LA PAJA INTELECTUAL

 Para una defensa de la masturbación feminista en la universidad.

Por Sol Frasca Tosetto | Ilustración: Emma Gascó

ADVERTENCIA: El siguiente artículo tiene contenido sexual explícito y es apto para todo público, o busca serlo, pero tiene un problema de disciplina, protocolo y lenguaje vulgar, pudiendo ser ofensivo para el machus académicus de la universidad.


A algunxs les habrá causado risa, a otrxs tal vez lxs irritó, otrxs pensarán que es provocativo arrancar así, o tal vez que soy una pobre piba tratando de llamar la atención. Cualquier reacción es válida y complace a esta autora.

Dudé mucho en escribir este artículo, en tomarme el tiempo que implica, por miedo a que resulte un tema “banal”. Pero después recordé dos cosas: la primera, que, si resulta insignificante para algunxs, tal vez eso reafirma la necesidad de escribir para darle más importancia, y, en segundo lugar, que recordé por qué escribo: escribo para compartir con alguien más mis preguntas y, por qué no, mis posibles respuestas. Y entonces me decido. Voy a hablar de la paja intelectual, pero para eso necesito explicar un poco más, porque, al decir de nuestro amigo de Springfield, Lionel Hutz, está la paja intelectual y la paja intelectual.

Liones hutz sol

Pajeros no, putas sí

La paja intelectual con ceño fruncido viene a ser la masturbación masculina heteronormativa (recuerde la advertencia inicial): ¿Qué sería? Aquella masturbación que empieza no tanto como expresión de deseo, sino como mandato de masculinidad: El macho se masturba, y mientras más pajas se haga, más macho es, pero ojito, no podés masturbarte con cualquier cosa, el objeto de consumo tiene que ser la mujer, para eso se facilitan unas cuantas revistas y alguna que otra porno para que veas a escondidas.

Así nacen los hijos sanos del patriarcado. Pajeros por excelencia que piensan: “a todas las mujeres les gustan los piropos, aunque les digan qué lindo culo que tenés” (1). Una paja reproductora del sistema.

En la academia, esta paja se traduce en el profesor que siente su máxima realización con la clase magistral (2). Porque en la universidad no hay nada mejor que hacer que escucharlo a él. A él y a sus fichas en blanco y negro que no han cambiado ni una coma desde los ‘90 pacá.

Él, que se sienta en un café a reírse de lxs estudiantes que fueron a rendir, porque, claro, no están a su altura, ni lo estarán nunca. Que dedica su vida a escribir “papers” que nadie leerá, o que, a lo sumo, leerán él y tres colegas más. Eso lo enorgullece, porque significa que no hay tantos como él en esta sociedad. Él, que se indigna y se llena de ira al escuchar a lxs más jóvenes hablar con la “e”, le recuerda a “Civilización y Barbarie”. Él que todo lo sabe, avalado por su “amplia trayectoria”, muy intrépido de la ponencia para afuera, pero se le pone la piel de gallina de pensar en explicarle su trabajo a alguien que no terminó la escuela.

Pajeros. Pajeros que se hacen la paja intelectual, una masturbación funcional. Pajeros que sólo buscan ser el macho alfa de una manada de lobos, al acecho para devorar a sus presas, indefensxs principiantes que deberán pagar derecho de piso con intereses, al igual que ellos en su juventud. En conclusión, qué paja todo.  

Pero también está la otra paja intelectual, la que nos dibuja una sonrisa pícara en el rostro: la paja feminista. La masturbación feminista que surge de romper mandatos. Aquella que después de años de agachar la cabeza decidió largar todo y empezar a meter mano. Es la paja que libera, que gime, que moja, que calienta. La que nos convierte en putas: sí, en putas indeseables pero deseadas, en mujeres atrevidas por atreverse a tener deseo sexual, putas insumisas, que se rebelan contra la sociedad.

Feminismo solEsta es la paja intelectual que necesita la academia, traducida en nuestros escritos, nuestros debates, nuestros encuentros, nuestros congresos, nuestras clases. No digo que escribir un paper esté mal. Digo que dejemos de escribirlo para alimentar un ego personal, papers que sólo buscan ser parte del sistema. Escribamos los papers que desafíen, que pongan en jaque a esa academia que al día de hoy sigue posicionándose como “neutra”. Escribamos ponencias que desafíen la autoridad, esto no significa irnos de la academia, todo lo contrario, significa provocarla, adentrarnos, atrincherarnos, darla vuelta.

Démonos la posibilidad de excitarnos, de no poder controlar lo que nos pasa. Y sí, eso le cuesta a la “Academia”, si lo único que la excita es el control, si para muchxs el experimento dentro de un laboratorio es la demostración más acabada de ciencia. No vamos contra el laboratorio, pero queremos ir mucho más allá. Que la pasión y la lujuria sean parte cotidiana de nuestro quehacer científico, y en eso, permitirnos aprender, enseñar, investigar, hacer de múltiples formas. Es abandonar el dualismo cartesiano que tomó el guante de la Modernidad. Pensar-hacer-sentir-vivenciar como un conjunto que tiene más fronteras que límites. Toquemos el clítoris de la Academia: la producción por puro placer.

