2045: EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD

En referencia a la Teoría Posthumanista, sus desafíos y debates.

Por Nelson Scariot

Para el futurista e ingeniero mecánico, José Luis Cordeiro, los avances científicos y tecnológicos llevarán a la inmortalidad a la humanidad a partir del año 2045. Según la afirmación de este optimista venezolano, deberíamos intentar sobrevivir los próximos 27 años para ser inmortales. Sean cautos con el estilo de vida que llevan, pueden perderse la interesante posibilidad de ser eternos.

Si bien lo dicho por Cordeiro parece disparatado e inalcanzable por la realidad que viven millones de personas en la actualidad (me refiero a gente cuya preocupación primordial no es ser inmortales, sino pagar la boleta de gas o luz) muchos científicos enmarcados en la teoría posthumanista avalan lo afirmado por el ingeniero venezolano. Lo avalan no en cuanto a la fecha determinada, arbitrariamente, por el ingeniero Cordeiro, pero sí en lo referido a la inmortalidad del ser humano. Sintetizando, esta teoría plantea un superhumano que podrá prolongar su vida sin deteriorar su cuerpo; construir su organismo a voluntad; clonarse y tener un control total sobre sus emociones.

Unos de los principales exponentes de la teoría posthumanista, Raymond Kurzweil, es mucho más medido en cuanto a afirmar que la humanidad logre la eternidad. El director de ingeniería de Google, anticipa que entre hoy al 2050 los avances tecnológicos serán tan exponenciales que los progresos en medicina permitirán a las personas ampliar su esperanza de vida y mejorar su calidad. Según el científico, mucho tiene que ver en esto la nanomedicina, que permitirá que microscópicas máquinas ingresen a nuestros cuerpos y reparen diferentes tipos de daños a nivel celular.

Si bien Kurzweil anticipa que el ser humano alargará sus años de vida, evita hablar de eternidad. Y hace bien en no utilizar este término. Es innegable que la ciencia y la tecnología alargarán y expandirán la existencia humana, pero no nos harán eternos. Hay ciertas reglas físicas que no se deben olvidar.

El corazón del sistema solar es, por supuesto, el Sol. Y cuando deje de funcionar también lo dejarán de hacer sus órganos: entre ellos, la Tierra. Es donde habita la humanidad y sus pretensiones de eternidad. Cuando se desmorone este mundo, nos caeremos con él. Igualmente, falta mucho para que esta estrella se apague. Según la revista “Live Sciencia” el proceso de extinción del Sol se iniciará dentro de unos 7000 a 8000 millones de años. Son demasiados años como para no pensar que a esa altura la humanidad no haya encontrado otro lugar habitable en donde vivir. Es imposible saberlo. Pero seguro no será una tarea fácil encontrar una galaxia con las condiciones necesarias para prolongar nuestra existencia (o lo que queda de ella).

Otra afirmación alucinante y, por supuesto, cuestionable de Kurzweil es que las personas podremos vivir en la virtualidad. De acuerdo al ingeniero, las personas podrá “subir” su mente a una computadora. Sí, al mejor estilo Matrix o Black Mirror. Nuestra vida sería la más parecida a la de un videojuego. Se trata de una visión utópica o distópica donde el sujeto virtual crearía su mundo a imagen y semejanza. En este universo virtual las posibilidades serían infinitas, donde el límite sería la imaginación.

Dada la posibilidad de transferir nuestra conciencia a una memoria, da la sensación de que estamos más cerca de la eternidad. Pero como afirmamos antes, tan solo se trata de una sensación de eternidad. Claro, podríamos imaginar que nuestra mente habite en un mundo virtual por décadas, sin sufrir el paso del tiempo. Allí, en la dimensión virtual, nos podríamos reconstruir, reconfigurar y resetear. Aunque, no hay que olvidar que lo virtual se encuentra anclado a lo material. Si lo material deja de existir, también lo hará lo virtual. Si la persona muere, su conciencia también lo hace. Si la máquina cibernética desaparece, también lo hará su correlato virtual. Lo virtual depende del mundo físico, no puede existir por su propia cuenta.

Tampoco se debe descartar la posibilidad de una fuerte tormenta geomagnética que destruya, parcial o totalmente, los aparatos electrónicos que utilizamos a diario. Una tormenta solar produce partículas energéticas que penetran el campo magnético de la Tierra afectando los componentes electrónicos de los satélites que orbitan nuestro mundo. De esta forma, ante este fenómeno natural nuestro paraíso virtual y nuestro “yo virtual” quedarían interrumpidos o destruidos por las leyes físicas. Es una batalla que lo virtual nunca podrá ganar, su dependencia física-material.

