SER HIJES HOY

Por Clarisa Baldearena

En los noventa, fue boom una revista que pretendía enseñar esa complicada labor de maternar y paternar. Hoy somos nosotres, les hijes, quienes nos hemos dado cuenta de que existe una acción recíproca. Sin embargo, ni una revista ni probablemente ningún texto escrito te puede enseñar a hacer familia. Pero de todos modos lo intentamos.


Llegando a la tan temida edad adulta -queríamos ser adolescentes eternos-,  a les hijes se nos va siendo revelado que, en materia de familia, las jerarquías no son las mismas. Ya no sólo se trata de una relación de arriba hacia abajo, sino que ese vector puede recorrer ambos sentidos, e incluso invertirse. Además, la estructura ya no se sostiene verticalmente: cada vez vemos más una lógica de red con distintos nodos que se van interconectando y nutriendo mutuamente. Las familias se están configurando de nuevas maneras, y esto, lejos de ser caótico, es la mejor manera de tender puentes entre la sociedad que tenemos y la que queremos tener.

Mi viejo se falopea

La primera vez que me enfrenté a la situación de ver a mi viejo envuelto en problemáticas de consumo fue a mis dieciséis. En ese momento no dije nada hasta que explotó todo. Discutimos muchísimo y después de eso no nos hablamos por dos años. De a poco volvimos a vincularnos. “Me mata tu amor”, recuerdo que me dijo. Pero el año pasado volvió a tomar, volvió la violencia, y tuve que decirle que no quiero eso en mi vida. No hablamos desde entonces.

Manu tiene veinticinco años y una relación atípica con sus padres. En el modelo de familia que se plantea desde la modernidad, lo esperable era que un pibe llamara en pedo a sus padres para que fueran a rescatarlo. Y si bien ese modelo actualmente no existe, tampoco existía entonces: sólo se trata de un arquetipo. Nunca se nos preparó para ser nosotres -les hijes- quienes nos preocupemos por el control de alcoholemia de elles, por el bajón y la recaída. 

En psicoanálisis se habla de los duelos que se producen durante la adolescencia, entre ellos el duelo por los padres -y madres-. Se trata de pasar de tener una visión idealizada de les adultes a asimilarles con su verdadera identidad, como un todo funcional incluso con sus contradicciones internas. En este proceso, a través de contrastaciones con la realidad, se van generando etapas tanto de identificación como de ruptura. El desenlace que la academia propone para el duelo es llegar a dos conclusiones: la primera, que los padres son personas con virtudes y defectos, y ni unos ni otros tienen más peso; y  la segunda, que se está en proceso de alcanzar la propia adultez, y que en dicho momento tampoco se cristalizarán en une misme los ideales de la niñez.

Cuando los padres se encuentran tan lejos del ideal de la infancia y son tan poco prototípicamente adultes, la ruptura parece ser una salida más convincente que la identificación. Kill your idols, mata a tus ídolos, acaba siendo la conclusión apresurada porque no se desea ser como elles. Sin embargo, en las eras del capitalismo tardío, estos padres y madres resultan ser más adultes y más contradictories que nunca, sobrellevando sus responsabilidades mientras consumen drogas. Manu cuenta que puede ver cómo esto afecta su manera de relacionarse sexoafectivamente. “Siempre intenté ser distinto a él: hablar las cosas, no engañar. Me esfuerzo mucho por no decepcionar a las personas.”

Durante la adolescencia es esperable que las responsabilidades crezcan, de cara a ir asumiendo las de la vida adulta. Pero en el caso de Manu, la responsabilidad y los cuidados recaen en él desde una edad muy temprana, y a un nivel abrumador para un adolescente que recién viene rompiendo con la dependencia absoluta de la infancia. En un arrebato de bronca, él comenta que se sentía frustrado a un nivel personal por el hecho de ver a sus amigues teniendo un soporte económico y emocional por parte de sus padres. “Yo no tengo eso”, dice. Sin embargo, con los años, asimiló que es él quien cuida y quien se preocupa por su madre y padre. Al despedirse, Manu se queda con un aire triste de resignación. 

