LACLAU, RETÓRICA Y POLÍTICA

Por Sebastián Barrera

El siguiente artículo se propone como una lectura aclaratoria de un teórico político postmarxista de lectura obligatoria y que, además, es argentino, así que pónganse las pilas y banquen la industria nacional. 

Ernesto Laclau plantea que la política, como articulación de relaciones hegemónicas, tiene fundamentos retóricos. Paremos la pelota: algunas aclaraciones. En una sociedad cualquiera, hay demandas sociales que distintos grupos impulsan con el objetivo principal de satisfacer cierta problemática que enfrentan, como por ejemplo, el gremio docente pidiendo un aumento salarial, o las organizaciones ecologistas demandando determinadas políticas de control a la emisión de desechos tóxicos. 

Ernesto-Laclau 2Una relación hegemónica se constituye cuando estas demandas diferenciales que, a primera vista, nada tienen que ver unas con otras (docentes con ecologistas, o feministas con pueblos originarios, y demás) superan su particularidad para enunciarse como cadena de equivalencias en la medida en que todas representan una ausencia, algo que falta y que consideran necesario. Por ejemplo, paros de actividad por aumentos salariales de un gremio, movilizaciones por mejoras en las condiciones laborales de otro y reclamos por reincorporación de trabajadores despedidos de un tercero, pueden articularse en una cadena equivalencial como representando la “mejora en las condiciones de vida de los trabajadores”. Esta mejora en las condiciones de vida es una ausencia encarnada por estas luchas particulares que se secuencian como eslabones.

Hasta ahora tenemos que en la sociedad se producen demandas que pueden tener un carácter bifacético: particulares y equivalentes. Digo pueden porque, efectivamente, es posible un escenario en el que una demanda es formulada y atendida. Si, por caso, ante un grupo de vecinos pidiendo una pavimentación, la municipalidad efectúa la medida solicitada, la demanda es desarticulada y, por lo tanto, no se inscribe en ninguna equivalencia. 

Sabemos también que las demandas que se articulan en esta cadena lo hacen como encarnando una ausencia, es decir, enuncian una falta en el sistema vigente. Ejemplos clásicos podrían ser el orden, la justicia, la igualdad, la seguridad, entre otros. Intervienen en este proceso dos lógicas diferentes y siempre en tensión: la de la diferencia y la de la equivalencia, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué tipo de relación mantienen estas en la articulación de una relación hegemónica? 

La equivalencial subvierte, altera, la identidad diferencial de cada eslabón de la cadena, de cada demanda particular. Volviendo a nuestro ejemplo: la demanda salarial pasa a estar inscripta en la “mejora en las condiciones de vida de los trabajadores”. Pero tampoco sucede que la identidad particular de la demanda que conforma la cadena se pierde completamente en la equivalencia, sino que la lógica de la diferencia resiste y queda siempre un residuo de su especificidad, residuo que limita también la expansión infinita de eslabones. Sigamos con el ejemplo: si el aumento salarial pasa a formar parte de la encarnación de la ausencia “mejora en las condiciones de vida de los trabajadores”, entonces una nueva demanda particular como la disminución salarial de los trabajadores para abaratar costos empresarios, fomentar la inversión y crear nuevos empleos, no puede acoplarse a la equivalencia sin complicaciones. Vemos, entonces, cómo el residuo diferencial de las demandas limita la expansión y proporciona cierto contenido positivo a la ausencia que es representada en la cadena equivalencial.

Una vez aclaradas estas lógicas que, para Laclau, constituyen los fundamentos de la hegemonía, e incluso de la política como tal, pasemos al plato fuerte. Así que, si queda alguien leyendo, háganse un café y ármense de paciencia.

