EL COROLARIO DE UN LARGO CICLO DE LUCHAS. Entrevista a Emilio Taddei

Por Comunidad Desconexión

El 5 de noviembre de 2005, en una ciudad de Mar del Plata cargada de protestas y movilizaciones, quedó obturada la ambición estadounidense de crear un acuerdo multilateral de libre comercio para todo el continente. “ALCA, al carajo” gritó Hugo Chávez ante una multitud enfervorizada. Aquel hito histórico no sólo era la síntesis de un extenso proceso de luchas y resistencias, sino que marcaba un punto de partida central para reencauzar los proyectos de integración regional y de solidaridad entre los pueblos del sur.

A 15 años de ese acontecimiento, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Emilio Taddei, Doctor en Ciencia Política, docente universitario e investigador de Conicet. Además de contar con una importante trayectoria en el estudio de las dinámicas políticas y sociales latinoamericanas, Emilio Taddei ha sido partícipe activo de las experiencias de militancia contra el neoliberalismo en América Latina. Entre las clases virtuales y sus otros compromisos se hizo un lugarcito para charlar con Desconexión sobre aquellas jornadas en Mar del Plata y el momento que atraviesa la región en la actualidad.

En general, quienes hacemos la revista hemos ingresado a la militancia y al debate político ya con el No al ALCA como evento simbólico consumado. Para vos que has estado en ese proceso más de cerca, ¿qué significó aquella Cumbre para la región? ¿cuáles fueron sus alcances?

La primera reflexión que me surge en relación a esta pregunta es la necesidad de contextualizar el rechazo al ALCA en noviembre de 2005 en un ciclo histórico más largo. En ese sentido, el No al ALCA en la Cumbre de Mar del Plata fue el punto de llegada de un proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales. Mar del Plata amalgamó la tarea y la militancia de una cantidad de movimientos sociales de Nuestra América con una coyuntura político-gubernamental que se venía modificando en América Latina. Ambas cosas están íntimamente vinculadas porque las transformaciones políticas que experimentó la región a partir del 2001-2002 son inescindibles de un ciclo de interpelación sociopolítica al neoliberalismo. Esta interpelación y esa puesta en crisis de la legitimidad neoliberal está relacionada y se expresó por medio de una serie de conflictos protagonizados por una multiplicidad de movimientos sociales que vinieron a socavar en ese momento la legitimidad de las políticas de liberalización económica y privatización.

Dicho esto, es importante señalar que los diferentes espacios en torno a los cuales se fue articulando una campaña continental contra el ALCA son la expresión de la capacidad de los movimientos sociales latinoamericanos para recrear, construir y darle un nuevo impulso a una tradición que forma parte de la experiencia de los pueblos de Nuestra América, una tradición de solidaridad y de internacionalismo cuyos orígenes se remontan al siglo XIX. Esta cuestión había quedado limitada en la década de los ‘80 (si bien la experiencia de solidaridad continental con la Revolución Sandinista en Nicaragua es una muestra de la persistencia de esta tradición solidaria) y sobre todo de los ‘90 como producto de la ofensiva neoliberal. Sin embargo, hacia fines de los ‘90 y comienzos del nuevo siglo esa tradición de solidaridad de los pueblos encontró en la lucha contra el libre comercio y en la campaña contra el ALCA un punto de articulación muy importante. Al mismo tiempo esta realidad se vincula con una serie de iniciativas y experiencias (como por ejemplo la del Foro Social Mundial) que permitieron una modificación del escenario y la reconstrucción de redes de solidaridad, militancia e intervención política a escala regional y continental puesto que, en el caso del ALCA, la articulación de la campaña no quedó restringida al Cono Sur sino que se extendió al conjunto del continente, involucrando movimientos y actores en EEUU y Canadá.

Creo que el No al ALCA y las diferentes iniciativas -como la consulta popular que se impulsó en diversos países, los sucesivos Encuentros Hemisféricos de lucha contra el ALCA y el libre comercio realizados en Cuba- son una manifestación de la capacidad que tuvieron y tienen los movimientos de Nuestra América para articular iniciativas conjuntas. Mar del Plata no hubiera podido tener la potencia que tuvo sin ese proceso de acumulación.

Y menciono esto sin intención de desvalorizar la acción de los gobiernos que también fue decisiva. En ese punto me parece importante hacer justicia con el papel que cumplió Fidel Castro en la articulación de la estrategia que dio por tierra con la cumbre de Mar del Plata. Fidel fue el gran estratega de la Cumbre y de la necesidad de convergencia de la acción de los Gobiernos y de la potencia de los movimientos. Después hubo, como acertadamente señaló Atilio Boron, mariscales de campo, dos de los cuales fueron, sin dudas, Chávez y Kirchner. Pero Fidel tenía en la cabeza el conjunto del armado de esa cuestión y la historia hizo justicia con su capacidad para pensar y articular un universo muy heterogéneo que venía del campo popular pero de tradiciones diversas.

