LECCIONES DEL CORONA-CRACK PARA UNA AGENDA SUPERADORA DEL NEOLIBERALISMO

Por Marcos García

El destino de la historia no está demarcado de antemano, es la lucha entre bloques sociales, sus proyectos, sus fuerzas en pugna y sus compromisos históricos los que determinarán hacia dónde se avanza y quién paga los costos de la segura depresión económica. El neoliberalismo, su lógica y sus mecanismos pueden proseguir remozados, pero también abren ventanas de oportunidad para su ruptura histórica.

Por eso la crisis (en principio económica, sin descartar una crisis del sistema de representación política, ni de las pautas culturales dominantes) es y será real. Pero la política, en sentido amplio, es necesaria para orientar este proceso en un determinado sentido. El destino del mundo y de cada país será arena en disputa, la salida una vez apaciguada la crisis sanitaria dependerá de las capacidades de organización de cada bloque social, la capacidad de articular alianzas y del avance sobre el sentido común de las masas. En este último aspecto, lo ideológico y lo comunicacional son los vectores principales.

Primero una observación de índole general. Los daños ocasionados por un minúsculo virus ponen sobre la mesa la vulnerabilidad del ser humano frente a la naturaleza. Desde la ilustración el hombre parecía constituirse en la especie que la dominaba, modificaba y explotaba a voluntad. Sin desconocer la alteración, a veces extraordinaria, otras veces brutal, del entorno natural por el Hombre, aumentando exponencialmente sus posibilidades potenciales de bienestar, transporte, alimentación y comunicación, dicha domesticación está lejos de ser completa. Por el contrario, aún persisten amenazas, demostrando que hay procesos y agentes externos que pueden originar auténticas crisis civilizatorias. 

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Convencido de los beneficios de los avances tecnológicos y del conocimiento en la era capitalista (por lo tanto, no se trata de volver a un estadío pre- industrial), de lo que se trata es de recordar que la biósfera, el universo y el ser humano constituyen una unidad en delicado equilibrio. Todo avance sobre ellos debe buscar reestablecer nuevos puntos de equilibrio en otro nivel. 

Dejando de lado a las cuestiones de índole civilizatoria, concernientes a la humanidad en general, la consecución del proyecto y la vigencia o no del ideario neoliberal se resuelven en otros ámbitos: el de la lucha de clases (entre bloques sociales para ser más exactos) y el de la geopolítica internacional (en otros términos, en el terreno de la disputa entre Estados- nación de diversa magnitud y poder). Aquí no se trata de cuestiones de la supervivencia de la especie humana, sino del tipo de existencia que va a demarcar su devenir en el mundo y en cada una de las formaciones sociales concretas que lo constituyen.

El capitalismo en su etapa neoliberal, financiarizado, anti- estatista y anti- popular por esencia, es un proyecto que beneficia determinados intereses sociales bajo la hegemonía norteamericana. Si como proyecto civilizatorio mostraba fisuras, la corona- crisis contribuye a acentuarlas y lo deja tambaleando (lo cual no es sinónimo de un KO). Una agenda que procure superar el neoliberalismo en una dirección popular y anti-imperialista, debería tomar nota de algunas cuestiones, que a grandes trazos esbozo a continuación.

Por un lado, la centralidad del Estado como aparato necesario para gestionar los grandes asuntos públicos. Es perentorio complejizarlo y eficientizarlo, que realice más tareas con recursos humanos idóneos para tales fines. Salud, educación, ciencia y medio ambiente como instancias que, necesariamente, deben regirse por una lógica diferente a la del mercado, en donde prima la ecuación costo – beneficio.

También, los recientes sucesos alertan sobre la ausencia de una instancia supra-nacional dotada de poder real capaz de articular e imponer acciones y políticas conjuntas frente a determinadas problemáticas de índole global. Teniendo como ejemplo el principio de las Naciones Unidas (un país, un voto) podrían pensarse en organizaciones de carácter global que apliquen políticas para lograr la convergencia en los niveles de desarrollo de las naciones, la disminución de la pobreza, el problema de la deuda soberana, el cambio climático, la amenaza de futuras pandemias o cualquier otro evento inesperado que afecte al planeta. 

Al capital global (privado, excluyente y desigual por naturaleza) hay que oponerle un Estado democrático-global que contrabalanceé las correlaciones de fuerzas y permita la construcción de un mundo más equitativo y justo, tanto para los sectores populares, como para las naciones subdesarrolladas, y que ante eventuales problemas oponga a la anarquía organizativa del capital la capacidad planificadora del aparato estatal (grande, complejo, eficiente y con poder fáctico).

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Así como el Estado es la institución que hay que fortalecer, la corona-crisis nos muestra un discurso que debe recuperar protagonismo. Hoy se buscan tratamientos y vacunas, se pide explicaciones y la ciencia las muestra. Es necesario otorgarle protagonismo a la ciencia; en lo discursivo, su prevalencia debe evitar la proliferación de narrativas mesiánicas o irresponsables (hago alusión tanto a Bolsonaro, a Trump como al hippismo que niega la efectividad de las vacunas). 

