de la que nadie se salva y que es sostenida por ser funcional a relaciones de poder que necesitan (en la misma medida) para su existencia y reproducción, un frente dominante y uno de resistencia. Es la lógica binaria que reina desde tiempos inmemorables. Sin embargo, la temática que atañe la presente nota es una excepción a la misma.

El debate que logró gran alcance en febrero pasado se trata de un reclamo histórico de los movimientos feministas, los mismos que durante décadas enarbolan la bandera por la despenalización del aborto con tres consignas muy claras:

  • educación sexual e integral para todas, todes y todos que nos permita descubrir cómo queremos experimentar y vivir nuestra sexualidad;
  • acceso libre y gratuito a métodos anticonceptivos  para disfrutar;
  • aborto legal, seguro y gratuito para decidir y no morir en el intento.

El Proyecto de Ley, que obtuvo su media sanción en Diputados el pasado 14 de Junio, fue presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (alianza federal que articula y recupera parte de la historia de las luchas desarrolladas en nuestro país en pos de dicho derecho). La apertura del debate en el Congreso de la Nación despertó una contraposición de dos posturas tajantes: quienes nos manifestamos contra el aborto clandestino que ha provocado miles de muertas y el grupo autodenominado “Pro Vida”. Pero, ¿Por qué calificar estas deliberaciones fuera de la lógica binaria que mencionamos antes? La respuesta está en que la división planteada no posee argumentación sólida, pues una de las partes sostiene su existencia sobre la negación y la desviación del centro de la discusión.

Dicho lo anterior, ¿por qué tanto alboroto?, ¿qué representa que se legalice el aborto? ¿qué significaciones denota?, ¿por qué molesta tanto a la institución religiosa y a grupos conservadores?

El aborto es una práctica que existe desde la Antigüedad: el Papiro de Ebers (uno de los tratados médicos más antiguos) en el año 1500 a.C. ya brindaba recetas para detener el embarazo en el Antiguo Egipto. El aborto era moralmente aceptado y, tal como indica Giulia Galeotti en “Historia del Aborto”, se trataba de una cuestión propia y únicamente de las mujeres. Con el tiempo, el avance de la religión en todas las esferas de la vida pública y privada, en combinación con la imposición de una estructura social y cultural donde dominaba el deseo de poblar para defender la supervivencia de los pueblos, la autonomía femenina se desvanece y la fecundidad pasa a considerarse un tipo de bendición otorgada por el Señor (hombre). El aborto era condenado y juzgado como pecado. Las percepciones sobre el mismo van y vienen a lo largo de la historia. Fue en los Siglos XVIII y XIX cuando las Legislaciones comienzan a criminalizar la detención voluntaria del embarazo: en Argentina se penaliza en 1886 con el primer Código Penal.

A pesar de ello, las mujeres (sin distinguir residencia, edad ni clase social) continuaron abortando. Sometidas a la clandestinidad y a una doble discriminación por su condición de género y su situación socioeconómica, una gran cantidad de ellas murió por no tener acceso a una interrupción en condiciones propicias.

Por consiguiente, el debate no corresponde a un “Si o No al aborto”. Esta no es más que una burda manera de negar su existencia y desfocalizar el centro de la discusión. De lo que se trata es de estar a favor o en contra de fomentar todas las medidas necesarias para prevenir embarazos no deseados; y en caso de que así no ocurra, que la decisión de abortar sea en un marco al que todas las mujeres podamos acceder sin ser juzgadas penal y moralmente por ello. Pero sobretodo, sin el temor de morir en la práctica.

Entonces, ¿por qué desviar lo que realmente se debate con esta Ley?, ¿A qué o, mejor dicho, a quién molestaría que se apruebe? ¿Por qué es tan atacada por grupos conservadores y patriarcales?

¿No será que al aprobarse la Ley, se retribuye a las Mujeres parte de la autonomía arrebatada por un sistema de opresión que gobierna hace miles de años? ¿No será que la legalización del aborto visibiliza que las Mujeres decidimos, más allá de todo intento de que así no sucediera? ¿No será que este acontecimiento afecta una de las bases más profundas del sistema patriarcal: la representación de que LAS MUJERES YA NO SOMOS TERRITORIO DE CONQUISTA?

¿No será que, para vos, lo peor es Nuestra Libertad?

 

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