JOUSKA

Por Florencia Fradín

Llegaste y te sacaste las zapatillas sucias, llenas de nieve y sueños rotos.

Te acobijaste en mi pecho, un abrazo bastó para abrigarte, para abrigarme, para abrigarnos.

El fuego, las galletas, el café caliente y la leche tibia, azúcar al alma que languidece.

La televisión apagada, el long player encendido, caricias al son de un vals,¿O era un blues? Tal vez, no sé, la música la hacíamos nosotros.

Tal vez me ahogué en tu adios, quizás me quedaron los besos en la boca y las palabras en la garganta y la miel de los recuerdos se secó en ese invierno en el que, después de una vida, decidiste marchar hacia nuevos horizontes, buscando la felicidad, buscándote.

Me queda la memoria, quizás deba dejar de buscarte en los ojos de mis amantes que, sin éxito, buscan ponerle una bandita al hoyo que dejó un asteroide.

 

Europa te sienta bien. París es tu casa, tu lugar en el mundo, donde siempre perteneciste. Siempre voy a desear que tu corazón descanse en otro pecho que te acoja y te dé calor.

 

Espero que te ilumines como un pino la mañana del 25 de diciembre.

 

Yo.

 

 

Foto por Matthew Hamilton en Unsplash