PARADOJAS FEMINISTAS: DEL TRABAJO REPRODUCTIVO A LA PRECARIZACIÓN LABORAL

¿Cuáles son las nuevas problemáticas que se han abierto a partir de la revolución reproductiva?

Por María José Valdez*

Una versión de este texto fue publicada en Va Con Firma

La efervescencia de un nuevo feminismo que se manifiesta en el seno de nuestras sociedades, avanza desde hace años con fuerza inusitada. El creciente número de organizaciones feministas, la transversalidad del tópico en diversos colectivos sociales, las masivas movilizaciones internacionales de mujeres, las magníficas oleadas en pos de la legalización del aborto en Argentina, la persistencia de pañuelos verdes decorando mochilas en la vía pública, son claras muestras de este fenómeno de época.

Si el discurso en pos de la igualdad de género y diversidad se propaga como nunca antes a lo largo y a lo ancho de la esfera pública; cabe preguntarnos: ¿cuáles son los factores que posibilitan la emergencia de dicho fenómeno?, ¿qué hace que se generalice cada vez más?, ¿por qué su creciente adhesión hubiese sido impensada en otros tiempos? Las siguientes reflexiones giran en torno al cambio demográfico como un factor para comprender las transformaciones culturales que conciernen a las relaciones de género en nuestras sociedades.  

Nuevas corrientes demográficas han detectado un cambio radical en el seno de la población humana, que da cuenta de un salto cualitativo en la eficiencia con que se reproducen las poblaciones. Las mismas entienden que dicha eficiencia es mayor cuanto menor es la cantidad de nacimientos necesarios para mantener un volumen determinado de población, relacionándose directamente con la cantidad de años promedio que viven las nuevas generaciones. A este hecho demográfico distintivo se le ha dado el nombre de revolución reproductiva. Este enfoque, contrario a las miradas fatalistas que dramatizan la disminución de la natalidad y el envejecimiento de las poblaciones, brinda una mirada positiva respecto del fenómeno. Sus implicancias sociales, políticas y hasta económicas son de profundos alcances. Tomaremos algunas.

Investigaciones revelan que nuestras abuelas, pero sobre todo las madres de estas y sus ascendientes mujeres, invertían la mayor parte de su (breve) vida adulta entre embarazos, lactancia y crianza. Estaban exceptuadas aquellas mujeres que no lograban parir o las que tenían el estatus suficiente para delegar dichas tareas. Sin embargo, hoy una de las implicancias de este cambio demográfico es el declive del trabajo reproductivo. En el capitalismo la “reproducción” es uno de los cuatro sectores productivos (el primero en productividad), junto a la agricultura, la industria y los servicios. La eficiencia reproductiva ha provocado un proceso de corrimiento de la población femenina -como mano de obra-, hacia otros sectores de la producción.

eb7040455db34807a349f0d574aef314La condición previa para la aceptación de métodos anticonceptivos, -y para que el Estado haga menos concesiones religiosas-, en gran medida, lo ha posibilitado esta eficiencia demográfica. Las mujeres deciden cuándo, cuántos y si tener o no hijos/as y las sociedades en sí pueden permitírselo. De lo contrario, vistas exclusivamente como fuerza de trabajo reproductiva, las instituciones tendrían un control y una vigilancia más estrictos sobre nuestros cuerpos, propios de otras épocas.

También la revolución reproductiva erosiona al patriarcado, ya que existe un deterioro de su fundamento material. La división social del trabajo reproductivo no tiene hoy los mismos efectos sobre los ciclos vitales. La importancia de la división social del trabajo es menor producto de la reducción de la fecundidad, pero también de las innovaciones tecnológicas que facilitan el trabajo doméstico a cualquier persona. Por otra parte, se suma el aumento (lento) del trabajo reproductivo realizado por hombres.

Otra consecuencia para esta corriente, es la progresiva privatización de la sexualidad, que a lo largo de la historia ha sido sometida a diferentes controles sociales por parte de la familia y del Estado. Al reducirse la intensidad procreadora, erosiona el poder político de la familia en relación con el Estado. Crece la autonomía personal, a la vez que progresivamente se separa la sexualidad de la reproducción, provocando también transformaciones en la primera. Un efecto adicional es que el trabajo reproductivo se está redistribuyendo. Tanto abuelas como abuelos (por supuesto, más ellas que ellos) son “soportes” cada vez más importantes tanto en los cuidados, la crianza, así como en las mantenciones domésticas y económicas.

