LOS SIGNIFICADOS DE UNA FOTO

Por Ivan Staller

La foto que hace unos días compartió Alberto Fernández junto a Eduardo Duhalde en Puerto Madero es de una gran densidad simbólica. Y así fue leída. En primera medida por el hecho de reconocerle un rol histórico progresivo a Eduardo Duhalde, quien colocó las piedras angulares, junto a Remes Lenicov, de la recomposición económica que siguió a la crisis del 2001 -protagonizada por la misma clase social que se enriqueció en el menemismo, llevó el país a la bancarrota, y que sin embargo preservó todos sus “derechos adquiridos”-. En aquella ocasión, el ex gobernador bonaerense jugó como Hombre de Estado y dirigente del “Partido del Orden”: con un país en cesación de pagos, una devaluación del 300%, la desvalorización de los salarios del orden del 30%, una pobreza que llegó al 55% apenas contenida con el inicio de las políticas sociales bancomundialistas de asistencia social, Duhalde salvó a la clase capitalista del fuego de su propia crisis.

AF Duhalde

Un cesarismo regresivo (la categoría es de Antonio Gramsci), podríamos decir, si tenemos en cuenta que su intervención en la crisis ayudó a triunfar, aunque con compromisos y limitaciones, a las fuerzas regresivas. Esta salida, que recompuso la autoridad perdida de la estatalidad en el país, fue impuesta “a sangre y fuego”: Eduardo Duhalde es, junto al futuro canciller Felipe Solá, responsable político de la Masacre de Avellaneda, y del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, aún en la impunidad. Recordemos que esta matanza es la que forzó una convocatoria anticipada a elecciones, en las que resultaría electo Néstor Kirchner.

Pero el alto voltaje de la foto también se explica por lo que significa para el rompecabezas de la formación política que se va a hacer cargo de esta nueva crisis nacional. El peronismo del Frente de Todos (FdT); el “albertismo”. De todas las comparaciones históricas, hay una que se empeña en seguir apareciendo: el 2003. En ese marco, la foto parece ser el símbolo de una nueva reconciliación, en la cual Alberto podría ser el ignoto Néstor Kirchner “sin votos” del 2003, solo apadrinado por Duhalde, contra Menem. Una especie de Kirchner sin un diciembre de 2001.

El problema con las comparaciones históricas es que solo sirven para ofrecernos marcos de inteligibilidad para una realidad huidiza. Recordemos que cuando Karl Marx dijo, en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, aquello de que “la historia se repite, una vez como tragedia, otra como farsa”, estaba diciendo también que la historia no se repite: si hay tragedia y farsa no hay reedición posible de la misma historia.

Duhalde Lavagna

Duhalde viene de afirmar que la designación de Néstor Kirchner en 2003 fue “el peor error de su vida”. Y por ello se encargó de intentar enmendarlo, primero promoviendo la candidatura de Lavagna en 2007, la suya propia en 2011, y nuevamente la de Lavagna en las pasadas elecciones presidenciales. Fracasó en todas. El kirchnerismo necesitaba cortar el cordón umbilical con él, y así lo hizo. Una resolución positiva de su Edipo.

Luego de la confirmación de Lavagna al frente del Consejo Económico Social, la versión institucional del Pacto/Contrato Social/Ciudadano, y de su hijo Marco al frente del Indec, la foto ya no podía ser una sorpresa. Lo dicho: el primer significado de la foto es una reconciliación con el pasado duhaldista que el kirchnerismo había buscado disimular. 

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La senadora del FdT por Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, tuvo que resignar su lugar como jefa del bloque frente a José Mayans, senador por la Formosa de Gildo Insfrán, como parte del armado parlamentario unitario del futuro gobierno, que se completa con la designación de Máximo Kirchner al frente de su bloque en Diputados, cuyo presidente será Sergio Massa.

El albertismo pareciera encarar la tempestad que significa ir a una renegociación para cumplir con el Fondo, la viga maestra que ordena todo su plan de gobierno, con una unidad incluso más amplia de la que había logrado con la formación del FdT y que le permitió derrotar a Macri en primera vuelta. El hecho de que todas las vertientes del peronismo mantengan los pies en el plato, con puestos clave, desde el kirchnerismo hasta Eduardo Duhalde y Massa, indica que se teje un consenso sobre el cual avanzar, del que todos serán co-responsables. Una suerte de lógica política del “equilibrio inestable”. Este es el segundo significado de la foto.

AF UIA

Esta suerte de pan-peronismo que no deja a nadie afuera encontrará una oposición por derecha que se debate entre reforzar su costado más bolsonarista-camachista, con un Mauricio Macri encaprichado y con sed de revancha -alternativa peligrosa en un marco regional convulsivo- o dar lugar a una versión más colaboracionista, con el saliente gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, Lousteau y el alfil Emilio Monzó, por todos elogiado, bajo la órbita de Rodríguez Larreta. Un posmacrismo que también analiza su paso hacia la “moderación”, como carta de supervivencia.

En el mapa de las opciones políticas, la posibilidad de una oposición popular por izquierda también se amplía en este marco. Los debates entorno a instalar una “agenda progresista”, que van desde la legalización del derecho al aborto y la educación sexual integral, el autocultivo de marihuana con fines medicinales, hasta el cambio climático y sus implicancias para el esquema productivo del futuro gobierno, se conjugarán con las potenciales consecuencias de la renegociación de la deuda, por los sacrificios sociales enormes que exige su pago, para un pueblo exhausto de ajustes.

Una deuda que es, hasta para el propio Eduardo Duhalde, impagable. La tolerancia de la juventud y los pueblos del continente a los planes del FMI ya demostró haber llegado a un límite infranqueable. Un lema: “hasta que la dignidad se haga costumbre”.

Sobre el autor:

Por si hiciera falta presentación, el Ivan es sureño, sociólogo de hecho, militante trotskista, matero empedernido, bajista inchequeable y amigo de la casa.

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