NUESTRAS VIDAS TIENEN VALOR, NUESTROS CUERPOS NO TIENEN PRECIO

Por Carla Cantoro

Ayer se conmemoró el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas, ya que el 23 de septiembre de 1913 fue promulgada la primera ley en el mundo contra la prostitución infantil. Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de trata de personas?

¿Qué es la trata? Principales características

En Argentina, en 2008, se sancionó la Ley 26.364: De prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas (conocida como “Ley de trata”). De acuerdo a esta Ley “se entiende por trata de personas el ofrecimiento, la captación, el traslado, la recepción o acogida de personas con fines de explotación, ya sea dentro del territorio nacional, como desde o hacia otros países”

La trata de personas puede existir con distintos fines: explotación laboral, extracción forzosa o ilegítima de órganos, o explotación sexual (prostitución, matrimonio forzoso o pornografía infantil). Sin embargo, es importante aclarar, el 87% de la trata está destinada al sometimiento a prostitución de sus víctimas (preferentemente niñas, adolescentes y adultas jóvenes: 90%) (1). 

Si bien la prostitución no es lo mismo que trata, muchas veces se las entiende como sinónimos. Es imposible desvincularlas, en primer lugar porque, como acabamos de mencionar, la mayor parte de la trata está destinada al negocio de la prostitución. Pero además, casi la totalidad de las mujeres en situación de prostitución proviene de la trata: según un estudio exploratorio de Organización Integral para las Migraciones, en España representan el 90% y en el Cono Sur, 95% o más (2). 

Trata 3

Una parte importante de la trata es la captación. Existen distintas formas, las más comunes son el engaño a través de ofertas laborales falsas, o varones que se hacen pasar por enamorados para iniciar una relación con una mujer y engañarla para captarla. Sin embargo, para romper algunos mitos, es clave saber que para que haya trata no es necesario que existan secuestros o grandes mafias. Es común que las mujeres o niñas sean prostituidas por sus propios padres, parejas, vecinos, etc, y eso también es trata. Es decir, en la prostitución existe trata siempre que haya explotación sexual de parte de un tercero (llamado proxeneta, fiolo, cafisho), sea con o sin secuestro, con o sin captación, con o sin traslado. 

Una de las estrategias más comunes por parte del proxenetismo es lo que las sobrevivientes llaman el adiestramiento, que consiste en el uso de drogas para “adormecer”, la manipulación de los tratantes, las amenazas a las mujeres y a sus familias y la tortura física y psicológica: golpes, insultos, amenazas, violaciones reiteradas.

Las secuelas de esta cadena de torturas son muchas. Estudios internacionales demuestran que las mujeres/niñas/trans prostituidas sufren los mismos traumas emocionales que los veteranos de guerra y las víctimas de tortura. Las mujeres sometidas a prostitución corren 40 veces más riesgo de ser asesinadas que el resto de la población femenina (3): teniendo en cuenta que hay casi un femicidio por día, este número es altísimo y normalmente las mujeres prostituidas no entran en los registros de femicidios. Es por eso que muchas mujeres y trans que logran salir de la prostitución se nombran a sí mismas como sobrevivientes.

Ley de trata y rol del Estado

La Ley de Trata contempla y establece sanciones a toda la cadena de complicidad que hace a la trata de personas, y establece además medidas de prevención y de asistencia a las víctimas. En 2011 fue modificada por la 26.842. En esta modificación, entre otras cosas, se aumentaron algunas penas a los responsables y se quitó el consentimiento de la víctima como argumento para eximirlos de las mismas, lo cual generó mucha polémica incluso dentro del movimiento de mujeres. Sin embargo, esta modificación fue clave ya que muchas veces las víctimas de trata, bajo amenaza o miedo, declaraban que consentían la relación con sus proxenetas, lo cual era un obstáculo para la persecusión de los tratantes. Y sobre todo porque el hecho de “consentir” una relación de explotación sexual no quita el hecho de que los/as explotadores (que en la mayoría de los casos son varones) estén cometiendo un delito, o mejor dicho atentando contra los derechos humanos. Lo que define si en la prostitución existe trata o no, no es el consentimiento, sino la existencia de explotación.

Lo más importante a aclarar es que en Argentina NO es delito el ejercicio de la prostitución, ni para esta ley ni para ninguna. Es decir, prostituirse no es un delito en nuestro país. Lo que es delito es explotar la prostitución ajena. Sin embargo, en algunas provincias, como la nuestra, los códigos de faltas en algunos de sus artículos criminalizan la prostitución callejera específicamente, y bajo esta normativa persiguen y encarcelan a las prostitutas de la calle. Es por esto que las sobrevivientes junto a distintas organizaciones de mujeres vienen exigiendo la derogación de dichos artículos hace años.