Abuelas eran las de antes

Mi mamá y mi papá compraron una computadora allá por los noventa, cuando era muy poco común tener una en casa. Recuerdo que el reclamo siempre era que mi hermana y yo pasáramos tanto tiempo jugando cuando la habían comprado con el fin de trabajar y de que hiciéramos la tarea. Entonces desarrollamos nuestro propio método. Abríamos Encarta y lo dejábamos en segundo plano mientras jugábamos Simon the Sorcerer. Si se acercaban, era tan simple como cambiar de ventana. Hoy en día oficinistas de todo el mundo utilizan nuestra práctica milenaria cuando viene el jefe. Hoy en día también somos nosotras quienes les decimos a elles que no pasen tanto tiempo mirando videos de YouTube de dudosa procedencia.

En nuestra infancia, nuestros papás y mamás eran nuestros héroes por conocer esa intrincada técnica para atarnos los cordones o por lograr remontar el barrilete siguiendo la dirección del viento. Hoy, cuenta Romi, somos nosotres sus héroes y heroínas por instalarles Instagram o instruirles en la ancestral magia de WhatsApp web. “Te cebo unos mates mientras me arreglás el teléfono”, suelen decir las mamás, muchas de ellas ya abuelas. “Arreglarles” el teléfono consiste en simplemente borrarles la caché, cerrar algunos procesos y eliminar los videos cuya vista previa son flores desplegándose. 

Hijos

Estamos empezando a entender lo que se siente recibir tarjetitas con fideos secos pegados el día de la madre: todas las mañanas nos llega un Piolín al grupo familiar de WhatsApp. Y todos los días las queremos un poco más por eso. A medida que crecemos, nuestros padres también pasan por duelos. Se dan cuenta de que están envejeciendo y la muerte comienza a convertirse en una realidad cruda y latente. 

En un mundo de smartphones, redes sociales, trámites online y homebanking, la brecha con los lenguajes informáticos acrecienta esa sensación de vejez e inutilidad. Romi comenta que al principio le costaba estar en el lugar de enseñar a los padres directamente. No quería que sientan que los estaba tratando de inútiles. Pero ahora, cuando piden asistencia sí los ayuda. Casi como idealmente se comportan les padres con les hijes en la adolescencia. 

A mi mamá le gustan las chicas

Mi mamá empezó a salir con una mujer hace más o menos seis años, después de haber estado toda su vida saliendo con hombres. Todavía siguen juntas. De todos modos, ella está muy conflictuada con su identidad, no se reconoce ni como bisexual ni como lesbiana, y no anuncia su relación a casi nadie. En sus círculos cercanos la da por asumida, pero no habla abiertamente de eso. A mí me lastimó que me la careteara porque yo también me relaciono con mujeres y la hubiera entendido más que nadie. Hoy las veo siempre juntas y felices y no necesito nada más.

La primera reacción de Flor cuando se dio cuenta de la situación de su mamá fue la preocupación. Ante su falta de apertura, prejuzgó y asumió que se trataba solamente de una fase. Creyó que Silvia era sólo una “hetero curiosa”, y tuvo miedo de que, por falta de responsabilidad afectiva, terminara lastimando a su pareja. Actualmente ese temor se ha disipado por completo. Las personas pueden generar vínculos con quien sea a cualquier edad de la vida. Wittig estaría de acuerdo en que es más probable que haya autorepresión a que se trate de “curiosidad”.

