“EL CAMINO LO FUIMOS APRENDIENDO”

En una semana movilizante, en medio de la lucha docente, nos tomamos una pausa para charlar sobre recientes acontecimientos: la visita de Estela de Carlotto y las partidas de Margarita y Chicha. Sus luchas y enseñanzas.

Por Sol Frasca TosettoRomina Contreras

Fotografía: Alber Piazza

A raíz de la nominación de Abuelas de Plaza de Mayo para el premio Nobel de la Paz, Estela de Carlotto (presidenta de la Asociación) ha recorrido numerosas provincias y Mendoza no fue la excepción. La convocatoria fue en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Delante de un aula magna repleta de personas -en su mayoría jóvenes-, a sus 87 años con una lucidez envidiable y la humildad que la caracteriza, aclaró que en caso de obtener dicha distinción, el reconocimiento no es para ‘Estela’ sino para Abuelas de Plaza de Mayo: “Soy una que por ahí duró más, que como fue maestra se animaba a hablar o que siempre fue más extrovertida, pero hay muchas más. Sola no hubiese logrado nada.”

En un contexto que nos precisa alertas ante la inminente amenaza que pone en riesgo derechos adquiridos tras una larga historia de luchas, uno de los mensajes más insistentes en su discurso apuntó a la importancia de agruparse, participar y trabajar en y por la unidad. “Hay que pensar que ya se agotó el golpe cívico-militar, hay otras maneras de oprimir a los pueblos. Ya no es dictadura, pero tiene olor a dictadura” dijo de manera tajante al referirse a la actual gestión de Cambiemos. “Tenemos sintonías y un gobierno muy parecido a la última dictadura. El “no te metas”, “no vayas” y los uniformados “defendiendo”, apaleando. Las Fuerzas Armadas interviniendo bajo el mismo discurso: el del enemigo interno. Van a seguir insistiendo en militarizar el país, y eso nos trae muy malos recuerdos”. A través de sus declaraciones dejó entrever que la construcción de una resistencia debe tener sus raíces y fundamentos sobre la Memoria. Éste es el único camino posible.

Nota Estela 1 (Alber)

Durante el tiempo que habló Estela, no voló una mosca. Sólo se hizo presente el respeto que inspira y alguna que otra risa cómplice entre sus comentarios. Un respeto basado en la admiración que, lejos de ser solemne e incitante al miedo, era semejante al que tienen lxs nietxs al escuchar las historias de sus abuelxs. Y ¿no es así? Quienes estábamos presentes, ¿no sentimos a ‘Las Abuelas’ como nuestras abuelas también? Es precisamente esta relación familiar, que supera lo sanguíneo, lo que rescata Estela al hablar de la organización que lleva 41 años buscando restituir la identidad de lxs niñxs secuestradxs en la última dictadura militar (hoy jóvenes de entre 38 y 42 años de edad).

Al momento de referirse a la asociación que representa, resalta que festejar la vida siempre ha sido su principal consigna. “Nuestra casa no es una oficina, es una casa de familia. No se vive la angustia de lo que pasó, se vive porque hay que hacer. Siempre hay un motivo para festejar la vida, y eso es lo que tenemos que festejar”. Incluso antes del reencuentro con Guido, su nieto recuperado en 2014, ella confiesa que el sentimiento vivido en cada ocasión que una persona restituía su identidad era totalmente compartido, sin importar a qué familia pertenecía. “Cada nieto es un nieto de todas” y su mirada de amor logró acariciar a lxs espectadorxs  movilizadxs por su relato.

“Cada nieto es un nieto de todas”. “El premio más grande es encontrar un nieto”. Las frases nos quedan resonando, dando vueltas, y automáticamente nos ubica en una semana cargada de sensaciones. Es que recientemente partieron dos guerreras: la Margarita y la Chicha.

Primero Margarita Guerrero, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo en Mendoza, que desde el 12 de Octubre de 1976 buscaba la verdad sobre lo ocurrido con su hijo Jaime Barrera Oro (aún desaparecido). Luego, María Isabel Chorobik de Mariani –Chicha– fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, quien abandonó este mundo a sus 94 años sin recibir el abrazo tan esperado de Clara Anahí, su nieta detenida y desaparecida en Noviembre de 1976. “Otros van a seguir buscándola. Aunque el mundo se termine mañana, yo plantaré mi manzano…” declaraba, dejando un reflejo fiel de lo que fue su lucha. Dos mujeres que nos enseñaron el camino a lxs jóvenes que tenemos la inmensa responsabilidad de continuar su búsqueda, tomar el guante y seguir luchando por Memoria, Verdad y Justicia.

Margarita

Pañuelos Blancos, Pañuelos Verdes.

Con la apertura del debate sobre el Proyecto de Ley por la Interrupción Voluntaria del Embarazo, el reclamo de un derecho históricamente negado a las mujeres adquirió gran visibilización. Se trata de una larga lucha por poder decidir sobre nuestros cuerpos, lucha que ha ido conquistando cada vez más adherentes y que ha establecido el verde como símbolo identitario, mediante el uso de pañuelos que han teñido de este color -en innumerables veces- a grandes y pequeñas ciudades de nuestro país.

¿Por qué pañuelos?

Existe una inevitable conexión entre éstos y aquellos pañuelos blancos que comenzaron a usar un grupo de mujeres sobre sus cabezas, a modo identitario también, en los ‘70. Madres y abuelas (muchas sin experiencia alguna en militancia) que unidas en el reclamo por el paradero de sus familiares tomaron las principales plazas de Argentina, a pesar de las leyes restrictivas de aquél entonces. En un inicio, dichos pañuelos eran las telas de los pañales que se usaban para bebés, representando así a lxs hijxs y nietxs detenidxs-desaparecidxs. Es ese mismo pañuelo el que poco tiempo después se convertiría en un símbolo de lucha y amor que recorrería el Mundo entero y resistiría a través de los años con un objetivo claro: Memoria, Verdad y Justicia.

En este sentido, la lucha de los movimientos feministas que actualmente nos interpela, tiene su razón de ser en la historia de mujeres, como estas madres y abuelas, que nos revelaron los caminos que nos permitirían conquistar derechos. He aquí la explicación de porqué la elección de los pañuelos para visibilizar el reclamo por aborto legal, seguro y gratuito no se trata de una cuestión casual, sino que pretende un reconocimiento y reivindicación a todas aquellas mujeres que hicieron posible que hoy protagonicemos esta lucha.

Tampoco es coincidencia que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, banquen y levanten el pañuelo verde en sus manos. “La cultura, la religión, la educación distinta se borraba en cuanto nos mirábamos y nos preguntábamos ‘y vos, ¿a quién tenés desaparecido?’” confesaba Estela de Carlotto. Actualmente, estas diferencias entre mujeres también se ven eliminadas al momento de reconocer que el aborto clandestino mata mujeres discriminadas social y económicamente. Víctimas de ayer y de hoy por un Estado ausente e irresponsable.

A modo de cierre, al tratar de retratar en una imagen la charla de Estela, sin dudarlo elegimos el momento en que una niña de unos 10 años se le acercó con su pañuelo verde y le preguntó si lo podía firmar. El pañuelo blanco de nuestras abuelas, el pañuelo verde de la revolución de las hijas y nietas. Pañuelos, Mujeres y espacios públicos tomados. Porque, ya sea en los ‘70 como en el 2018, maternar es político y no la decisión de unxs sobre la vida de otrxs.

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