NÉSTOR, DIEZ AÑOS

Por Lucas Lucero

La muerte de Néstor Kirchner abrió un portal. Fue un evento que alteró la continuidad del devenir argentino. El hecho maldito del país neoliberal.

La primera reacción de los miserables fue de festejo. Apresurados, escribieron en sus diarios los planes para el post-kirchnerismo. La vuelta a la normalidad que el país tanto necesitaba. Subieron las acciones de Clarín, titulaban. La rosca del capital no descansó ni por respeto al luto de miles de argentinos.

En la plaza se hizo cuerpo aquella metáfora de lo social como organismo. Millones sintiendo lo mismo, movilizados por algo que las palabras apenas podían describir, coordinados por consignas que brotaban sin centro. La tristeza, el miedo y la incertidumbre que nos invadió por la noticia temprana se transformó en alegría. Cuando en las pantallas aparecía Lula, Evo o Correa, la multitud coreaba sus nombres, saltaba, una verdadera fiesta popular. Toda esa energía parecía pronosticar una refundación de nuestro país. La militancia y el interés por la política se multiplicó en todos los puntos del territorio nacional. Todo estaba por hacerse. Si bien gran parte de esa euforia disminuyó con el paso del tiempo, Néstor Kirchner y el pueblo que lo abrazó aquel 27 de octubre diez años atrás cambiaron la Argentina. Parimos una nueva certeza: otra nación es posible.