Sumado a esto, el Estado no cumple con las obligaciones planteadas por la Ley de trata. Es entonces donde las sobrevivientes hablan de Estado Proxeneta, es decir, el Estado como cómplice de las redes de trata, de las que muchos de sus funcionarios se benefician, se enriquecen e incluso consumen. En relación directa con esto, el Estado se limita a ofrecer algunas políticas de asistencia (y muchas veces ni siquiera), que no sólo no permiten que las mujeres/niñas/trans salgan de la situación de explotación sexual, sino que las hacen permanecer ahí, para encima perseguirlas, criminalizarlas, estigmatizarlas y violentarlas aún más.

El Estado es proxeneta porque la justicia, la policía y muchos de los funcionarios se benefician de la existencia de la trata, porque no cumple con muchas de las obligaciones planteadas por las leyes y tratados internacionales referidos al tema, y porque no plantea ninguna política que siquiera cuestione a los consumidores de prostitución (éstos son invisibilizados y protegidos), pero en cambio sí aplica políticas de control y persecusión a las personas prostituidas.

Trata 1

La trata y la prostitución están directamente relacionadas con distintas situaciones de vulnerabilidad. Es decir, los sectores oprimidos son los principales afectados y propensos a caer en dichas redes. En primer lugar las mujeres, más aún las niñas o adolescentes, también las trans; más aún si son de clase trabajadora y viven en condiciones de pobreza o desempleo, y más aún si son migrantes. Es por esto que las políticas de ajuste y feminización de la pobreza que afectan principalmente a estos sectores, generan condiciones mucho más favorables para la existencia de explotación sexual. Es decir, sin una estructura patriarcal y capitalista, no existiría la prostitución ni la trata.

Las redes de trata en Argentina y en el mundo movilizan millones de dólares, siendo uno de los negocios ilegales más importantes del mundo, junto con el tráfico de armas y el narcotráfico. Entonces, si la mayor parte de la prostitución es bajo explotación o trata, y si la mayor parte de la trata es para la prostitución, y esto constituye uno de los negocios ilegales más importantes del mundo, debemos preguntarnos si realmente cabe en nuestra lucha feminista, antipatriarcal y anticapitalista la defensa, regulación o sostenimiento de la prostitución (la más antigua institución patriarcal) en alguna de sus formas. Lejos de cuestionar las decisiones individuales, sino por el contrario, poniendo en cuestión uno de los mayores mercados del mundo, sostenido por los Estados patriarcales y capitalistas hace siglos, que operan día a día independientemente de las decisiones individuales de cada mujer.

Los invisibles

Los realmente invisibles en toda esta historia son y han sido siempre los varones en su rol de “consumidores”. Son casi nulas las veces que a la hora de hablar de prostitución o trata se menciona a los “clientes”, o, mejor dicho, los prostituyentes o puteros, como los llaman las sobrevivientes.

La prostitución forma parte de un mercado sexual hecho por y para los varones, que les garantiza mujeres, niñas y trans a su disposición las 24 horas del día para consumir sexualmente, para satisfacer sus deseos (cualquier deseo) a cambio de unos pesos. La satisfacción de esos deseos va a estar siempre garantizada por el mercado sexual. Esto significa que aunque existiesen mujeres o trans con posibilidad de rechazarlos, el mercado va a tener en oferta a otras mujeres/niñas/trans que no puedan decir que no.

Esto se ve fomentado por la industria pornográfica, en la que también se explota sexualmente a miles de mujeres, niñas y trans todos los días para el consumo y placer de los varones. No está de más decir que en muchas páginas pornográficas lo más buscado es violación, y sobre todo violación infantil, y que sumado a esto el consumo de pornografía es iniciado por los varones desde cada vez más chicos.

Cuestionar el consumo de los varones (que son la gran mayoría de los consumidores), implica cuestionar la sexualidad masculina en general. La sexualidad de los varones considerada irrefrenable, incontrolable, que debe ser satisfecha como sea y a costa de quien sea.  La sexualidad donde todo se puede comprar. La sexualidad en la que el placer masculino está en violar, someter, torturar. La sexualidad en la que no importa el deseo de las mujeres, sino, en el mejor de los casos, el consentimiento. El consentimiento utilizado desde los inicios de la modernidad como argumento para legitimar las relaciones sociales de opresión y desigualdad, bajo la ilusión de un supuesto contrato “entre libres e iguales”, que no hizo más que garantizar el poder de unos sobre otros (o mejor dicho sobre otras). 

Trata 2

Implica también romper con el mito de que los varones que consumen prostitución lo hacen porque (por diversos motivos) no consiguen parejas sexuales. Primero y principal porque eso no es razón para que existan mujeres/niñas/trans en venta obligadas a satisfacerlos, y segundo porque, como ya lo dijo Juan Carlos Volnovich en su libro “Ir de Putas”, la gran mayoría de los varones que consumen prostitución son casados o están en pareja, y lo que más placer les genera es el ejercicio de poder sobre la prostituta. Esto puede fácilmente verse en los foros donde los varones cuentan sus experiencias cuando “van de putas”, en las que se evidencia que son completamente conscientes de que las mujeres no sienten deseos de mantener ningún tipo de contacto con ellos.

