UNA REGIÓN CONVULSIONADA EN UN MUNDO BIZARRO. Entrevista a Juan Elman

Por Comunidad Desconexión

Desde su formación, el pensamiento latinoamericano es ineludiblemente un “pensar en el mundo”, es decir una lectura de lo que hacemos con lo que el mundo hizo y hace de nosotrxs. Ese es, quizás, uno de los gestos más importantes de la Cumbre de Mar del Plata en 2005, el de volver a poner en discusión el lugar de América Latina en el escenario internacional y el de promover una gimnasia de relaciones que nos permitiera negociar mejor nuestro papel en ese boloqui. A 15 años de aquel acontecimiento, la apuesta de leer la región más allá de sus fronteras sigue siendo sumamente relevante. 

Con esa hoja de ruta charlamos con Juan Elman. El entrevistado estudia Ciencia Política en la UBA y ejerce con frescura el periodismo en temas de política internacional. Gran curador de memes, Juan hizo este jueves la última entrega de “Mundo Propio”, su newsletter semanal para Cenital. Además, es colaborador de diversos medios como Anfibia, Futurock o Radio Con Vos y actualmente participa de las experiencias nacientes elDiarioAR y el canal de noticias IP. El grupo de whatsapp de esta revista parece casi una sucursal de los newsletters de Cenital. Hay fracciones internas, está La Juan Elman, La Casullo, La Tomi Aguerre, La Schargrodsky y así. ¿Cómo no invitar al flamante campeón del mundial de esos newsletters a charlar sobre la región? Aquí vamos, entonces: todo lo que usted siempre quiso saber sobre América Latina y no se animó a preguntárselo al mundo.

En Mundo Propio una idea que aparece bastante es que “se picó” en algún lugar o en varios lugares. ¿Qué mundo tenemos hoy y cómo se inserta América Latina en ese escenario?

Lo primero que hay que decir es que es una región que ha perdido mucha gravitación en el último tiempo. En el plano económico, diplomático y militar hoy no es una región que tenga una influencia significativa, y tampoco posee el interés que tienen otras regiones. Por ejemplo, en términos de desarrollo, población, mercado, uno se fija en África antes que en América Latina; si se miran las tasas demográficas a futuro en África hay un interés mayor. O si uno piensa en términos de conflictividad, ahí la región es menos conflictiva que Medio Oriente o Asia Pácifico, donde China se está proyectando no sólo como potencia económica sino militar, y que despierta mucho interés por tener voz y voto en el trazado de reglas de seguridad. Analizando estos factores, se entiende por qué América Latina no es una prioridad para las potencias, a pesar de que ahí se pueden hacer algunos asteriscos como Venezuela, sobre todo por el involucramiento de China y Rusia, que hace encender el interés.  

Interesante pensar cómo a veces no está tan mal no estar en el centro de la escena, no ser el foco de las crisis o de la conflictividad, ¿no?

Sí, ahí hay distintas miradas: hay quienes piensan que tiene un lado positivo no estar en el foco de la escena internacional, otros te van a decir que no es así. 

¿Cuál es la relación actual de Estados Unidos con la región? ¿Se juega algún interés regional en la elección norteamericana? En el caso de que no gane Trump, ¿puede cambiar el mapa político? [Es importante aclarar que la entrevista se realizó la semana previa a las elecciones de EUA]

