MOLESTAR PARA RESISTIR

Molestemos como lo hizo Marielle Franco.

Por Romina Contreras

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Se acerca el 1° de Junio, fecha institucionalizada como “El día del Sociólogo” (a lo que le agregaríamos lenguaje inclusivo) según la Resolución Nº 55/2002, publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina. La misma se celebra en homenaje a la primera cátedra de Sociología en el país, dictada en el año 1899, por el Dr. Antonio Dellepiane. Más allá de los datos oficiales, es de público conocimiento que Revista Desconexión está conformada por estudiantes y graduades en Sociología, y la conmemoración, en este caso será utilizada como una oportunidad más para la reflexión.

En este sentido, la excusa son las declaraciones de Jair Bolsonaro a fines de abril, quien a través de su cuenta oficial de Twitter, comunicó que el Ministerio de Educación analiza descentralizar la inversión en carreras como Filosofía y Sociología con el objetivo de focalizar en áreas que generen un retorno inmediato al contribuyente. Sinceramente, no nos sorprenden sus declaraciones, sabemos bien cuáles son las características del gobierno brasileño, incluso dicha medida es una de sus promesas de campaña. Lo que sí resuena es su particular mención a sólo dos de las ciencias sociales como ejemplo. ¿Por qué utilizar los reducidos caracteres que habilita Twitter para traer a colación estas disciplinas específicas? ¿Por qué nombrarlas en el post y compararlas con otras tres ciencias que, según su concepción mercantilista, son más redituables? ¿Qué simbolizan? ¿Cómo se conformó parte de esa concepción?. Es importante aclarar que nos enfocaremos principalmente en la Sociología, por ser la ciencia que nos compete directamente.

Tras los dichos del actual presidente de Brasil, la Red Argentina de Carreras de Sociología hizo público su enérgico rechazo. El comunicado reclama que estos actores políticos ignoran los aportes realizados por la Sociología, en particular, y por las ciencias sociales y humanas, en general; y alerta sobre el peligro que significan estas declaraciones para el sistema educativo y para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, discrepamos con parte del argumento. Entendemos que existen diversos indicios históricos que señalan que es precisamente el conocimiento -y no la ignorancia- de las contribuciones que generan estas ciencias la causa que promueve esta reducción de inversiones que viene desde tiempos anteriores. Sin ir más lejos, la Sociología se encuentra en los listados de carreras que representaban un foco subversivo para los regímenes dictatoriales que irrumpieron en América Latina en la segunda mitad del siglo pasado. Con esta referencia y en este contexto, ¿qué era lo “subversivo”? ¿cómo se lo reconocía?

Subversiva era toda aquella persona que tuviera participación en cualquier grupo u organización con eje en la protesta social, ya sea de carácter obrero, universitario, estudiantil, religioso y/o intelectual, entre otros. En el Prólogo del Nunca Más (CONADEP, 1984), se les refiere de la siguiente manera:

“Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esos amigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura”.

Lo “subversivo” era una construcción poco delimitada utilizada por el aparato represivo, que fue instalada, principalmente, mediante el uso y control de los medios de comunicación. Se trataba de una idea que permitía justificar la violencia estatal que se estaba llevando a cabo de manera sistemática.

Sí la Sociología entraba en esta clasificación como “subversiva”, es porque se consideraba que tenía las herramientas para Subvertir el orden que se pretendía naturalizar a través del terror en aquellos años, sobre todo en nuestro país. Es por esta razón, insistimos, por el real conocimiento de lo que podía y puede producir su estudio y práctica comprometida, lo que condujo a que la Sociología fuera censurada. El temor a que su práctica contribuyera a desarrollar y extender pensamiento crítico que pudiera poner en tela de juicio todo la planificación sistemática que estaba en marcha, fue lo que llevó a los represores a la necesidad de prohibirla.

Desde esta perspectiva, ¿no es este mismo temor lo que lleva a reducir cada vez más los presupuestos en investigación y estudios en Sociología, específicamente, y en las Ciencias Sociales, en general? Según datos aportados por el CONICET, en los últimos tres años se ha provocado una reducción del 50% en la carreras de investigadores, mientras que el área más afectada es el de las Ciencias Sociales y Humanidades. Sólo se aceptaron un 17% de los proyectos doctorales que se presentaron en 2018 para ingresar como becarios a la carrera de investigación en este 2019, dejando afuera a más de 2100 investigadores que deberán buscar vacantes en otras instituciones nacionales o extranjeras para iniciar o continuar su carrera.

El hecho de que vivamos en democracia, tanto en Brasil como en Argentina, no podría concebir la idea de censurar una disciplina científica. Pero los sistemas neoliberales que gobiernan aquí y allá, sí pueden ahorcar presupuestariamente la carrera. Pueden restarle inversión y cerrarla por la baja matrícula que posee en comparación con otras carreras con mayor inversión, y por ende mayor difusión (sin olvidar que nos encontramos dentro de un contexto que ya de por sí se caracteriza por los ajustes en Ciencia y Educación). De la misma manera, estos gobiernos pueden argumentar con su lógica funcional al mercado que estas ciencias no son redituables, que poco le aportan a quienes con sus impuestos contribuyen a que la educación sea pública, tal como lo ha hecho el actual presidente brasileño.

Pero quienes decidimos estudiar y militar la Sociología desde una posición de compromiso social, bien sabemos que nuestro campo de conocimiento tiene las herramientas para cuestionar ese orden neoliberal que hoy nos gobierna, para interrogar esta desigualdad social tan naturalizada, tan justificada en la opinión pública moldeada. La Sociología tiene las herramientas para comprender fenómenos sociales y así transformar. Y así, en interdisciplinariedad con otras ciencias sociales, subvertir. He aquí que creemos encontrar la razón (o parte de ella) de por qué tanto interés en restar inversión, en no promover casi su difusión, en no dar disponibilidad ni presupuesto para proyectos sociales y de investigación. Es esto lo que tanto le molesta a la derecha que busca perpetuar su poder en América Latina: que no naturalizamos sus privilegios.

Cursando el ingreso de la carrera (allá por el 1800) hubo una frase que siempre quedó dando vueltas: “La Sociología es una Ciencia que molesta”. Pues sigamos en esta dirección, que si molestamos es porque no nos conformamos ni damos el brazo a torcer. Molestemos como lo hizo Marielle Franco: socióloga, concejala negra, pobre y feminista, defensora de los Derechos Humanos en Brasil; cuyo asesinato aún sigue impune, pero su lucha permanece latente en las calles. Profundicemos este camino, aún con las múltiples falencias que pueda tener. Continuemos porque si a quienes molestamos representan y encarnan la derecha del ajuste y la represión, qué bien nos quepa la Subversión.

Molestemos para poder resistir.

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