Por eso para mí la Cumbre de Mar Del Plata pone de manifiesto un grado de madurez política muy importante del progresismo, la izquierda y los sectores populares en América Latina. Lo que estaba enfrente era el Imperio que venía a consagrar su proyecto de dominación sobre el conjunto del continente. Eso se logró frenar más allá de que, frente a ese obstáculo, EEUU luego rearticuló su estrategia, particularmente en relación a los tratados bilaterales o multilaterales. Pero el No al ALCA, en ese sentido, fue decisivo.

Y pensando en el escenario regional actual, ¿te parece correcto hablar de un “fin de ciclo”?

En realidad el No al ALCA, dio paso a un ciclo inédito en la historia latinoamericana. Fue el ciclo en el cual se avanzó como nunca en procesos de integración que no estuvieran bajo la hegemonía de EEUU. Posteriormente al ALCA surgieron al menos tres grandes iniciativas de integración, de distintas naturaleza y  que deben ser leídas como expresión de las iniciativas del campo progresista y de la izquierda: la CELAC, la UNASUR y el ALBA -TCP (la Alternativa Bolivariana para las Américas – Tratado de Comercio de los Pueblos). Estas tres grandes iniciativas surgen como propuestas de integración alternativas luego del “descarrilamiento” del ALCA y de alguna forma, más allá de los límites existentes, marcaron el grado más avanzado de integración en América Latina desde que los pueblos latinoamericanos rompieron el pacto de dominación colonial. Dicho esto, también es justo reconocer que los obstáculos que fueron encontrando los procesos políticos, tanto a nivel regional como subregional, constituyeron los límites de esos procesos de integración. El ejemplo más evidente de estas limitaciones puede ser la iniciativa de creación del Banco del Sur que es una idea necesaria pero que no logró cristalizar por una serie de factores que, en parte, tienen que ver con las citaciones que tuvo Brasil en esa apuesta.

Esto no invalida estos proyectos y en la actual coyuntura nos plantea el desafío de entender cuáles fueron las limitaciones en ese contexto histórico e intentar superarlas. El proyecto de la integración de nuestra América sigue teniendo validez, actualidad y más relevancia que nunca en la redinamización de los proyectos emancipatorios. Si bien las circunstancias y la coyuntura política resultan desfavorables, son de esos proyectos que están latentes y que se irán retomando. 

De esa acumulación de fuerzas que confluyen en la Cumbre de Mar del Plata, ¿cuáles crees que son los elementos que siguen en pie y qué otros deben repensarse?

Una de las cuestiones centrales en el proceso de construcción de resistencia al ALCA fue la convergencia en la idea de que el libre comercio es una invención. Los intercambios comerciales están inscriptos y condicionados por una trayectoria histórica de los países, de los Estados y de los pueblos. A nadie se le escapa que la idea de que los países latinoamericanos pueden tener un grado de integración comercial en igualdad de condiciones con EEUU es algo ilusorio en el capitalismo. En ese sentido, creo que la desmitificación del libre comercio es una idea arraigada que todavía está presente.

Además hay otro elemento, el hecho de que bajo la impugnación a la idea hegemónica del libre comercio también estuvo subyacente el cuestionamiento al creciente proceso de mercantilización de todas las formas de vida que distingue a la fase neoliberal del capitalismo. Esto ha tendido a profundizarse. Hoy por hoy, una de las características de esta nueva fase neoliberal crecientemente autoritaria que transitamos en América Latina es que ese autoritarismo funciona como una palanca del proceso de mercantilización del conjunto de las esferas de la existencia social y del conjunto de la vida. Y esto tiene que ver con las dinámicas que presiden el proceso de acumulación del capital. Son problemáticas que sirvieron de vectores para la convergencia y que están vigentes.

En relación con eso, el ALBA-TCP es un proyecto que estuvo pensado para la integración de los pueblos. Con sus dificultades y obstáculos estableció una serie de prioridades que responden a las necesidades de las grandes mayorías populares en América Latina. Planteó desde el inicio la necesidad de priorizar un modelo agroalimentario capaz de promover la soberanía alimentaria y de generar alimentos accesibles y de calidad, con la intención de evitar que las mayorías populares queden sujeta al chantaje creciente de la especulación financiera sobre los alimentos.

