ELLA ¿YA GANÓ?

Por Lautaro Baez

“Pasaron cosas”

El anuncio de Cristina llega en un momento profundamente delicado para el macrismo. A la crisis económica, indiscutible toda vez que el presidente del Banco Central festeje una inflación de “sólo” el 3,4% mientras cae el salario real, se le suman las presiones internas, los enfrentamientos explícitos entre compañeros y una realidad cada vez más tangible: no se vive de posverdad.

Puertas adentro, la escalada de conflictos parece una espiral ascendente difícil de contener. Si para muestra sobra un botón, los insultos de Carrió a Massot en público y el pedido de “reformulación” de Cambiemos realizado por Cornejo debieran bastar. Pero los problemas del oficialismo no terminan ahí. Las explicaciones de cara a la sociedad, que en otro contexto podrían haber sido altamente eficaces, hoy pierden credibilidad. En este sentido, si en algún momento el “se robaron todo” caló hondo en las subjetividades hoy es imposible pretender que “uno no devalúa sino que el mercado te lleva a situaciones de devaluación” (Peña dixit) sin pagar al menos una parte del costo de semejante cinismo.

Con ese escenario como trasfondo, Cambiemos encuentra ahora nuevos obstáculos. Ejecutar el plan V, desplazarse hacia el pejotismo de Schiaretti/Urtubey, ir a unas PASO con la UCR o sostener a Macri contra viento y marea. Son todas alternativas posibles, con pros y contras, pero con la necesidad urgente de definiciones.

El río más ancho

Las especulaciones están a la orden del dia. En ese marco, y con más dudas que certezas, el que apuesta al pronóstico pierde. Sin embargo, nos atrevemos a esbozar algunas ideas. En primer lugar, y quizás lo más importante, el giro de ayer es mucho más que una estrategia electoralista. El llamado a reconstruir el país en caso de una victoria no es un slogan de campaña, es una realidad urgente que necesita respuestas rápidas e inteligentes. Si bien no estamos ante una crisis como la del 2001, seguir el rumbo de Cambiemos nos garantiza un desenlace original pero similar más temprano que tarde. Enfrentar estos desafíos, el problema de la pobreza, la recuperación del salario, la negociación con el FMI y la reconstrucción del tejido social y el aparato productivo será una tarea imposible si antes no se logran consensos amplios y, aunque parezca imposible, profundos. Evitamos explícitamente aquí el diagnóstico anticipado, la fórmula Fernandez-Fernandez no modera ni radicaliza por sí misma, dependerá del protagonismo y el espacio que adquieran los sectores populares en el hipotético nuevo gobierno

En segundo lugar, algunos analistas entienden  que con esta jugada Cristina busca polarizar aún más la elección. El argumento es simple, tanto CFK como Macri están intentado vaciar Alternativa Federal, disputándose principalmente los votos que pudiera aportar Sergio Massa, quizás el único candidato de ese espacio que no rechaza el diálogo con el kirchnerismo. El problema de esta perspectiva es, evidentemente, que el rol que ocupará Alberto Fernández dentro de la alianza asesta un golpe ¿mortal? al par dicotómico K o M y, al mismo tiempo, espanta el fantasma del “control tras las sombras” propio del binomio Scioli-Zanini.

En línea con lo anterior, sugerimos otra forma de representar “la ancha avenida del medio”. La grieta, más que grieta, parece ser un río ancho y profundo. Cerrarlo es imposible, así como saltarlo, pero llegar al otro lado no. En definitiva, la superación de la grieta es por adentro, y llega solo el que sabe nadar. En ese sentido, Cristina parece haber tomado nota de la experiencia post 2015 y la fuerte derrota del 2017. Hoy, en pleno ascenso de su candidatura, elige dar un paso hacia atrás en pos de un nuevo modelo y nuevas alianzas, y principalmente, en pos de romper con una concepción política a la cual el macrismo supo sacarle mucho mas redito politico. Si “Con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede” este nuevo rol parece ser un lugar adecuado para articular nuevos consensos.

Todos los partidos hay que jugarlos

La coyuntura parece del todo desfavorable para Cambiemos. Cristina desacomodó la estantería y generó un escenario distinto al que cualquiera podía esperarse de cara a las elecciones. Esto es una realidad, pero la realidad no es tan simple. Por eso, conviene llamar la atención sobre los peligros de algunos diagnósticos apresurados. Principalmente, Macri no ha perdido, como sugieren algunos, a su principal enemigo de campaña. La figura de CFK sigue ahí, y por tanto siguen ahí las referencias archiconocidas del relato de Cambiemos. Basta mirar la columna de los principales periodistas de La Nación, cuyos análisis no logran (¿porque no quieren?) ir ni un poco más allá de la corte K, las causas y, cuando no, el alineamiento con la política bolivariana. No caben dudas, el enemigo seguirá siendo el Kirchnerismo, y el eje de campaña la polarización. La incógnita en realidad es de qué manera. Punto aparte para el insolito comentario de Pagni, quien ve en los anuncios de Cristina una estabilización de los mercados y por tanto un error de timing en favor de Mauricio Macri. ¿Pueden unos meses de estabilidad cambiaria significar algo al lado de casi 4 años sin un solo logro que exhibir o se trata solo de una afirmación en medio del desconcierto?

Por lo pronto, el oficialismo ha demostrado en las últimas elecciones ser un mejor lector de las demandas electorales del conjunto de la población (aunque después no haya resuelto ninguna), sagacidad que le ha permitido obtener buenos desempeños electorales. Este no es un dato menor; quienes crean que la elección ya está decidida revise cuáles fueron las expectativas de años anteriores. Si hay un espacio que se adapta a cualquier estrategia de campaña, ese es Cambiemos. No los subestimemos.