LA FEMINIZACIÓN DE AMÉRICA

“La cultura mestiza que la capital encarna”

Marcia Quirilao Quiñinao, mapuche.

Por Nadya Marún

Encuentro entre Kusch y el feminismo del Abya-Yala una profunda conexión Latinoamérica, que me invita a repensarme desde mis raíces. Nuestra mente mestiza se mueve entre el -estar- propio de nuestros orígenes precolombinos y el -ser- producto de la colonización. 

Mis abuelos vivían en el campo, a menudo trabajaban la tierra, mi madre vivió parte de su infancia trabajando de ese modo también. Volver a esos lugares significa para mi un gran cambio, en torno a cómo está conformada mi manera de pensar, el pasar de la tierra a la universidad, lo percibo como una barrera entre lo que soy y lo que debería estar haciendo.

Reivindicar el caos, la intuición y el hedor de aquello que no está contaminado por la ciudad ni por la imperiosa necesidad de querer teorizar y calificar todo, es uno de los mayores desafíos para mí como estudiante.

Kusch en “América Profunda” nos dice que pensar en América, a menudo, nos remite al rostro de un indio que debe ser lavado. Sin discernir, yo diría que América es también el cuerpo de una mujer india o campesina, doblemente feminizada, por su procedencia y por sus genitales. Cuerpo que ha sido violado, oprimido y emasculado por la colonización, por la historia oficial, por la metrópolis y por el capitalismo.

Ésta figura femenina no ataña a las mujeres nada más, sino que también al conjunto; Los pueblos originarios han sido feminizados, en lo individual se les ha despojado de su condición de sujetxs plenxs, convirtiéndolxs en una mujer social, incompletxs, débiles, sometidxs. En la discursiva y la teoría, se lxs ha reducidx a objeto de estudio y cuando no, a excepciones.

La ciudad oprime y explota al campo, como los países desarrollados a los en ‘’vías de’’, como el varón hacia la mujer y al resto de las identidades disidentes y no binarias.  A través de la modernidad se lo separa al individuo del colectivo al que pertenece y se lo constituye como sujeto propietario, patrón/dueño de una unidad de producción llamada familia, donde quienes no tienen derechos y no son remuneradas, pese a sostener la producción, son las mujeres. Para lograrlo se niega el origen opresor, esto sucede tanto con las mujeres a nivel familiar, como con el campesinado, a quienes se les imponen conceptos de emancipación elaborados por la élite. Dentro de esos conceptos se encuentra el ‘’ser’’, en comunión con ideales de progreso y civilización, propios del Positivismo, con el fin de construir sujetos disciplinados y ‘’exitosos’’ que sean funcionales a un sistema que, mediante la explotación económica de mujeres, niñxs y pueblos latinoamericanos, se ha constituido como ‘’dominante’’, excluyendo de él a quienes no se adaptan a su proyecto individualista y sangriento de producción.

Pensar en América Latina implica hacerlo desde un lugar marginalizado, visto como lo otro, es así que antes de poder definirnos como sociedad, nos catalogaron aquellxs que escribieron la historia como caóticxs, bajo su percepción y no la nuestra. Ellxs los civilizadxs, nosotrxs lxs bárbarxs, barbarie que para la academia resulta nula y aterradora.

Encuentro entre lxs marginadxs y la mujer (como sujeto político) una conjunción, vista desde los que defienden con uñas y dientes el orden, como una animalidad a derrotar. Hay en esa búsqueda de ‘’orden’’, un profundo odio hacia lo hediento, hacia la emancipación y libertad de quienes ellxs consideran inferiores, con el que justifican la desaparición forzada de pueblos enteros, de genocidios racistas y de femicidios.

La oposición entre el hedor y la pulcritud, la vemos en América Latina con la intensa represión a idolatrías a través de la colonización y en la Edad Media, con Europa derrotando movilizaciones campesinas, cercando tierras comunales, persiguiendo a pobres que ‘’invadían’’ caminos y ciudades, y por supuesto criminalizando a mujeres, convirtiéndolas en máquinas de reproducción, cuidadoras, brujas, putas, infanticidas y cuando no sexualizadas, sometidas a definición, sujeción y control, para ser expulsadas de toda racionalidad.

Es por ello que hay en el estar propio de las mujeres latinoamericanas, una subyugación deveniente del patriarcado, el sistema colonial, el capitalismo y en menor medida del feminismo hegemónico occidental, un movimiento propio de mujeres blancas que genera verdades universales sin sustento, y pasa por alto los pensares y sentires propios de cada tierra.

Los feminismos comunitarios a menudo se distancian de los feminismos eurocéntricos/occidentales, por ser demasiados teóricos y no tomar en cuenta a mujeres indígenas y afrodescendientes, hay en esa separación una reivindicación a la intuición y la forma sentipensante de actuar, de la que se desprende una lucha inconmensurable por defender el territorio cuerpo y el territorio tierra. Los feminismos de Abya-Ayala rechazan ‘’el ser’’ impuesto por el hombre blanco, colono y heterosexuado, como así también los reduccionismos a los que incurren al imponer sus saberes de forma hegemónica, impidiendo así un diálogo entre diferentes conocimientos.

En la negación del pensamiento popular hay una conexión entre los pueblos oprimidos y las mujeres, donde descolonizar y despatriarcalizar las palabras ‘’desarrollo’’, ‘’progreso’’ y ‘’orden’’, nos llevaría a separarnos teóricamente de nuestros verdugos, con el fin de constituir nuestro continente desde su historia negada, reivindicándolo a partir de sus orígenes como comunitario, popular, colectivo y feminista, utilizando la feminización de América como una herramienta vindicadora de poder, fundamental para un territorio que ha sido saqueado, subalternizado y mutilado, por aquellos que se autodenominan ‘’países desarrollados’’.

Como afirman las mujeres xinkas en su declaración política de feministas comunitarias:

  • En resistencia y lucha permanente contra todas las formas de opresión patriarcal originaria y occidental, que se quiera manifestar en contra de nuestro primer territorio-cuerpo.
  • En resistencia y lucha permanente contra todas las formas de opresión capitalista patriarcal, que continúan con la amenaza del saqueo de minería de metales en la montaña y nuestros territorios, y contra todas las formas de neo saqueo transnacional.
  • Contra todas las formas de colonialismo que arremeten contra las mujeres en lo íntimo, privado y público, por lo cual asumimos acciones que, desde lo individual y colectivo, fortalezcan la descolonización de cuerpos y territorios.
  • En acción permanente para afianzar la despatriarcalización de nuestro territorio cuerpo y territorio tierra, sin lo cual, es incoherente la descolonización de los pueblos.

 

Mujeres xinkas feministas comunitarias.

¡En recuperación y defensa de nuestro territorio-cuerpo-tierra!

¡Despatriarcalizando el territorio cuerpo-tierra!

¡Descolonizando nuestro territorio cuerpo-tierra!

¡Porque sin despatriarcalización, no hay descolonización!

 

La presente es la Declaración política de La Asociación IDIE mujeres indígenas de Santa María Xalapán-Amismaxaj, miembras del Sector de Mujeres de Mesoamericanas en resistencia y de la Marcha Mundial de Mujeres, escrita en Altepet, el 12 de octubre de 2011.

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