Todas estas cuestiones son elementos que es necesario retomar, reactualizar, fortalecer y potenciar. Incluso la difusión de la pandemia por Covid 19 que afecta severa y prioritariamente a las clases populares pone de manifiesto la importancia que tiene el reforzamiento de los sistemas de salud pública, que fueron devastados por las políticas de privatización, vaciamiento y mercantilización de la salud pública. Esta cuestión debe ser un tema prioritario en los debates sobre el relanzaimento y fortalecimiento de los procesos de integración que no se orientan a atender los requerimientos del gran capital transnacional y regional, sino que contribuyan a promover y consolidar las prioridades de las grandes mayorías populares y formas y modos de vida y de existencia no mercantilizados.

Teniendo en cuenta que los efectos ambientales del modelo de desarrollo dominante probablemente nos expongan a nuevas pandemias, es absolutamente necesario que las clases subalternas y los sectores populares tomen el debate sobre las políticas de salud y los modelos sanitarios, y lo visibilicen en los proyectos de integración de Nuestra América.

Sobre la relación actual de la región con EEUU, ¿qué se juega en la disputa entre Biden y Trump?

La coyuntura electoral en EEUU es muy gravitante, va a tener un gran impacto en América Latina porque su política para con la región está condicionada por la pérdida de hegemonía de EEUU a nivel mundial. Este hecho hace que las clases dominantes del país del norte, tanto bajo las administraciones republicanas como demócratas, intentan y van a intentar seguir profundizando el control geopolítico sobre América Latina y sobre los bienes comunes naturales que son tienen una enorme gravitación en el desarrollo relaciones diplomáticas, comerciales y políticas y en las estrategias militares imperiales.

Ahora bien, un triunfo de Trump tendería a reforzar las políticas xenófobas y de represión hacia las clases populares. En cuanto a las relaciones con la región, su triunfo reforzaría a los sectores más conservadores y autoritarios del amplio espectro ideológico neoliberal. Los peligros latentes podrían transformarse en peligros efectivos. Reforzaría la posición de Bolsonaro y volvería a poner en riesgo la capacidad de supervivencia del nuevo gobierno boliviano ya que, más allá del rotundo triunfo del MAS, el respaldo a los sectores golpistas sería reforzado con el objetivo de desestabilizar la nueva experiencia de gobierno masista, bajo la presidencia de Luis Arce y David Choquehuanca. Un triunfo de Trump pondría como prioridad el sustento político, ideológico, financiero y material para los posibles procesos desestabilizadores de la democracia. De la misma manera, significaría una limitación creciente a las perspectivas que se abren en Chile frente a la Asamblea Constituyente. En el caso de Colombia, las protestas estudiantiles e indígenas que han tenido lugar en los últimos meses estarían bajo una tutela represiva mucho mayor.

Esto no significa que las posiciones de Biden, quien tiene una inocultable trayectoria en la promoción de intervenciones imperiales de EEUU, difiera sustancialmente en relación a la política exterior. Y en relación con ello siempre es bueno recordar que las presidencias demócratas han sido activas promotoras de intervenciones imperiales armadas. Sin embargo, una derrota de Trump, en un contexto latinoamericano que da algunos síntomas alentadores de transformación del actual escenario, puede contribuir a un proceso de reagrupamiento de fuerzas. Sin lugar a dudas, se trata de un hecho político que va a tener gran incidencia en el escenario político de Nuestra América.

Álvaro García Linera utiliza la expresión de empate catastrófico para referirse a la existencia de grandes proyectos en pugna en la región, ¿qué pensás al respecto?

Por empezar, el concepto de García Linera es un término que acuñó en relación a la situación boliviana cuando el MAS ganó las elecciones, Evo se transforma en Presidente y se abre el proceso de reforma constitucional. Se trata de un proceso marcado por un periodo donde las relaciones de fuerza sociopolíticas marcaban la dificultad para asentar el proyecto revolucionario boliviano de transformación y descolonización estatal. Esa situación de empate logró desbloquearse y el proceso político político boliviano pudo avanzar hasta donde fue posible.

En relación a América Latina, la idea de empate catastrófico sirve para ilustrar algunas dimensiones de la actual configuracion de las relaciones de fuerza en la cual, muchos gobiernos neoliberales, encuentran también crecientes resistencias a sus politicas. Considero importante subrayar que en el último quinquenio hubo sin embargo una fuerte ofensiva neoliberal que logró victorias tanto por la vía electoral como por procesos de desestabilización y golpes de Estado. De todas formas la consolidación durable de esta ofensiva y sus efectos políticos resulta, para las fuerzas neoliberales, problemática e inestable.  El ejemplo más emblemático de esta afirmación es el caso argentino donde la experiencia macrista que se presentaba como la esperanza de toda la derecha mundial porque había sido legitimado electoralmente, fue duramente sancionada en las elecciones y perdió el gobierno. En la actual coyuntura el desarrollo de la agenda neoliberal plantea grandes problemas para las fuerzas políticas conservadoras y reaccionarias. En este sentido muchas de estas fuerzas sin dudas logran desplegar una parte importante de sus programas políticos y económicos; pero al mismo tiempo esta situación se enfrenta a procesos de resistencia popular que dificultan la relegitimación política del neoliberalismo crecientemente autoritario.