Ahora bien, parece difícil pensar en la eternidad de la humanidad. Pero, no podemos negar que las personas cada vez viven más años. Según estudios determinados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad las personas viven en promedio más de 70 años. Por supuesto esto varía según la región geográfica. Por ejemplo, en Europa la esperanza de vida es cercana a los 80 años. Lo relevante es que a principios de siglo XX las personas vivían en promedio unos 60 años. Mientras que a principios del siglo XIX la esperanza de vida era de 30 a 40 años. Los avances científicos nos están permitiendo vivir por más tiempo. Pero… ¿Para qué vivir más, por qué ser inmortales?

Para responder a estas preguntas tendremos en cuenta dos posturas contrapuestas. La primera es la de nuestro amigo “pro-inmortalidad”, el señor Cordeiro. El futurista que puso fecha para nuestra inmortalidad. En una entrevista dada al sitio web catalán “El Periódico”, Cordeiro explicó la razón de por qué ser eternos: “El objetivo no es alargar la vejez eternamente, sino vivir jóvenes por tiempo indefinido, y esto será posible gracias a las investigaciones de rejuvenecimiento celular que ya se están probando. No se trata de extender la vida, sino de expandirla. En un futuro no muy lejano, el ser humano tendrá capacidades que hoy ni sospechamos”.

El ingeniero mecánico habla de “expandir la vida”. Con esto se refiere a tener experiencias ilimitadas: conocer cada rincón del mundo; viajar a otros planetas; ser artista, abogado, medallista olímpico; quién sabe, en el universo de los anhelos todo es posible.

Por otra parte, nos encontramos con una postura crítica y, si se quiere, un tanto más realista. Es la del filósofo italiano Franco Berardi, en su libro “Fenomenología del Fin”. Para él, el proyecto posthumanista plantea un problemática existencial: “Tan solo imaginemos la infinita tristeza de esas mentes decrépitas contenidas en cuerpos ágiles y de apariencia joven”, afirma el filósofo en su libro. Claro, qué asegura que vivir más años es inversamente proporcional a ser “más feliz”.

Si bien determinar qué es la felicidad o si de hecho existe un estado de felicidad, es un debate filosófico interminable. Resulta ingenuo pensar que ser inmortales nos hará “más felices”. Seguramente, tendremos más vivencias y conocimientos de las que tuvieron nuestros ancestros. Posiblemente, disfrutaremos de más episodios de éxtasis. La pregunta es: la inmortalidad, ¿es una puerta hacia la libertad o una cárcel para nuestra mente y alma? ¿No nos cansaremos de repetir una y otra vez experiencias que nos provocan una sensación idéntica? No parece descabellado afirmar que la eternidad nos podría encerrar en un círculo interminable y redundante de éxtasis sin sentido. La opción sería formatear nuestra mente y volver a empezar. Es aquí donde nos encontraríamos en el círculo del que hablamos. Nos transformaríamos en autómatas inconscientes protagonizando una película repetida.

Además, existen otras posturas críticas, desde un punto de vistas político-económico, sobre la posibilidad de prolongar nuestras vidas. Muchos intelectuales, incluido Berardi, consideran que vivir más años significa trabajar más. De hecho, muchos países han impulsado elevar la edad de jubilación. Entonces, podemos pensar que prolongar nuestros años de existencia implica prolongar nuestra alienación a la maquinaria financiera. Vivir más tiempo y con buena salud para ser más productivos y consumir todo lo que se pueda

Igualmente, la teoría posthumanista no plantea que la humanidad, tal y como la conocemos hoy, será inmortal. No. De hecho, la inmortalidad llegaría una vez finalizada la humanidad. De ahí el nombre de esta teoría: posthumanista, es decir, después de la humanidad. Lo que formula esta teoría es que el homo-sapiens, a partir de los desarrollos científicos y tecnológicos, evolucionará hacia un ser superior: el cyborg.

Se trata de un híbrido entre hombre y máquina. Un ser física e intelectualmente superior al homo-sapiens, que pueda adaptarse a cualquier entorno y así vivir por tiempo indeterminado. Es importante aclarar esto, porque, en caso de lograr ese anhelo de eternidad de los posthumanista, no sería la humanidad en sí misma quien alcanzaría la inmortalidad. En todo caso, lo lograría un ser artificial con desechos de materia orgánica

Pero los posthumanistas también vaticinan otro ser superior al homo-sapiens, hablamos de los seres virtuales o digitales. Aquí nos encontramos frente a copias digitales de alguna materia orgánica, que alguna vez tuvo consciencia, habitando en un universo virtual. Un ser sin historia y modificable navegando en una dimensión atemporal e inmaterial. Por supuesto, este ser digital no tendría nada que ver con el ser humano. Se trataría de un ícono vagando ante las determinaciones de un algoritmo omnipotente.

Entonces, la rimbombante afirmación de Cordeiro parece estar llena de contradicciones y preguntas cuyas respuestas parecen ser difíciles de responder, al menos hoy. Pero bueno, liberemos nuestra imaginación y prejuicios como lo hace él. Y contestemos el siguiente interrogante: ¿estamos dispuestos a sacrificar nuestro lado humano para ser inmortales? Y, ¿valdrá la pena ser inmortal?

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