EL VERDADERO ENEMIGO NO ES INVISIBLE

Por Marina Ruiz

En un contexto donde el debate y el intercambio apremian, y a raíz de la nota publicada en esta revista titulada “Lecciones de la corona-crack para una agenda superadora del neoliberalismo”, por Marcos García, compartimos algunas reflexiones.

En el texto mencionado, el autor sostiene que hay que fortalecer al Estado como la institución capaz de llevar adelante una serie de reformas que irían en el sentido de “superar la fase neoliberal”, aunque esto no significaría terminar con el capitalismo.

Es necesario comenzar por cuestionar la premisa de que el Estado es un ente neutral, un espacio de poder vacío, al cual se le puede dar un contenido político determinado, dejando de lado los poderes fácticos sobre los que se sostiene. Desde nuestra perspectiva, el Estado no es un ente neutral, más bien, responde a los intereses de una minoría que persigue el aumento de sus ganancias a partir de la explotación de las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras. En la arena de la lucha de clases, es donde este poder puede ser disputado y donde la clase trabajadora puede reapropiarse del excedente que genera mediante su fuerza de trabajo en beneficio de las grandes mayorías, pues “quien posee la plusvalía es el dueño del Estado, tiene la llave de la Iglesia, de los tribunales, de las ciencias y de las artes” (Trotsky, 1939).

El Estado debe garantizar, mediante el monopolio de los medios de violencia, el régimen de la propiedad privada (Harvey, 2005). Esto puede hacerse más evidente en momentos como los que estamos viviendo, ya que lo que está en juego es quién pagará la crisis.

Veamos algunos ejemplos de cómo se dirime esto. A pesar del decreto sancionado para prohibir despidos y suspensiones, el propio Ministerio de Trabajo permitió los 1500 despidos llevados adelante por Paola Rocca, el magnate top en el ranking de Forbes. Con el aval del Ministerio, se firmó un acuerdo entre la UOCRA y el grupo empresarial, que da por finalizado esos contratos. ¿Igualdad ante la ley? Para estos sectores, las leyes sancionadas son papel mojado. En lo que va del año, el gobierno ha destinado más de 5.000 millones de dólares al pago de una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta, beneficiando a los especuladores; mientras tanto, los recursos económicos destinados a afrontar la pandemia siguen siendo insuficientes (como la necesidad de test masivos de detección, de elementos de protección personal para trabajadores y trabajadoras de la salud, etc). Los despedidos de Penta sólo obtuvieron palos de la policía de Berni y Kicillof, poniendo a disposición de la empresa a las fuerzas represivas del Estado. Las patronales petroleras negociaron con la burocracia sindical suspensiones y rebajas de hasta el 70% de los salarios y ya negocian con el gobierno un subsidio del barril criollo que lo lleve a U$D 54. De actualizarse esto, algunos especialistas estiman que le costará a las arcas del Estado 5.432 millones de U$S al año. Recordemos, que el presidente vetó el artículo de la Ley de Emergencia aprobada en el Congreso, que determinaba un incremento de las regalías petroleras a las provincias hidrocarburíferas. Además, la ley ya contemplaba una rebaja de las retenciones petroleras de 12 % a 8%. Entonces, en momentos de crisis, la pregunta para el Estado queda formulada de la siguiente manera: ¿Las y los trabajadores o los empresarios? … ¿Cuál creen que es la respuesta?

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Movilización de trabajadores del frigorífico Penta en Avellaneda 22/04/2020. PH: Enfoque Rojo.

Incluso, decisiones del gobierno, como la destinada a cubrir el 50% de los salarios de los trabajadores privados, están también dirigidas a preservar las ganancias de estos sectores; terminan por ser subsidios a éstos últimos. Cuando Fernández dijo en una de las conferencias de prensa la condenatoria frase: “prefiero tener 10 por ciento más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina por coronavirus”, planteando una falsa oposición entre salud y economía, estaba haciéndole un guiño a los dueños del país. Si lo pensamos en estos términos, el problema para afrontar efectivamente la pandemia evitando a la vez que las grandes mayorías sufran aún más penurias, no es que no existan recursos económicos para hacerlo, los recursos están, pero se encuentran en las arcas de los grandes empresarios que el gobierno evita tocar. Esto podría significarle una enorme contradicción que pondría en riesgo su propio poder. No solo en Argentina, sino a nivel internacional, el capital está mostrando su cara más cruda, con un Estados Unidos que ya acumula 22 millones de despidos y con una situación internacional en la que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 195 millones de empleos están en riesgo. Parafraseando al economista Pablo Anino (2020), el Estado está exponiendo su carácter de clase, “la ‘guerra’ contra el coronavirus, no es más que la continuación de la política burguesa por otros medios”.