Por esta razón, me parece importante subrayar que la reactivavción de las luchas sociales aún en el contexto de la pandemia parecen señalarnos la reapertura de un ciclo de conflictos y de importantes disputas sociopolíticas. En la actual coyuntura hay otra expresión de Álvaro García Linera que puede resultar más ilustrativa respecto a los desafíos que enfrentan los movimientos populares: Luchar, vencer, caerse y levantarse, luchar, vencer, caerse y levantarse. Así, hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino. En base a esto, el destino de los procesos de transformación, de los proyectos revolucionarios en América Latina, no es más que una disputa en la cual hay derrotas, victorias, desencuentros, desazones y nuevas conquistas. Lo que sucedió en Bolivia es una clara expresión de que el horizonte y la disputa continúa abierta.

En todo el mundo estamos viendo democracias muy agitadas, ¿qué momento atraviesa la democracia en América Latina?

Más que agitadas, yo diría asediadas o asaltadas. En el último periodo de ofensiva neoliberal hubo una creciente y alarmante ataque y restricción de las condiciones de vida democrática de las sociedades latinoamericanas. Lo que ha marcado el despliegue de la fase neoliberal capitalista en América Latina, desde mediados de la década del ‘70 bajo el formato de las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur, es un sostenido y regular proceso de desdemocratización de las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales y ambientales. Frente a esto, los pueblos latinoamericanos han resistido. En esa resistencia lo que estuvo y está en tensión es la trabajosa construcción de un modelo civilizatorio alternativo al del capital, que resulta antagónico con la idea de una existencia democrática tal como lo observamos y vivenciamos actualmente.

Lo que se aparece de manifiesto con una renovada evidencia es que democracia y capitalismo aparecen como algo cada vez más contradictorio. Y esto no es un invento de las izquierdas y las fuerzas emancipatorias: los propios pensadores neoliberales señalan, con cínica franqueza, que la democracia resulta incompatible con el desarrollo del capitalismo. De esta manera, las luchas por una re-democratización y una profundización de la democracia se inscriben en un horizonte que necesariamente implica el cuestionamiento al orden civilizatorio capitalista y la búsqueda y construcción de un modelo de organización social solidario y ecológicamente sustentable. En el momento en que los movimientos y las luchas sociales de América Latina cuestionan el incesante proceso de mercantilización de la vida, están cuestionando la propia reproducción histórica de esa relación dominante. Se trata de un cuestionamiento no sólo en términos discursivos sino también encarnado en una praxis cotidiana que construye prácticas sociales, basadas en la lógica de la solidaridad y la reciprocidad, que entran en tensión con el principio de lucro capitalista.

En las tres últimas décadas la Argentina ha sido y es un importante laboratorio de experimentación social y política contra el neoliberalismo. Esto se refleja en una acumulación popular que permitió y permite, con mayor o menor intensidad según la coyuntura. En el último periodo hay dos ejemplos emblemáticos, aunque no los únicos, que de cierta forma expresan estas pulsiones emancipatorias y liberadoras: el movimiento de mujeres y los movimientos de la economía-popular. Menciono estos dos movimientos por su capacidad de cuestionar profundamente los procesos de mercantilización de los cuerpos y denunciar la violencia machista y patriarcal y de construir trabajosa pero incansablemente alternativas productivas populares contra la mercantilización de la vida. Estos movimientos contribuyeron fuertemente en los últimos años a cuestionar las políticas del gobierno macrista. Los movimientos de la economía popular y los movimientos agrarios  han logrado visibilizar las nefastas consecuencias que acarrea el modelo de desarrollo agroindustrial dominante y al mismo tiempo han avanzado en la construcción de experiencias de producción, distribución y comercialización alimentaria orientadas a la promoción de la soberanía alimentaria de nuestro pueblo.

Para cerrar, la pregunta que siempre hay que hacer: ¿cuáles creés que son los principales desafíos que enfrentan las izquierdas y los progresismos latinoamericanos a corto y a mediano plazo?