Ante la nueva realidad de relacionarse con otra mujer, la reacción de la propia Silvia fue de silencio. Flor cree que el hecho de que su mamá no pueda hablar de su identidad sexual es el motivo por el que aún no se anima a asumirla del todo. Lo que no se puede poner en palabras no existe, porque vivimos en un universo simbólico. Incluso teniendo un entorno de contención y seguridad, Silvia no se ha dado la oportunidad de mostrar quién es. Conviene abrir entonces un pequeño paréntesis de lo que es la homofobia interiorizada. A un nivel individual se arraiga la creencia instalada en las sociedades de que la homosexualidad es algo inmoral, anormal  y hasta antinatural. Así, la idea de verse a une misme vinculándose con personas del mismo sexo constituye un hecho altamente disruptivo en el propio sujeto. Es por eso tan importante que desestigmaticemos la homosexualidad, porque muchas personas no sólo viven la discriminación ajena, sino que también se sienten atormentadas por la propia. 

Las reacciones que recopilamos ante la novedad de la homosexualidad de los  y madres fueron muy diversas: incredulidad, preocupación, incluso llanto. Flor lo vivió un poco como un reproche: “La pareja de mi mamá venía a mi casa y seguían pretendiendo que eran amigas, como si yo fuera a juzgarlas o a tener algún problema”. Sin embargo, calmadas las aguas, cuenta que este fue un proceso que su mamá transitó casi exclusivamente en soledad. Ella imagina que debe haber sido muy doloroso, pero considera que haber logrado atravesarlo con una mujer que la quiere tanto las terminó fortaleciendo. Hoy las ve felices, y si bien ponerle un nombre sería hasta terapéutico, lo que tienen es más genuino que cualquier etiqueta.  

Es el amor lo que importa acá

“La familia es la célula básica de la sociedad”, nos repitieron hasta el cansancio en la clase de Sociología de la secundaria. Entre eso y algunos conceptos de Durkheim y Weber quizás se nos perdió la idea de qué implica esa aseveración. Por eso, para refrescar memorias, sería conveniente recordar de qué estamos hablando. Las sociedades no se configuran en torno al núcleo que constituye el individuo: sus estructuras básicas son colectivas. A partir de ahí se va desplegando el panorama hasta llegar a organizaciones tan complejas como el Estado. En las sociedades modernas, la cristalización de estas estructuras mínimas era la familia. Esto en su esencia no ha cambiado, aunque sí ha devenido en un plano mucho más abstracto en el que las categorías no están tan claras ni son tan taxativas. 

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A medida que las personas crecen, en la infancia,  y también cuando envejecen y su salud se deteriora, el grupo familiar constituye un pilar fundamental. Al ser menor, en lo que refiere al nivel de independencia de los individuos -ya sea por su corta o por su avanzada edad-, la familia funciona como una red de contención emocional y económica. Es destacable que además cumple otras tareas tan básicas y primordiales, como compartir, transmitir y construir cultura de manera recíproca. Algo tan grande y abarcativo empieza desde una unidad tan mínima. 

Ahora bien, desde hace rato se vienen derrumbando los arquetipos de familia que se habían consolidado en la modernidad. Familia es papá y mamá, o dos papás, o dos mamás. Hemos llegado a la conclusión, más empírica que otra cosa, de que este colectivo da su aporte a la sociedad a través de la construcción de vínculos con amor y ternura. Es por eso que en sí no importa cómo estén compuestas las familias, ni son tan relevantes los lazos sanguíneos. Pero en la medida en que las estructuras se deconstruyen, también lo hacen las dinámicas, antes jerárquicas, que están dando como resultado, además de, precisamente estas nuevas maneras de organizarse, nuevas formas de hacer familia en la praxis. Los vínculos se renuevan, se reciclan y se construyen de modos tan alternativos y tan variados como cada grupo que las constituye. Es que, como dicen por ahí en el barrio, cada familia es un mundo. 

Sobre la autora:

Clari se presentó una vez así: “Estudiante de Comunicación de día y Emperatriz del Caos de noche. Neurodiversa. Si no tiene gatitos, no es mi revolución”. Ya es amiga de la revista porque son varias las notas que generosamente nos ha compartido.