Como correlato de lo anterior, creemos que el sistema científico- tecnológico debería facilitar la inserción de sus recursos humanos en las instancias e instituciones encargadas de la toma de decisiones. A los científicos y cientistas sociales actualmente se les exige concentrarse exclusivamente en la elaboración de papers para poder seguir haciendo ciencia. La opción de la micro-especialización en un tema específico debe seguir estando, pero coexistiendo con científicos- prácticos que no pierdan la visión y la capacidad de problematizar el conjunto, la totalidad. El teórico podría convertirse en un eficaz hombre de práctica con visión de estadista en virtud de sus conocimientos y capacidad de reflexión. Para lograr ese espacio es necesario que el funcionario aprenda a valorar al hombre de teoría. Teoría y práctica son complementarias, y deben trabajar mancomunadamente.

Este reconocimiento va unido a entender que la ciencia no es un discurso más como pretendió el posmodernismo, no se puede decir lo que sea sobre cualquier tema, ni es indistinto e irrelevante quién lo expresa. Hay que rescatar al saber, al conocimiento, al espíritu crítico y la investigación contra la mera opinión, el prejuicio y el dogma.

A nivel global, posiblemente, la tendencia será hacia la desglobalización. La deslocalización de la producción industrial en el Sudeste asiático, la escasez de insumos críticos en Occidente y en la periferia hacen necesario repensar la lógica que guía a las cadenas globales de valor. La reindustrialización de algunas áreas, repensar el desarrollo de otras. Ver el fatto in Italia para una prenda, el hecho en Argentina para un automóvil o el mere na Nigeria para un chocolate; como contraste al omnímodo made in China, Pakistán o Taiwán que abarrota tiendas y comercios del planeta .

Otro tema candente: dado los resultados obtenidos en la lucha contra la pandemia (al menos hasta ahora), es la hegemonía cultural de Occidente que queda cuestionada. No estamos proponiendo aceptar la hegemonía cultural oriental como el nuevo american way of life, sino que necesariamente debemos revalorizar algunos activos como el orden, la disciplina, la solidaridad y la empatía. La libertad individual que preconiza el neoliberalismo puede fácilmente trocar en una ética darwinista, individualista y egoísta, donde sólo importa la suerte propia y de los cercanos, y donde sé es renuente a aceptar una voluntad que exprese lo colectivo.

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En lo inmediato, también, la crisis económica hace necesario políticas de seguridad social de amplio alcance. Así como la Alemania bismarckiana impulsó por vez primera el acceso a un sistema jubilatorio, hoy resulta necesario asegurar un mínimo de ingresos a los ciudadanos. Inicialmente los Estados con más recursos estarán en condiciones de llevarlo adelante, pero la atroz concentración de los ingresos, la elusión y evasión fiscal en los paraísos fiscales hacen posible su aplicación, mediante transferencias de carácter tributario en más países de los que creemos posible. El nuevo Estado de Bienestar aseguraría un piso de ingresos a sus ciudadanos (posiblemente igual a la canasta básica). Tal vez, aquí, resulte necesario establecer algún tipo de contraprestación en actividades que representen algún valor social actualmente no monetizado por el mercado. El progreso de la cuarta revolución industrial, su capacidad de destrucción de empleos y su incapacidad para generar nuevos en la misma medida, es otra variable que nos lleva a argumentar en el mismo sentido. El Estado debe asegurar un ingreso mínimo y un trabajo (una labor, una tarea) a sus ciudadanos.

Por último, a la crisis sanitaria seguramente proseguirá la crisis económica. Las políticas de impulso de la demanda a través de la inyección de un poder adquisitivo adicional por vía del Estado serán necesarias, pero no suficientes. Administrar y planificar la oferta, serán tareas que los Estados deberán encarar, ya sea nacionalizando depósitos y/o direccionando el crédito, imponiendo precios máximos, interviniendo en las cadenas de valor, determinando en ocasiones el abastecimiento de cantidades mínimas de productos frente al quebranto posible de miles de Pymes y la ruptura de la cadena de pagos. Otro tema acuciante son los posibles impagos de deudas privadas y soberanas, a lo que habrá que contrarrestar procurando quitas o condonaciones masivas tanto en el ámbito privado como el intra-estatal.

Muchas aristas, diversas problemáticas. Así podríamos continuar con la crisis del sistema de representación política, temas frente a los que se abren tantas otras disyuntivas contemporáneas. En fin, de llevarse adelante estas reformas (como otras aquí no señaladas, ni pensadas) no supondría el fin del modo de producción capitalista, pero establecería las bases para la superación de su fase neoliberal que ha demostrado en la historia su incapacidad para resolver muchos de los acuciantes problemas que actualmente afectan a la humanidad.

Sobre el autor:

Marcos es sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Fuentes cercanas destacan su gusto por el vino, bebida noble a la que le dedicó su tesis doctoral.

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