LA MILITARIZACIÓN EN LA VIDA COTIDIANA URBANA EN CHILE

Por Iván Ojeda Pereira

De la vida al retrato: ensayo y crónica fotográfica


El fenómeno sociopolítico que se vive en América Latina no es un proceso ajeno a la realidad mundial; la democracia liberal que se ha desarrollado al alero del modelo capitalista, hoy se encuentra mundialmente tensionada. Los países que históricamente cristalizaron la vanguardia política, en términos de democracia liberal -tales como Inglaterra, Francia y Estados Unidos- hoy por hoy se encuentran sacudidos por diferentes tensiones sociales, culturales y económicas, que se han traducido en fenómenos como el estallido social de los chalecos amarillos, el brexit o las prácticas internacionales de la administración Trump.

Este proceso político mundial ha tenido un fuerte correlato en América Latina que, durante estos últimos meses, se ha visto atravesada por una serie de estallidos sociales, cuyo denominador común son las condiciones materiales y simbólicas anteriores, cargadas de desigualdad, inequidad e injusticia. Los casos de Ecuador, Bolivia, Colombia, Puerto Rico, Chile y Venezuela representan fuertes crisis de representatividad, legitimidad y participación ciudadana en la política. En este sentido, se evidencia una profunda crisis de la política como espacio de deliberación y resolución de problemas que aquejan a la sociedad en su conjunto. 

Comprendiendo este fenómeno contextual, es que es posible remitir específicamente la revuelta social en Chile. El 18 de octubre del 2019 estalla una crisis social explicada en torno a dos elementos: el primero, de carácter situacional, referido específicamente al aumento del valor en el transporte público en la capital. El segundo -de mucha mayor relevancia-, es la profunda desigualdad económica, social y política que subyacía al “jaguar de Latinoamérica”. Cabe mencionar que en Chile existe una concentración de la riqueza donde un 1% de la población concentra el 33% de los ingresos netos del país. Esto en un modelo neoliberal ortodoxo como el chileno, significa que solo algunos ciudadanos tienen acceso garantizado y de calidad a vivienda, salud, educación, previsión. En otras palabras, existe una mercantilización profunda de derechos sociales, cuya principal base es el poder y su consecuente concentración de capital. En este sentido, es interesante mencionar que existe una estrecha relación entre sistema político y estos pequeños grupos dominantes, llegando inclusive a tomar decisiones a espaldas de la ciudadanía que invalidan al sistema político en su conjunto.

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La dimensión sociopolítica del conflicto es extremadamente amplia; sin embargo, este escrito propone que la fractura entre sociedad y política es un elemento central en la comprensión del estallido social en Chile y las posteriores medidas represivas implementadas por el ejecutivo. La ciudadanía progresivamente comenzó a alejarse de la política y a cuestionarla como espacio deliberativo, asumiendo que la toma de decisiones se realizaba puertas adentro, obedeciendo a intereses de cohorte sectorial o gremial. Este fenómeno llevó a Chile a una desafección a la política sin precedentes, no sólo representado en la baja participación electoral, sino que también expresada en el debilitamiento de la opinión pública ciudadana en torno a temas políticos. La base general de la desafección se constituye sobre el repudio a aquellas lógicas postdictatoriales de ejercer la política, que básicamente se han estructurado en función de una orientación hacia acuerdos intraclase política, que sobrerrepresentan grupos minoritarios.

Los casos de corrupción del sistema político se han transformado en una tendencia en Chile. Lo problemático es el imaginario colectivo que se ha construido en torno a la impunidad penal de los políticos. La élite política ingresa a esta especie de círculo de ciudadanos de “1era categoría”, cuyas redes de contacto les permiten acceder a las mejores representaciones legales y regalías penales con el poder judicial. Esta situación evidentemente indigna a la población y profundiza la abismante grieta entre la ciudadanía y el sistema político, que hace años es problematizada por movimientos sociales, sobre todo basándose en la selectiva capacidad resolutiva de la política, en tanto no es funcional para dar respuestas a problemáticas cotidianas del común de la ciudadanía. La deslegitimación del sistema político es fundamental para comprender la gran durabilidad del estallido social.