Desafíos de la lucha contra la trata

Luchar contra la trata implica inevitablemente luchar contra el sistema prostituyente. En el feminismo existen profundos debates respecto a este tema. Una posición que considera que la prostitución es un trabajo que puede ejercerse de manera autónoma y libre, y busca reglamentarla como tal; y otra posición que busca abolir el sistema prostituyente que concede a los varones el derecho de vender y consumir cuerpos como mercancía.

Cabe preguntarnos entonces de qué manera la regulación de la prostitución como trabajo ayudaría a combatir la trata de personas, siendo que en los países donde se ha reglamentado ha sucedido exactamente lo contrario (4). 

Cabe preguntarnos de qué pensamos que va a ser el cupo laboral que tanto exigimos para mujeres y trans si reglamentan la prostitución como trabajo, favoreciendo al Estado que va a engordar sus datos de empleo manteniendo a las mismas de siempre en las esquinas y prostíbulos.

Cabe también preguntarnos si el hecho de asemejar la explotación sexual, que implica inevitablemente la violación y abuso sexual, con cualquier otro tipo de explotación laboral, no es un reflejo más de la naturalización de la cultura de la violación.

Cabe preguntarles a los varones si van a seguir sosteniendo un modelo de sexualidad miserable que implique la tortura y la violación de mujeres/niñas/trans, sea por medio del contacto directo o disfrutandolo a través de una pantalla. Ya las sobrevivientes hablan de “violación consentida”, o de “penes picana” cuando relatan sus experiencias de tortura en la prostitución. Es fundamental que entiendan que para nosotras no es realmente urgente ni prioritario que aprendan a llorar o abrazarse, sino que lo que nos urge es que dejen de violarnos, torturarnos y matarnos, sea con o sin dinero de por medio.

Cabe preguntarnos qué pasa con las miles de mujeres, niñas y trans que no pueden elegir y no tienen otra opción que la prostitución. Qué pasa con las que realmente no tienen la opción de negarse a las exigencias y condiciones de los puteros porque si no, no comen o las matan. Qué posibilidad de negociación tenemos las mujeres en un sistema patriarcal, y en particular las prostitutas en un sistema en el que “el cliente siempre tiene la razón”.

Cabe preguntarnos si queremos que el Estado garantice la regulación del derecho más antiguo y patriarcal de los varones, o si vamos a exigirle que deje de perseguirnos, hambrearnos y condenarnos a la violación paga de la que ellos mismos se enriquecen.

Cabe preguntarnos a nosotras, las feministas, cuándo vamos a escuchar lo que las sobrevivientes nos están diciendo a gritos. Cuándo vamos a escuchar y leer a Sonia Sánchez, a Alika Kinan, a Delia Escudilla, a las compañeras de AMADH, que lo vivieron en sus propios cuerpos. Cuándo vamos a escuchar sus voces, tapadas por AMMAR CTA que recorre provincias, canales y universidades, con el cuento del “trabajo sexual” mientras tienen tres procesadas por proxenetismo defendidas por toda su dirigencia. Procesadas gracias al valor de las sobrevivientes que se animaron a denunciar y declarar la tortura y explotación que vivían de parte de sus supuestas “compañeras” en el supuesto “sindicato”.

Cabe preguntarnos de qué consentimiento hablamos cuando no somos ni libres ni iguales a los varones. Preguntarnos con urgencia cuándo vamos a dejar el paradigma del consentimiento, que nos pone en un lugar pasivo de responder al deseo de otro, para pasar a hablar de nuestros deseos. Cuándo vamos a dejar de ser objeto de deseo, para empezar a entendernos como sujetas de deseo. 

Cabe también preguntarnos a nosotras si queremos construir un feminismo que verdaderamente cuestione la industria mundial del sexo y el poder que ejercen los varones sobre nosotras, que realmente cuestione a quienes sostienen el sistema prostituyente, o si nos vamos a reducir a las supuestas libres elecciones individuales que tanto le gustan al neoliberalismo. Preguntarnos si realmente puede alguna de nosotras ser libre, mientras no lo seamos todas.

Referencias:

  1. Dato extraído del libro “Se trata de Nosotras”, Editora Las Juanas.
  2. Dato extraído del libro “Se trata de Nosotras”, Editora Las Juanas.
  3. Dato extraído del libro “Se trata de Nosotras”, Editora Las Juanas.
  4. Esto lo desarrolla Sheyla Jeffreys en “La industria de la vagina”, y puede verse también en estos dos artículos: La prostitución en debate; El modelo alemán está creando el infierno en la tierra.

 

Sobre la autora:

Carla será formalmente socióloga en breve, cuando la tesis se lo permita. Mientras tanto es militante, feminista y jugadora de fútbol todo terreno.