Habrá que pelear por arrancarle a la burguesía cualquier medida progresiva que mejore las condiciones de la clase trabajadora, como el impuesto extraordinario a las grandes fortunas que se está poniendo en debate por estos días. Para esto, es necesario un programa independiente de la clase trabajadora, uno que apunte a atacar los intereses de los capitalistas, sin depositar ninguna confianza en el Estado y el gobierno.

En otro de los puntos de la nota, se apunta a la necesidad de que exista una “instancia supra-nacional dotada de poder real capaz de articular e imponer acciones y políticas conjuntas frente a determinadas problemáticas de índole global”. Al respecto, la acumulación de capital a escala internacional y la explotación de las clases subalternas, le otorga a los Estados su razón de ser. Éstos, juegan en al ajedrez mundial, lejos de toda armonía, procurando su poderío estatal y en defensa de determinados sectores de la burguesía. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, los tire y afloje dentro de la OPEP que llevaron a que se derrumbe el precio del petróleo a valores inéditos, los reacomodamientos geopolíticos de los países europeos y de Medio Oriente, señalan que, si de los Estados depende, no se podrá ir hacia un “Estado democrático-global”. Podemos ver en la Unión Europea, aquella que fuera la pregonada alianza interestatal y de integración, un sálvese quien pueda. La enorme crisis abierta dejó a España e Italia plantados por los otros países europeos como Alemania. En este sentido, coincidimos en que la organización internacional es necesaria, pero sólo será posible realizarlo con la clase trabajadora organizada desde abajo, la única que puede tener interés en aliarse con sus hermanos proletarios de otros países.

Sobre esto, en uno de sus últimos artículos acerca de la pandemia, el teórico y filósofo Alain Badiou (2020) sostiene: “A pesar de la existencia de algunas autoridades transnacionales, está claro que son los estados burgueses locales quienes están en la brecha. Aquí estamos tocando una gran contradicción en el mundo contemporáneo: la economía, incluido el proceso de producción en masa de objetos manufacturados, es parte del mercado mundial. Sabemos que la simple fabricación de un teléfono móvil moviliza el trabajo y los recursos, incluida la minería, en al menos siete estados diferentes. Pero, por otro lado, los poderes políticos siguen siendo esencialmente nacionales. Y la rivalidad de los imperialismos, antiguos (Europa y EE. UU.) Y nuevos (China, Japón) prohíbe cualquier proceso de un estado capitalista mundial”.

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Trabajadores y trabajadoras de la salud en Italia en la primera huelga general bajo cuarentena. PH: Kaos en la red.

Ahora bien, así como es necesario poner sobre la mesa el carácter de clase de los Estados, también es necesario problematizar la vía de la reforma puesta como fin último y las consecuencias que ha tenido en su aplicación. Los proyectos políticos que utilizaron esta estrategia, como Podemos en España o de Syriza en Grecia, demostraron que la ilusión reformista llevó a la conciliación con sectores de la burguesía y a poner por encima de los intereses de la clase trabajadora, los de los grandes capitalistas. Podemos terminó por integrarse al gobierno del PSOE y quedó atado de manos. Syriza, por su parte, se presentó como una alternativa por izquierda a los partidos del llamado “extremo centro” (Nueva Democracia y Pasok que se alteraban en el poder para aplicar el mismo programa neoliberal); sin embargo, aplicó los brutales planes de ajuste de la Troika, obligando a la clase trabajadora griega a pasar enormes penurias. Fueron dos experiencias distintas, pero ambas se quedaron en la retórica. Rosa Luxemburgo adelantó en su obra Reforma o Revolución palabras que no pierden actualidad en los debates. La discusión estaba dirigida contra Bernstein y las tareas que éste planteaba para la socialdemocracia alemana, basadas en la necesidad de ganar posiciones y conquistar reformas en el capitalismo, sin tener que combatir por su derrota definitiva. En aquel texto sostiene con vehemencia que: “quienes se pronuncian a favor del método de la reforma legislativa en lugar de la conquista del poder político y la revolución social en oposición a éstas, en realidad no optan por una vía más tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo, sino por un objetivo diferente. En lugar de tomar partido por la instauración de una nueva sociedad, lo hacen por la modificación superficial de la vieja sociedad” (Luxemburgo, 1900).