En este contexto, el sistema político y el gobierno han demostrado una gran incapacidad para plantear alternativas políticas que institucionalicen, orienten o al menos hagan sentido en la población. Y han ejecutado una preocupante estrategia de represión sobre la población civil materializada primero que todo en la utilización del Ejército de Chile (estado de excepción constitucional) como medida de control a la crisis y posteriormente, en el excesivo uso de la fuerza por parte de Carabineros de Chile. Esta estrategia ha desencadenado graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del estado, tales como vejaciones de carácter sexual, violaciones, detenciones ilegales, torturas, asesinatos y mutilaciones.

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En este sentido es que las respuestas del gobierno comienzan a estructurar un proceso de militarización en la vida cotidiana urbana, en tanto se cooptan espacios públicos con fuerzas de orden sobre-equipadas, intimidantes y actuando fuera del marco legislativo, cuya repercusión social es la profundización de la fractura entre política y sociedad, visibilizando aún más la incapacidad del sistema político de plantear otras alternativas.  El proceso de militarización es complejo debido a que no solo implica que las fuerzas de orden estén en aquellos lugares, sino que la población debe comenzar a normalizar su presencia en espacios de la vida cotidiana, naturalizando la violencia estatal y desdibujando lo que significa la democracia. Cuando referimos a gobierno y al sistema político como un grupo sin grandes diferencias respecto al proceso, es porque a pesar de existir matices con algunas especificidades de la militarización en la vida cotidiana, no se ha opuesto transversalmente al fenómeno, abriéndose incluso a discutir la agenda legislativa del ejecutivo, basada en dotar a la institucionalidad de nuevos mecanismos penales contra la manifestación social. 

No es normal ver Carabineros vestidos de Fuerzas Especiales fuera de establecimientos educacionales, no es normal ver carabineros con perros en las entradas del transporte público, no es normal caminar en medio de gas lacrimógeno, no es normal ver funcionarios con escopetas en la vía pública y tampoco es normal que cada vez parezcan menos policía y más ejército. 

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Esta lógica de respuesta no es una opción que se constituya sin antecedentes. La militarización en la vida cotidiana ante periodos de tensión política es un fenómeno de larga data en América Latina, inclusive vivenciada desde la misma constitución de estados naciones y posteriormente, en los debates sobre cuáles serían los caminos para seguir de esas naciones. En específico, la historia chilena actual no es tan diferente, en tanto nunca se transformó la lógica represiva de operar en las fuerzas armadas y de orden heredada de la dictadura cívico militar, debido a que justamente fue funcional al sistema político para reprimir cada movimiento social o conflicto territorial que ha ocurrido (ya sea el movimiento pingüino, Aysén tu problema es mi problema o el conflicto mapuche).

En este sentido, es que la militarización en la vida cotidiana por parte del sistema político no constituye una excepción; todo lo contrario, representa una lógica de operar el estado cada vez que se ven tensionados los equilibrios de poder sociopolítico y aquello no puede ser olvidado. Una de las alternativas de salida al fenómeno va en, primero que todo, no normalizar la presencia de fuerzas especiales de carabineros en la vía pública cotidiana e intentar fortalecer la constitución de una sociedad civil organizada capaz de interpelar a un sistema político cargado de enclaves autoritarios e intereses individuales.

Crónica fotográfica

Sobre el autor:

Iván es estudiante de sociología de la Universidad de Chile, donde además realiza labores de docencia e investigación. Se describe a sí mismo como patagón y amante de los gatos. Nosotrxs agregamos: gran capturador de paisajes sociales.

Todas las imágenes de esta nota pertenecen al autor. Una versión de este texto se publicó en capsular.cl