LA VENDA, CUERPO A CUERPO

“Siendo tan ultrajante a la humanidad, el que permanezcan en la esclavitud habitantes de las provincias unidas del Río de La Plata; sean considerados libres los nacidos desde el 31 de Enero en adelante” (Fragmento del Decreto de la Asamblea General Constituyente. Buenos Aires 2 de febrero, 1813).

Por Valen Zangrandi*

La trata de personas implica el engaño, reclutamiento, transporte y explotación de una persona con fines sexuales, trabajo forzoso o alguna otra práctica análoga a la esclavitud, determinando la violación completa de sus Derechos Humanos. Por lo general, quienes llevan adelante estas redes aprovechan situaciones de alta vulnerabilidad socioeconómica y/o relacionada con la condición de migrante de la víctima. Por otro lado, esta situación se encuentra atravesada por una cuestión de género, dado que afecta particularmente a mujeres, niñas y adolescentes.

Con el tiempo se logró su visibilización y por consiguiente fue posible impulsar diversos mecanismos para su efectiva sanción y así poder individualizar a quienes pretenden lucrar con la vida de miles de mujeres. Sin embargo, esto no quiere decir que las redes de trata hayan desaparecido por completo, ya que este fenómeno aún existe en diversos puntos del mundo.

Quienes organizan y dirigen las redes, en su gran mayoría, poseen cierto poder dentro de la sociedad ya sea político o económico. Esto trae como consecuencia que en determinados casos se produzca una lamentable disparidad en los números: las sentencias judiciales referidas a hechos de trata con fines de explotación sexual son menores a su real proporción.

Al respecto, podemos tomar como ejemplo la causa de María de los Ángeles Verón, joven tucumana, quien fuera secuestrada en la esquina de su casa en la mañana del 3 de abril de 2002, a sus 23 años de edad. En aquel momento, su hija Micaela tenía 3 años. A pesar del tiempo y del desgaste que la situación implica, Susana Trimarco nunca bajó los brazos en la búsqueda de su hija y en reiteradas ocasiones dejó en evidencia la complicidad de un Poder Judicial de estructura corporativista y connivente con las redes tratantes.

En lo que respecta a los colaboradores de esta red, una de las mayores responsabilidades recae sobre los clientes, hombres de la sociedad que saben de la esclavitud y se mueven como si no fuesen el engranaje clave del negocio, como si no fuesen también culpables. Pero en el juego de las complicidades todavía no se cierra el círculo, porque en la cadena de la explotación sexual al eslabón de los que pagan se le enlaza el eslabón de los que saben y callan.

Tema, éste último, que se encuentra vinculado directamente con el concepto de naturalización, es decir,  cuando determinada situación, conducta, actividad o discurso se vuelve parte de nuestra vida cotidiana y al ser tolerado somos incapaces de cuestionarlo provocando que se siga sosteniendo en la cotidianidad.

Un ejemplo de esto ocurre cuando la sociedad circundante naturaliza que en barrios existan prostíbulos con mujeres (en algunos casos, menores de edad) que se encuentran en contra de su voluntad y sin embargo no se denuncia; o incluso cuando hay conciencia de que determinados miembros del cuerpo policial son cómplices, siendo un engranaje fundamental en la red.

Mientras tanto, en este escenario las víctimas siguen expuestas con explotadores libres. En cuanto a las mujeres que logran escapar del circuito de explotación sexual, se trata de víctimas que al haber sido violadas sistemáticamente, golpeadas y obligadas a vivir en condiciones indignas su recuperación se vuelve difícil de transitar.

Cuando se cae en una red de trata de personas con fines sexuales, se nos esconde como si fuéramos una mercancía. Consecuencia propia del sistema capitalista en el cual nos encontramos inmersas y que está presente en la construcción de nuestras identidades. El capitalismo es el actual sistema económico que se basa en el principio de acumulación. Este principio rector debe ser conjugado con el concepto de mercado, mercadería y consumo. Al igual que el concepto de dominio y de explotación que son los medios y los elementos constituyentes de este sistema.

