EN ESPAÑA NADIE ES ESPAÑOL

Por Sol Romero

Imágenes: Gastón Moya Rollán (GMR Fotografía)

España, una monarquía parlamentaria con tantas nacionalidades como provincias. De superficie algo mayor a Buenos Aires, con la misma cantidad de habitantes que Argentina y un cambalache de regionalismos que lo vuelve un país de nunca aburrirse.

Después de estar 7 meses en distintos lugares de España concluí que acá no vive ningún español. A la pregunta “¿de dónde sos?” nadie responde con su nación, sino con su región o provincia. Me encontré con andaluces, malagueños, granadinos, sevillanos, riojanos, vascos, catalanes, pero ni un solo español. En mi primera visita a este país en 2016 estuve sólo en Madrid y la impresión fue diferente, en la capital quizás sí viven más españoles, aunque no estuvo poco presente la expresión “soy madrileño”. 

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En mi vida he respondido a la pregunta “¿de dónde sos?” diciendo “soy mendocina”. Y la gran cantidad de argentinos y latinos que me he encontrado viajando tampoco. Nosotros somos colombianos, brasileros, uruguayos, argentinos. A pesar de la distancia entre cada una de las regiones de nuestros países, la nacionalidad es una. Tendría sentido con una extensión de miles de kilómetros decir “soy del norte de Brasil” o “de la Patagonia”. Pero no. Acá, en una España cuya superficie no alcanza a ser el doble de la de Buenos Aires, convive gente de todos lados menos de España, aunque lo diga su pasaporte.

Me ofrecí a escribir esta pequeña crónica con ansias de dibujar un poco el latente conflicto de Cataluña desde los ojos de una argentina que lleva poquísimo tiempo en esta tierra también de locos. Digo también por la obviedad de que, si de conflictos sociales y políticos se trata, Argentina no se queda atrás. Pero posta que en este lado el quilombo es todavía mayor. Antes de meterme en la cuestión catalana, tiro un datito: por acá todavía le pagan a un monarca y tienen un presidente en stand by desde principio de año. El sistema es casi tan poco democrático como el carguito hereditario de Felipe VI. Una mayoría eligió en las elecciones de abril a Pedro Sánchez como presidente, pero el parlamento no se ha puesto de acuerdo en ratificar su candidatura, entonces el tipo está en el limbo y ahora los españoles vuelven a las urnas.

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Sin muchos datos porque toco de oído, lo que sigue es el porqué de las manifestaciones catalanas, las de las llamas que se ven por la tevé. Empecemos con el hecho de que los catalanes quieren separarse de España hace una banda, así como también los Vascos que es otro temón para otra crónica. En Cataluña no hablan, o no quieren hablar, español. El catalán está súper presente en la sociedad y sobre todo en los lugares más alejados de Barcelona, pues alli la confluencia de inmigrantes obliga a la ciudad a elegir entre el español o el inglés. Además, argumentos para soltarle la mano al Estado español tienen un montón, a algunos les parecerán válidos y a otros ni, pero los tienen. Hace dos años se mandaron de huevo a votar un referéndum por la independencia de la región. El Estado nacional intervino y lo declaró ilegal. Los catalanes votaron igual. En teoría votó la mitad del padrón y el 90% dijo que sí a la separación de España. De esa movida resultaron presos varios líderes políticos que desde el 2017 hasta hace una semana estaban en juicio, esperando en la cárcel. El “procés” se resolvió el pasado lunes 14 de octubre y dio una sentencia tremenda: hasta 13 años de cárcel para los organizadores del referéndum.

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El pueblo explotó, durante 5 días marchó y se manifestó pidiendo por la libertad de los presos políticos, cosa que vienen exigiendo desde el 2017, pero esta vez con más fuerza por la tremenda sentencia que se mandó el Tribunal Supremo. La movilización fue impactante, empezó un lunes y “terminó” el viernes, aunque todavía siguen algunos grupos reclamando respuestas, democráticas claro. Miles de personas caminaron desde pueblos alejados de Barcelona para llegar a la capital catalana y reclamar por su autodeterminación y por la libertad de los suyos. Participamos con unas amigas y fue emocionante. Medio millón de changos ocupando las calles con sus banderas catalanas y sus cantos a favor de la independencia de la comunidad.

El domingo posterior se celebró la marcha “por la unidad de España”, frente al ayuntamiento. También fui. 200 o 300 personas de clase alta estaban con sus banderitas ploteadas con la bandera de España, la Catalana y la de la Unión Europea. Desentonaban. No les creí nada. El corazón del conflicto y de la autodeterminación estuvo en la otra, no sólo por multitudinaria, sino por cálida, por familiar, por el corazón. Hubo violencia y represión. Los catalanes igual son bastante tranquilitos al lado de algunos muñecos argentinos. Quemaron contenedores de basura en varios puntos de la región y la policía obviamente actuó dejando heridos. Qué se yo. Los tipos hace dos años quisieron votar, fueron por la vía democrática, y las instituciones les dieron la espalda, ni negociaron. Les respondieron con violencia y metiendo presos por más de una década a un sus líderes políticos. Para mí, bastante moderados han estado los catalanes que siguen en la lucha de algo que algún día se les dará. El mundo se reconfigura y España más. Ah, y violencia es mentir.

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Sobre la autora:

Sol es periodista y militante feminista. Reside hace un tiempo afuera de Argentina desde donde hace Crónicas Cortas, un podcast de Vorterix Mendoza.