A su vez, pensemos en la posibilidad de superar el neoliberalismo mediante la vía de la reforma en los países centrales, cuyas bases materiales, podrían indicar condiciones más favorables para hacerlo. Las tendencias de las que venimos, indican más bien un desmantelamiento de lo que queda de “Estados de bienestar” en Europa: se impulsan golpes a los sistemas previsionales, con intentos de elevar la edad de jubilación, bajar las pensiones, profundizar la flexibilización laboral y disminuir el costo del salario.

También puede ser interesante remitirse a la reciente experiencia de Bernie Sanders, el candidato del partido demócrata norteamericano. Sanders anunció durante su campaña el “medicare for all”, la cancelación de la deuda a los estudiantes, entre otras propuestas que generaron detrás de sí un movimiento juvenil progresivo que comenzó a identificarse con el socialismo. Sanders terminó por abandonar este movimiento para llevarlo detrás del que fue su contrincante Biden, el candidato conservador apoyado por el establishment del PD, llamando a hacer campaña por él. Ya David Harvey (2005, p. 121), haciendo referencia a Estados Unidos, escribía en uno de sus textos que todas aquellas medidas que pudieran tomarse como la redistribución de la riqueza al interior de las fronteras, estrategias industriales de revitalización de la manufactura, mejoras en la educación pública, entre otras, requerirían más financiamiento deficitario o mayores impuestos, así como una fuerte dirección estatal, y serían “precisamente lo que la burguesía se negará a contemplar, como sucedió en los tiempos de Chamberlain. Cualquier político que propusiera un paquete como este sería, casi sin duda, silenciado a gritos por la prensa capitalista y sus ideólogos, y perdería cualquier elección ante el poder abrumador del dinero”. Sin embargo, el movimiento que generó el sanderismo visibilizó que hay condiciones para que surja una alternativa de clase, si la izquierda tiene una política para esto, a medida que se desarrolla la crisis.

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Más de 22 millones de trabajadores en EEUU piden el seguro de desempleo.

Así, coincidimos en la intención de debatir una salida a esta crisis a favor de la clase trabajadora y, como señala el autor, debemos sacar lecciones de las experiencias que han antecedido. Si bien no es posible hacer ningún paralelismo mecánico, dadas las circunstancias concretas de cada momento histórico, sí podemos señalar que, en las crisis del siglo XX que ha atravesado el capitalismo, los ganadores han sido un puñado de capitalistas.

Sobre la crisis del 29, los “nuevos keynesianos” recurren a la experiencia del gobierno norteamericano bajo el mando de Roosevelt. Sin embargo, no evidencian los límites que estas políticas tuvieron, ni las condiciones económicas y políticas que permitieron desarrollarlas. Los grandes monopolios del momento continuaron beneficiándose y hacia la 2da guerra mundial, se fortalecieron aún más, producto de la enorme producción en masa en Estados Unidos y a la vez, la enorme destrucción de fuerzas productivas en Europa y los países involucrados en la contienda:

“A comienzos de siglo el 2% de la población de Estados Unidos poseía ya más de la mitad de toda la riqueza del país; en 1929 ese mismo 2% poseía los 3/5 de la riqueza nacional. Al mismo tiempo, 36.000 familias ricas poseían una renta tan grande como 11.000.000 de familias de la clase media y de los pobres. Durante la crisis de 1929-1933 los establecimientos monopolistas no tenían necesidad de apelar a la caridad pública; por el contrario, se hicieron más poderosos que nunca en medio de la declinación general de la economía nacional. Durante la precaria reactivación industrial producida por la levadura del New Deal los monopolistas consiguieron nuevos beneficios. El número de los desocupados disminuyó en el mejor de los casos de 20.000.000 a 10.000.000; al mismo tiempo, la capa superior de la sociedad capitalista, 6.000 personas, acopió dividendos fantásticos; esto es lo que el Subsecretario de Justicia Robert H. Jackson demostró con cifras durante su declaración ante la correspondiente comisión investigadora de Estados Unidos”. (Trotsky, 1939)