En esta lógica, las personas son incluidas dentro del cálculo económico como ganancia o posibilidad de acumulación, ya sea como mercado-cliente, como hacedor de productos o como mercadería. En síntesis, la trata de personas es consustancial con el sistema capitalista, el cual colabora con su mantenimiento y económicamente resulta ser un negocio.

La paradoja del mundo globalizado actual es que mientras que algunas personas son impedidas en su libre tránsito en busca de mejores condiciones de vida, para otras personas convertidas en mercadería no existen fronteras. De los 32 mil millones de dólares que origina la trata de personas, aproximadamente el 85% corresponde a la explotación sexual. También se estima que anualmente alrededor de 500 mil mujeres son sometidas mediante trata en los mercados europeos de prostitución y según datos de UNICEF más de 12 millones de niñas y niños en el mundo son prostituidos por estas redes.

Se ha confirmado el aumento en el número de mujeres sudafricanas víctimas de prostitución en distintos países del Este de Asia, así como mujeres provenientes de China, Tailandia o Rusia explotadas en Sudáfrica. En cuanto a los países asiáticos, Hong Kong, es primeramente una zona de tránsito hacia China u otros puntos de la región y también es un importante centro receptor, pues se estima que cada año aproximadamente 20 mil mujeres y niñas son tratadas con fines de explotación sexual. Medio Oriente, Líbano, Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos son reconocidos como puntos de tránsito y destino para la trata de mujeres provenientes de Asia y África.

En América Latina se calcula que entre 700 mil y 2 millones de personas son víctimas de trata por año, la que es motivada por demanda interna e internacional. Los centros más activos de captación están localizados principalmente en Brasil, Surinam, Colombia, Chile, Uruguay, Perú, República Dominicana y las Antillas, y más recientemente en México, Argentina, Ecuador y Perú. Las regiones de América Central y el Caribe experimentan un creciente tráfico y trata de mujeres, niñas y niños para explotación sexual.

Desde estos países son llevadas hacia los centros de distribución ubicados en Estados Unidos, Israel, Japón y  países europeos como España, Grecia, Alemania, Bélgica y Holanda. Se estima que en España alrededor del 70% de las víctimas son mujeres provenientes de América Latina.

En Japón, cada año por lo menos 1.700 mujeres de Latinoamérica y el Caribe son tratadas como esclavas sexuales; incluso, otros estudios mencionan que alrededor de 3.000 mujeres mexicanas ejercen la prostitución en ese país luego de ser reclutadas por redes de tratantes. Entre los países más afectados de Latinoamérica se encuentran Colombia y República Dominicana: entre 50 mil dominicanas y 70 mil colombianas son explotadas por las redes de Estados Unidos, Europa, Asia y Japón.

Chile se presenta como país de destino para un 40% de mujeres argentinas, 37% mujeres uruguayas, 25% oriundas de Perú, 24% de mujeres colombianas, 18% venezolanas, 15% de mujeres provenientes de China y un 12% de dominicanas, brasileñas y ecuatorianas.

Argentina es parte de un circuito internacional, mujeres paraguayas son traídas a nuestro país, y mujeres argentinas son llevadas a Chile, Bolivia, Colombia y España. Hay rutas internas en la trata de mujeres y niñas destinadas a la prostitución. Salta, Jujuy, Chaco, Catamarca y sobre todo Misiones son los principales proveedores de menores para la prostitución. Son las provincias donde se captan y reclutan con más facilidad a las jóvenes y niñas que luego son llevadas a diferentes puntos del país. Las rutas más conocidas son: de Misiones a Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y al sur del país; de Tucumán a La Rioja, de Chaco y Santa Fe a Córdoba, y de todo el noroeste a Chubut.

A partir de las alarmantes cifras, urge la necesidad de bregar por un país libre de explotación sexual. Por todas aquellas vidas robadas y sus sueños que se desvanecieron, por todas las que no pueden salir de la jaula y por las que aún no pueden olvidarse de lo dura que es la vida, a veces, mientras dura.

*La autora es estudiante de la Facultad de Derecho y escritora por hobby. Cree que Mendoza, entre enigmas voraces y montañas, esconde historias autenticas y que transmitirlas es un placer inmenso.

 

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