PENSAMIENTOS EN VOZ ALTA SOBRE GÉNERO Y EXTRACTIVISMO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por Suyai García Gualda

*Ilustración de portada tomada de Plumas Atómicas

La relación simbiótica que existe entre extractivismo y patriarcado lejos está de ser una novedad para las poblaciones de América Latina. Fácilmente podríamos trazar analogías entre el proceso de acumulación que tuvo lugar al calor de la conquista y colonización con ciertas prácticas violentas que evidenciamos en la coyuntura actual. En este sentido, creemos que, como dice Raúl Prada (2013), el concepto de extractivismo nos permite analizar las problemáticas específicas de un modelo de desarrollo que no solamente busca la acumulación de capital sino que la favorece por medio de la recurrencia a la renovada acumulación originaria a través de la violencia. En suma, atravesamos un período marcado por lo que algunos/as autores/as denominan acumulación por desposesión y/o despojo (Harvey, 2005; Roux, 2008). La combinación del saqueo ambiental con el incremento de la explotación en las relaciones salariales pinta un escenario oscuro en los territorios azotados por el avance de la fractura hidráulica y la mega-minería a cielo abierto.

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El sur de argentina es parte de este lienzo en el que se despliegan múltiples estrategias económicas y políticas que buscan facilitar el desarrollo capitalista en desmedro de las necesidades, demandas e intereses de las poblaciones que allí se asientan. Las zonas de sacrificio aumentan a medida que se instalan empresas extranjeras dedicadas a la extracción de gas y petróleo. Un ejemplo que trasciende las noticias nacionales es el yacimiento Loma Campana en el corazón de Vaca Muerta (Neuquén), territorio de la comunidad mapuce Campo Maripe. En esos territorios la degradación de los bienes comunes (o recursos naturales) y el avasallamiento de derechos se han vuelto moneda corriente, afectándose a la población mapuce y no mapuce de la zona, por caso la localidad de Añelo. Vale señalar que el avance de los capitales sobre los cuerposterritorios desnuda la continuidad histórica de una matriz económico-política que garantiza y sostiene la persistencia del genocidio indígena. 

El modelo predatorio que supone el extractivismo prospera a paso firme con el beneplácito de los sucesivos gobiernos nacionales. A pesar de ello, se observa el resurgir de numerosas voces de protesta a lo largo y ancho de todo el continente americano. En esta nueva cartografía de las resistencias (Svampa, 2011), los pueblos originarios y los feminismos emergen con una fuerza inigualable. No podemos perder de vista que el modelo extractivista concibe a la tierra y a los cuerpos de las mujeres (y feminizados) como territorios sacrificables; agudiza y replica la crueldad sobre estos cuerpos cuyo resultado extremo se convierte en enfermedad y muerte. En estos rincones del globo, el patriarcado y el extractivismo se funden en múltiples y disímiles expresiones, desde conductas micro-machistas hasta delitos como la trata de personas y los feminicidios indígenas. La crisis ecológica que atravesamos en la actualidad es global y nos apremia, por eso como dicen Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya y Cinzia Arruzza (2019), se vuelve urgente entretejer resistencias feministas en articulación con otros movimientos anticapitalistas. 

La Resistencia Feminista 

Los cuerpoterritorios femeninos -y feminizados- son espacios en los que históricamente se dirimen luchas de poder, son anexos a las zonas de sacrificio y, al mismo tiempo, son íconos de resistencia y lucha. Las mujeres “ponen el cuerpo” frente al avance extractivista y la violencia machista. Las mujeres, como se dice en la jerga coloquial, “cuerpean” las políticas de ajuste, el saqueo y la contaminación de los ríos y los suelos; así, cuerpear no significa aguantar o tolerar sino resistir y luchar. Las autoras del libro Feminismo para el 99%. Un Manifiesto afirman, luego de mencionar distintas experiencias, que: “[l]a liberación de las mujeres y la salvación de nuestro planeta del desastre ecológico van de la mano: entre ellas y también con la superación del capitalismo” (2019: 76). Hoy en día, en Argentina somos testigos de la irrupción de los feminismos en la esfera pública a gran escala. Los debates que observamos diariamente nos obligan a pensar en el potencial que tiene la lucha feminista trasnacional. Estamos viviendo una ola feminista que se propaga más allá de las fronteras, una marea que impulsa con fuerza la problematización de numerosos frentes, entre ellos el ecoterritorial. No estamos libres de contradicciones y tensiones, sin embargo, vemos un enorme caudal político capaz de cuestionar y desmontar los cimientos del capitalismo. 

Al calor del Paro Internacional de Mujeres y al grito de Ni una menos, Vivas Nos Queremos, se están hilando historias, experiencias y rebeldías de diferentes colores y matices. Las discusiones al interior de los propios feminismos no dan tregua, y lejos de mostrar debilidad creemos que esto indica una fuerza colectiva sin precedentes. La realidad nos invita a denunciar las múltiples formas de subordinación y discriminación que se intersectan en nuestras vidas cotidianas, a poner al descubierto el racismo, el colonialismo, la explotación laboral y, sobre todo, a montar insurgencias anticapitalistas y alternativas comunes. Se trata de apostar por la superación de ciertos dilemas y miradas dicotómicas, construir desde la complejidad que suponen las políticas de identidad en diálogo con políticas de clase (Arruza et al, 2019). No olvidemos que las luchas por los bienes comunes son, también, luchas por la defensa y el respeto de los derechos humanos; re-pensar las relaciones humano/a-humano/a y humano/a-naturaleza se nos presenta como una meta impostergable en los tiempos que corren. 