Estos cambios han permitido que las mujeres podamos liberarnos parcialmente de nuestras sujeción ancestral a roles exclusivamente reproductivos. De esta manera, la eficiencia reproductiva posibilita un escenario social y cultural más propenso para reformular viejas relaciones de género, aquellas que predestinan los roles femeninos, que nos excluyen de la escena pública y condenan a la dependencia económica. Sin embargo, no todas son rosas.

3bf7f407be02c95bdea97616cf76d5b7La revolución reproductiva abre camino a la feminización de la esfera pública. Ámbitos económicos, culturales, políticos y sociales han ido receptando cada vez a más mujeres. Este factor ha sido importante en la reconfiguración del mundo laboral, pero ha provocado resistencia y barreras, sobre todo en el ámbito masculino. Aunque la precarización laboral es propia del mercado en la posmodernidad, las mujeres junto a los migrantes y a los jóvenes, somos los que más sufrimos la falta de oportunidades, las condiciones de inestabilidad económica, la degradación de derechos y las malas remuneraciones en el mercado de trabajo. Que las mujeres hayamos salido de nuestros hogares no ha sido buena noticia para las y los defensores (conscientes o no) de prácticas patriarcales y machistas. Muchos hombres se resisten a que lugares que han sentido suyos “naturalmente”, se feminicen. Tampoco faltan mujeres identificadas con la defensa de esos viejos privilegios.

Tanto la resistencia, la exclusión, como la violencia que reflejan muchos sectores sociales, es en el fondo la fobia hacia las mujeres fuera del ámbito doméstico. En términos lacanianos, nos vivencian como la amenaza al goce masculino, un monstruo que ha venido a reclamar eso que otros sentían como propio.

Si bien es sumamente valioso que las mujeres estemos ganando lo público, lo lamentable es que se nos somete a una doble explotación. Seguimos teniendo el peso de las responsabilidades tanto domésticas como reproductivas más allá de las personas “auxiliares” que “nos asisten”. Trabajamos tanto en la casa como afuera. Adentro, nuestro trabajo no es remunerado, y afuera no sólo se nos precariza, sino que además, nos cuesta más que a los hombres acceder a buenas remuneraciones.

Para otras líneas quedan las reflexiones en torno a la obscena utilización que el mercado laboral hace del avance femenino en lo público, sobre todo las grandes empresas multinacionales con sus promociones para la incorporación de mujeres en sus filas, con la pretensión de bajar costos laborales ante el creciente ingreso de un ejército de reserva “precarizable”, que desde la lógica de mercado “toleraría” más tareas y exigencias laborales, por estar acostumbrado a la sobre explotación.

143d4b55f77acbccafbd9488bd1fcafcEl nuevo feminismo ha asumido la enorme tarea histórica de denunciar la constante violencia sexual y los femicidios, las violencias simbólicas y psicológicas, así como la necesaria soberanía sobre nuestros cuerpos. Pero las implicancias de la revolución reproductiva requieren también de reglas de juego inclusivas y dignas en el acceso a lo público. Trabajos bien remunerados, diversos reconocimientos de nuestras labores varias y que no se nos precarice ni se precarice a nadie con nuestro avance. Que hayamos sido mano de obra exclusivamente reproductiva ad honorem, no significa que hoy nos conformemos con salarios basuras. Las mujeres también aspiramos a ocupar lugares de toma de decisiones en las estructuras institucionales. Queremos ser parte de lo público, que nos dejen intervenir en igualdad de condiciones y que estas sean óptimas para todas y todos.

Fuentes utilizadas:

MACLNNES, J.; PÉREZ DÍAZ, J. (2008). “La tercera revolución de la modernidad, la revolución reproductiva”. REIS, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, nº 122, Centro de Investigaciones Sociológicas, España.

TORRADO, S. (2007). “Transición de la fecundidad. Los hijos ¿cuántos? ¿cuándo?”, en: Torrado, S. (comp.), Población y Bienestar en Argentina del Primero al Segundo Centenario. Una historia social del siglo XX, Tomo I, Editorial EDHASA, Buenos Aires.

MINOLDO, S. (2012). “La revolución reproductiva”. Apuntes de demografía. CSIC. Departamento de Población IEGD. https://apuntesdedemografia.com/2012/03/12/sintesis-de-la-teoria-de-la-revolucion-reproductiva/

 

*La autora es estudiante de sociología y militante. Banca fuerte a García Linera pero asegura que Spinetta está antes que todxs lxs demás.

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