Ernesto Laclau 3Hasta ahora veníamos hablando de una ausencia encarnada en demandas particulares, esto ausente lo ejemplificamos con las nociones de orden, seguridad, justicia, igualdad, entre otras. En los términos de Laclau, estos son significantes vacíos, es decir, significantes sin un significado determinado. La existencia de significantes vacíos es la condición de posibilidad para la articulación de una relación hegemónica, ya que, como dijimos, justamente ésta es posible cuando demandas particulares asumen la representación de una ausencia, de un significante sin significado. Pero esta representación tiene que ser siempre contingente en la medida en que ninguna demanda específica está llamada, a priori, a investir el lugar de la ausencia. El hecho de que una demanda particular represente el significante vacío en lugar de otra depende, enteramente, del carácter desnivelado de lo social, es decir, que determinadas demandas, en ciertos contextos, son más capaces de investir la ausencia que otras.    

Aquí justamente se juega lo auténticamente político, como capacidad de determinados grupos de asumir la representación hegemónica (de significar, aunque provisoriamente) de un significante vacío. Si el par significante-significado estuviera cerrado, es decir, que un significante y un significado estuvieran necesariamente relacionados, no habría lugar para la relación hegemónica, no habría espacio para la política. Por ejemplo, si la justicia, como significante no vacío, estuviera necesariamente asociada a pleno empleo, entonces no habría lugar para el enfrentamiento constitutivo de lo político. Ahora, si entendemos la justicia como significante vacío, sin un significado necesariamente asociado, entendemos cómo puede ser que aparezca la disputa obvia entre distintos grupos por significar: algunos pensarán en pleno empleo, otros en términos más meritocráticos, y así infinitamente. Sin significantes vacíos no habría política. 

Entendimos, entonces, que la existencia de estos significantes es la condición de posibilidad de una relación hegemónica y, consecuentemente, de la política. Entendimos también que la encarnación de un significante vacío en una demanda particular es siempre contingente en la medida en que no hay relación de necesidad entre estos términos: de aquí sostenemos que la significación de la ausencia es constitutivamente inadecuada y está siempre en disputa. A partir de estas conclusiones que nos aporta Laclau estamos en condiciones de comprender por qué podemos encontrar en discursos políticos de lo más variados, de izquierda a derecha, la utilización de los mismos significantes pero dotados de una significación diferente: el bienestar del pueblo de Biondini no es el bienestar del pueblo de, qué sé yo… Del Caño, ponele.

Ernesto Laclau

Decíamos al comienzo que la hegemonía, y su correlato, la política, tienen fundamentos retóricos. Quisiera hacer un breve comentario más sobre esta afirmación. En tanto la sociedad está conformada por heterogeneidades, es decir, por elementos diversos que efectúan demandas diferentes, y la relación hegemónica se inaugura con la institución de una cadena equivalencial que reúne estas diferencias como encarnando un significante vacío cuya representación es siempre, como dijimos, contingente e inadecuada, podemos decir que esta encarnación consiste en hacer de la demanda particular la expresión de algo distinto a sí misma. Una vez más volvamos al ejemplo de la “mejora en las condiciones de vida de los trabajadores”. Una demanda particular, como un aumento salarial sectorial, cuando se articula en cadena como representación del significante vacío, cede parte de su identidad en este investimento: ahora es una demanda por la mejora en las condiciones de vida de los trabajadores. Esta relación de representación es retórica porque se sirve de tropos, fundamentalmente de la metáfora, metonimia y catacresis, cuya función principal es ir más allá del sentido literal. Este desplazamiento, del significado literal a uno figurativo, es lo específico de esta lógica de equivalencia que hace posible una relación hegemónica. 

Podríamos esquematizar el aporte de Laclau como una actualización doctrinaria necesaria, cuyos primeros pasos dio Gramsci, para el marxismo en dirección al reconocimiento de la heterogeneidad inherente a las sociedades modernas, y a la recuperación de la política como momento de articulación de relaciones hegemónicas en torno a la representación de significantes vacíos, otorgándole centralidad en la constitución de grupos diversos con auténtico potencial transformador.

 

Sobre el autor:

Sebastián es estudiante de ciencias políticas. Le apasiona la filosofía aunque prefiere escribir sobre arte. Esta es su segunda nota en Desconexión, así que ya podemos decir: amigo de la casa.