Notas sobre una realidad que agobia 

Los feminicidios indígenas y el silencio cómplice de ciertos sectores hegemónicos nos obliga a advertir el valor de los cuerpos de las mujeres, sobre todo de aquellas que en sus cuerpos portan la larga memoria del extractivismo (Seoane, 2012). En el actual contexto excepcional en el que nos encontramos se ha evidenciado un notable incremento de las denuncias por violencia de género y de los femicidios, sin embargo se carece de datos desagregados que permitan conocer cuál es la situación de las mujeres originarias. Sabemos que los sectores más desaventajados de la sociedad son los que hoy sufren las peores consecuencias de la pandemia. Y, claramente, dentro de estos grupos vulnerables encontramos a los pueblos indígenas y más aún a las mujeres. Las mujeres se presentan como las “nuevas” víctimas del desarrollo, aunque, ciertamente la violencia contra las mujeres defensoras de los bienes comunes forma parte de las continuidades históricas que podemos rastrear desde épocas de la conquista, es una violencia normativa y funcional al orden de géneros patriarcal sobre el cual se erigen los estados liberales.

Género y naturaleza

Los cuerposterritorios racializados y subalternos son, una vez más, destinatarios del terror étnico y de género que acompaña a la ofensiva extractivista, por eso las mujeres indígenas denuncian públicamente situaciones de violencia en y contra sus cuerposterritorios; y ponen bajo la lupa la ausencia de relevamientos oficiales sobre los homicidios de lideresas y defensoras de los territorios comunitarios, como también el silencio de ciertas organizaciones y movimientos sociales que hacen caso omiso de este panorama dramático. Los feminicidios indígenas en América Latina nos invitan a reflexionar sobre una jerarquización social de los cuerposterritorios. Dicha jerarquización, según plantea Berlanga Gayón (2015), configura y determina quién vive y quién muere. Esto es lo que los/as autores/as postestructuralistas han acordado en denominar necropolítica. Esta política de la muerte nos retrotrae a la conformación de los estados nacionales y pone bajo la lente que la territorialización de los estados partió del genocidio indígena. En un marco de expansión de las fronteras productivas, el estado continúa su avanzada sobre los cuerposterritorios indígenas y, para ello, hace uso de ciertas políticas “de seguridad” orientadas a proteger los intereses de sectores económicos (al igual que en el siglo XIX), las cuales suponen la represión (y muerte), la criminalización y judicialización de las luchas sociales. En este contexto, el estado por acción u omisión expone a muerte a numerosas mujeres que defienden sus derechos como parte de pueblos y naciones pre-existentes.

Indudablemente, la pandemia ha puesto sobre el tapete la violencia patriarcal a la que están sometidas las mujeres y la exclusión histórica que padecen los pueblos indígenas, los cuales se encuentran a la deriva, expuestos a condiciones de extrema vulnerabilidad. Y, en este sentido, debemos subrayar que es imposible pensar en términos de justicia social y de género si no advertimos la urgencia de observar las desigualdades estructurales que se plasman en los cuerposterritorios de las mujeres indígenas. Hacer lugar a las demandas por reconocimiento de las originarias es una tarea pendiente incluso hacia el interior de los feminismos. Insistimos en la necesidad de afirmar que, a nuestro criterio, para construir feminismos antirracistas y antiimperialistas es preciso asumirnos anticapitalistas. A la vista está que las reivindicaciones de las mujeres originarias no se reducen a una única esfera, no requieren solamente de políticas que reconozcan las diferencias culturales e identitarias sino que suponen, también, un profundo cuestionamiento al modelo de desarrollo capitalista, al estado (liberal, uninacional y unicultural) y con ello a la democracia. 

Referencias

ARRUZA, C., BHATTACHARYA, T. Y FRASER, N. (2019). Feminismo para el 99%. Un Manifiesto. Buenos Aires: Rara Avis. 

BERLANGA GAYÓN, M. (2015). Feminicidio: el valor del cuerpo de las mujeres en el contexto latinoamericano actual. Pelícano, (1), 6-18. Recuperado de http://revistas.bibdigital.uccor.edu.ar/index.php/pelicano/article/view/1022

HARVEY, D. (2005). El “nuevo” imperialismo. Acumulación por desposesión. Buenos Aires: Clacso.

PRADA, R. (2013). Miseria de la geopolítica. La Paz. Recuperado de: http://www.rebelion.org/docs/157961.pdf

ROUX, R. (2008). Marx y la cuestión del despojo. Claves teóricas para iluminar un cambio de época. Herramienta, 38. Recuperado de: http://www.herramienta.com.ar/revistaherramienta-n-38 

SEOANE, J. (2012). Neoliberalismo y ofensiva extractivista. Actualidad de la acumulación por despojo, desafíos de Nuestra América. Theomai, (26). 

SVAMPA, M. (2011). Modelos de desarrollo, cuestión ambiental y giro eco-territorial. En Alimonda, H. (Coord.). La naturaleza colonizada. Ecología política y minería en América Latina. Buenos Aires: Clacso. 

Sobre la autora:

Suyai es Politóloga, Magíster en Género y Doctora en Ciencias Sociales. Fue estudiante de la UNCuyo de grado y postgrado, por eso siempre vuelve (y volverá) a Mendoza. Investigadora de CONICET y docente de la UNComahue.