Deconstruyendo la academia

El problema es que lo único que le ha excitado a la “Academia” hasta ahora es el control, vigilar y castigar. Qué se dice, cómo se dice, que sean pocos los ojos que lean, los oídos que escuchen y, sobre todo, las bocas que hablen. La masturbación feminista quiere revolucionar las bocas y los dedos. Que nuestros dedos se atrevan a tocar de forma políticamente incorrecta, que nuestras bocas griten, giman, laman, saboreen, gocen. Para esto es necesario deconstruir la “Academia”. Sí, todo vamos a deconstruir. Deconstruir los cimientos de la universidad que se alza sobre la división social del trabajo: los que piensan, y lxs que hacen.

Para esto, retomaremos al fiel y confiable Antonio Gramsci. El italiano le dedicó una parte importante de su obra a lxs intelectualxs. Sin ánimo de ofender a quienes conocen más del tema, voy a utilizar parte de su obra como puntapié. Es importante resaltar el hecho de que para él todxs somos intelectualxs, el concepto de “no intelectual” no existe, el hecho es que no todo el mundo tiene en la sociedad la función de intelectual.

Resalto eso, porque parte de la deconstrucción que planteamos tiene que ver con repensar cómo se construye el conocimiento. Si todxs somos intelectualxs, significa que todxs producimos conocimiento. El tema acá es, no solo decirlo en un congreso porque suena bonito, sino, llevarlo adelante en nuestra práctica académica. Es decir, si para que las mujeres avancemos los varones tienen que ceder sus privilegios, para que otros conocimientos ocupen lugar, el encorsetado universitario tiene que ceder.

Gramsci nos dice que “El modo de ser del nuevo intelectual no puede consistir ya en la elocuencia como motor externo y momentáneo de afectos y pasiones, sino en enlazarse activamente en la vida práctica como constructor, organizador y persuasor constante -pero no por orador- (…) de la técnica-trabajo se llega a la técnica-ciencia y a la concepción humanística-histórica sin la cual se es ‘especialista’, pero no se es ‘dirigente’ (especialista y político)” (3).

Así, con mucho descaro me animo a decir, contra lxs intelectuales orgánicxs, que la necesidad de crear un nuevo tipo de intelectual va de la mano de la exploración de la masturbación feminista, antes mencionada. Podríamos decir entonces que lo que más necesitamos son intelectuales orgásmicxs.

Feminismo

Traduciendo un poco, nuestro pajero intelectual se parece bastante al “especialista” que menciona Gramsci, un elocuente de la academia cuyo fin suele ser masturbarse para reafirmar su lugar de académico distante del resto de los mortales, para agigantar un currículum, para competir entre sus pares.

Y, por otro lado, del clítoris académico debe nacer la nueva ciencia. Pero no hay que ser ilusxs (porque eso sería faltarle el respeto al autor recientemente citado), ese nacimiento va ser con gritos, con llantos, con temores y dolores, no será fácil, pero vamos a hacer que nazca, y para eso vamos a tener que disputar la academia. Por eso necesitamos “intelectuales orgásmicxs” que sean dirigentes. Que salgan a disputar la hegemonía construida, que construyan y fortalezcan trincheras de saber contra-hegemónico.

Esa batalla ya empezó, como suele ser, en la calle. La ola verde es el gran ejemplo de disputa para los tiempos que corren. Y así como se logró la despenalización social del aborto, como antesala de la ley, debemos trabajar para conseguir la despenalización de la paja feminista en la academia.

Escribir desde los ovarios con los ovarios bien puesto, resucitar las lenguas de nuestras madres y abuelas que fueron quemadas en la hoguera de los ancestros pajeros, escribir y leernos, liberarnos del falocentrismo académico que nos hace creer que las ciencias tienen padres cuando todo empieza con el vientre materno. Animarnos a excitarnos, permitir hablar de nuestros cuerpos y nuestros deseos, hacer ciencia sin olvidarnos que, si no transforma, es vano el conocimiento. Avisarles a los pajeros que, si no se suben a la ola, la ola se los lleva puestos.

Referencias

  1. Otro chiste desubicado de Macri (20 de diciembre de 2017) Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/83977-otro-chiste-desubicado-de-macri
  2. Aclaro, que a lo largo de la nota, cuando me refiera a formas de opresión, me referiré a los sujetos que las ejercen en masculino. Cuando no, utilizaré la “x” como símbolo de visibilización de sujetxs subalternxs.
  3. Gramsci, A. (1949) La Formación de los Intelectuales. En Cuadernos de la Cárcel. Recuperado de: https://sociologia1unpsjb.files.wordpress.com/2008/03/gramsci-formacion-intelectuales.pdf

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