A la hora de plantear los desafíos de las izquierdas y los progresismos surge la necesidad de revisar el pasado reciente y reconocer cuáles fueron su bloqueos e impases, ciertamente acotados por contextos regionales e internacionales aunque esto no suponga deslindar las responsabilidades que les cabe a dichos procesos.

En este nuevo contexto, es necesario tener presente que los triunfos electorales no resuelven los enormes desafíos que tenemos por delante. Desde mi perspectiva, y en un contexto adverso, resulta evidente que la construcción de coaliciones electores amplias y heterogéneas contribuye a evitar los triunfos electorales de los sectores neoliberales autoritarios que hoy promueven procesos de fascistización social. Esas conquistas electorales (como sucede en el caso de la Argentina) deben servir para fortalecer la acumulación de fuerzas de los sectores progresistas y de izquierda con el objetivo de impulsar políticas que permitan retomar y profundizar los procesos de cambio. Esto se hace aún más evidente y necesario en el actual contexto socioeconómico de la pandemia, en cual los sectores concentrados y monopólicos del poder económico pugnan por orientar la acción del Estado en una dirección que refuerce los procesos de concentración económica y la devastación ambiental. Frente a esto es necesario avanzar con decisión en medidas redistributivas y estrategias productivas alternativas que ciertamente incomodan a los poderosos. Pero que si no se adoptan se corre el riesgo de afectar aún más la situación de los sectores populares e abobnar la desazón de una gran parte de la base electoral y social del gobierno. El lamentable desalojo en Guernica es una expresión de las tentaciones y riesgos que supone conceder ante las presiones de los sectores de la derecha y sus hipócritas discursos sobre la defensa de la propiedad privada.

Fotografía: Natacha Pisarenko

En los últimas semanas el gobierno reforzó su apuesta al diálogo afable y cortez con las fracciones concentradas del poder económico, en su tentativa de econtrar una respuesta a la inestabilidad económica promovida por estos mismos sectores. Los resultados de esta estrategia parecen ser muy exiguos y se revelan como potencialmente muy costosos para las clases populares en términos de una efectiva y creciente redistribución de la riqueza. En un contexto sumamente difícil como el que enfrentamos este objetivo requiere de un potenciamiento de la capacidad organizativa y reivindicativa de las organizaciones populares. Y además considero importante subrayar que la prosecución de los objetivos de justicia social hoy es, como nos lo demuestra la crisis ambiental, inescindible de consideraciones de orden ecológico. Para decirlo en otros términos: no solamente se trata de discutir los mecanismos efectivos para la distribución de la riqueza socialmente producida sino, y al mismo tiempo, las formas y modalidades de producción de la riqueza ya que no es posible seguir promoviendo un modelo productivo y de consumos que está destruyendo el planeta y propagando epidemias y pandemias.

No se trata ciertamente de una tarea fácil, sino que la misma  supone un debate que en el seno de las fuerzas progresistas y de izquierda debe darse con sensatez, respeto, solidaridad y honestidad. Sobre todo porque es un debate que involucra e interpela a sectores y tradiciones políticas de raigambre nacional-popular cuya militancia y acción política es tributaria de tradiciones productivistas que hoy se ven confrontadas a los efectos de la crisis climática y ecológica. De nada sirve recuperar dos o tres puntos de crecimiento económico a costa de, por ejemplo, invadir el país de granjas porcinas o de proyectos megamineros: es pan para hoy y más injusticia social y ambiental para mañana que afectará en primer lugar a los sectores más empobrecidos. La alta contaminación que producen tiene consecuencias sociales directas que impactan en la profundización de la pobreza en los procesos migratorios urbanos.

Finalmente, un tercer desafío, que no por obvio es menos importante, es la lucha contra la fascistización social que resulta consustancial con los intentos de relegitimación y profundización del rumbo neoliberal. Si hay algo que caracteriza a la nueva fase neoliberal es una tendencia creciente a la fascistización de las relaciones sociales, a la criminalización creciente de la pobreza y a la supresión del Estado de derecho o a su resignificación en términos de la preeminencia del derecho privado (en particular el derecho a la propiedad privada) por sobre el derecho público. El combate actual contra el fascismo es una tarea central de los sectores progresistas y de las izquierdas latinoamericanas. Una lucha que no es sólo regional sino internacional, y que debe marcar en lo inmediato un punto de convergencia y de acumulación de fuerzas.

Agradecimientos:

Agradecemos enormemente a Emilio Taddei por su tiempo y el trabajo dedicado a la revisión del texto. Y un agradecimiento especial a Paola Bayle, coordinadora académica de la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la FCPyS-UNCuyo, por gestionar el contacto con el entrevistado.