Los 70 trajeron otro escenario de crisis. La burguesía internacional impuso una gran empresa que fue el neoliberalismo como respuesta ante la ola de lucha de clases desplegada en el mundo por aquellos años. Esta gran empresa pretendió poner la relación de fuerzas a favor de los capitalistas y el imperialismo, dando un duro golpe a la clase trabajadora que se levantaba. Fue la respuesta de los poderosos al Mayo francés, pero también el otoño caliente italiano, a la lucha antifranquista en España, al movimiento estudiantil alemán, a la Primavera de Praga, al movimiento estudiantil mexicano, el Cordobazo argentino, al movimiento por los derechos civiles y contra la Guerra de Vietnam en EEUU, las luchas por la liberación nacional en los países coloniales, etc. Tatcher, Reagan y la caída del muro de Berlín, fueron los emblemas de esta gran empresa de la burguesía.

Hoy, luego de la crisis del 2008, comienzan a mostrarse enormes fisuras, que se han profundizado y visibilizado aún más con la crisis abierta por la pandemia del COVID-19. No podemos olvidar que venimos de una ola internacional de la lucha de clases, que aún con la pandemia y la cuarentena de 1/3 de la población mundial, continúa latente: los chalecos amarillos, la juventud chilena insurrecta ante el asesino Piñera y la consigna dinamita “No son 30 pesos, son 30 años”, los levantamientos contra los paquetazos del FMI en Ecuador, la valiente clase obrera boliviana contra el golpe de la derecha de Añez, la juventud de Hong Kong, las más recientes huelgas en Francia e Italia.

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Movilizaciones en Chile “No son 30 pesos, son 30 años” PH: Enfoque Rojo.

Hasta acá, han ganado los capitalistas y se ha profundizado la decadencia de la clase trabajadora y de la humanidad en su conjunto. Pero lo historia, no tiene por qué repetirse. No podemos dejar que la aspiración de “superar el neoliberalismo”, se convierta en una consigna que esconda detrás de sí, la salvaguardia de los acomodados magnates que están viendo cómo salvarse. Nuestra bandera, nuestra aspiración, la de los trabajadores y trabajadoras, estudiantes, científicos, la de los oprimidos y explotados tiene que ser la de terminar con este sistema de explotación del hombre por el hombre y conquistar un sistema de igualdad y abundancia, basado en la planificación de la economía bajo el control de las mayorías trabajadoras.

El reconocido Zizek (2020, p.26) , en uno de sus últimos escritos a propósito de la pandemia, hace referencia a una de las escenas de la película Kill Bill, de Quentin Tarantino, cuando Beatrix golpea de muerte a Bill, y sentencia: “la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del Corazón Explosivo” al sistema capitalista mundial, una señal de que no podemos seguir como hasta ahora, de que se necesita un cambio radical”. Ese golpe letal, el que logre modificar la relación de fuerzas a favor de las mayorías, sólo lo podrá dar la clase trabajadora organizada, los esenciales. El éxito de la batalla consistirá en la estrategia. Por eso, la lucha por la conquista de la independencia política de la clase obrera, su rol como sujeto hegemónico, capaz de liderar al conjunto de los sectores explotados y oprimidos, apoyada en un programa que ataque los intereses de los capitalistas, junto con la necesidad de avanzar en la construcción de un partido marxista revolucionario, son tareas fundamentales que tenemos por delante.

Referencias:

  1.  Trotsky. L. (1939). “El marxismo y nuestra época”.
  2. Harvey, D. (2014). “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”.
  3.  Anino, P. (2020). “Los miserables”.
  4.  Badiou, A. (2020). “Sobre la situación epidémica”.
  5.  Luxemburgo, R.(1900) . “Reforma o Revolución”.
  6.  Harvey, V. (2005). “El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión”.
  7.  ibidem.
  8.  Zizek, (2020). “Pandemic! Covid-19 Shakes the World”.

Sobre la autora:

Marina es estudiante de sociología, militante del PTS y nos dijo “es más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin de la tesis”.