No se si va a cambiar tanto el mapa político, en referencia a quienes gobiernan. Sí me parece que va a haber un cambio en el acercamiento de EEUU a la región, más que nada por el cambio del perfil y las formas. Y digo esto porque la política exterior de EEUU va a sufrir modificaciones si Biden es presidente. El acercamiento de Trump a la región ha estado marcado, como el resto de su política exterior, de manera unilateral y guiado por la idea de “despreciar” ciertas instancias multilaterales y ciertos aliados. Este acercamiento también ha priorizado a los territorios más cercanos: a Venezuela, por su peso electoral en Florida, también a Cuba, a Nicaragua y a Colombia que es su aliado estructural en materia de seguridad. Creo que una presidencia de Biden, que es el escenario que hoy vemos más posible, por un lado incorporaría nuevos temas a la agenda, principalmente Derechos Humanos, que al menos como slogan va a estar; y un tema más importante, que yo creo que es el crucial, es la incorporación de la agenda climática. Eso va a significar un giro de 180 grados en la relación con Brasil. Por un lado, Bolsonaro perdería no solo un aliado externo, sino un activo que él canaliza para su retórica doméstica. Tiene una base electoral a la que le atrae esta idea de que Bolsonaro es amigo de Trump y tiene acceso a la Casa Blanca, algo que no es exactamente así pero que se puede motorizar en términos narrativos. Eso no solo se va a perder, sino que además la política ambiental que tiene Bolsonaro, sobre todo en el Amazonas, va a estar sujeta a un escrutinio más fuerte por parte de EEUU. Por otro lado, el hecho de que cambie la política exterior estadounidense y que se deje de priorizar el enfoque unilateral y se pase a algo más multilateral, puede llevar a que se conforme algún tipo de bloque con Europa, lo que sumaría más presión a Bolsonaro. Así como Bolsonaro pierde algo, también van a haber otros líderes que van a tener que redefinir cómo se paran ante Estados Unidos. Uno de ellos es Iván Duque, en Colombia. Si Trump pierde, el uribismo, tanto en materia exterior como hacia el interior, va a sufrir transformaciones. Algo que vemos en Latinoamérica y también en el resto del mundo es que Trump ha empoderado muchísimo a la extrema derecha, les ha dado un manual de instrucciones, ha normalizado ciertas expresiones que hasta hace un tiempo eran inaceptables; a nivel mundial, la derecha probablemente tenga que hacer cambios. Bolsonaro e Iván Duque (aunque éste no se encuentre dentro de lo que se denomina extrema derecha) son en Latinoamérica los principales líderes que hacen gala de la relación con Trump, entonces hay que ver cómo quedan en este hipotético nuevo escenario. 

Volviendo a tu pregunta, la clave va a estar en el cambio de formas, y en la nueva agenda que se pueda plantear. La cuestión de fondo, estructural, no creo que varíe mucho. Por un lado, porque no creo que Biden le de mucha importancia al tema, pienso que él va a estar más enfocado, al menos en un primer momento, en la crisis sanitaria y económica de EEUU, y por supuesto en el frente externo donde hay otros rivales y otras regiones de mayor peso que América Latina. Creo que en ese sentido va a haber una continuidad, lo que no significa tampoco bajarle el tono y pensar que Trump y Biden son lo mismo. 

Es interesante la importancia de esta elección, sobre todo pensando de lo que venimos, con un Trump que no tiene pelos en la lengua y que dice cosas que a muchos nos repele. Y pensando también el caso particular de Colombia, que actualmente vive una crisis de DDHH importante. 

Sí, pero algo a tener en cuenta es que entre Colombia y EEUU pesa mucho el senado. Colombia recibe mucha ayuda externa de EEUU, eso es un elemento central para la política de seguridad del país, y es el senado quien aprueba el presupuesto. Así que ahí hay que mirar no sólo quien gana la Casa Blanca, sino a manos de quién queda el senado (si demócratas o republicanos).

Vos mencionas que Trump ha servido de respaldo a líderes de derecha. En el caso de Bolsonaro, a quién las encuestas lo muestran con un gran apoyo, una imagen positiva. ¿A qué creés que se debe?

Primero hay que decir que Bolsonaro siempre mantuvo un núcleo fuerte de cerca de un tercio, aún en los momentos más complicados con la pandemia y con los escándalos de corrupción. Este tercio está conformado no solo por los más fanáticos, sino por sectores evangélicos, policías retirados, agronegocios, quienes ven en Bolsonaro a alguien que protege sus intereses. Ese piso siempre estuvo; lo que termina de ampliar ese piso es el programa “renta Familia”, que transfiere a la población beneficiaria 600 reales. Este programa es la ayuda social más grande de la historia del país, que comenzó con la propuesta de Bolsonaro de 200 reales, y el congreso (el cual es aún más impopular que el mismo presidente) cierra en 600. Esto no lo explica todo, pero es algo que Bolsonaro puede usar a su favor, como algo propio, y por supuesto termina cosechando toda la popularidad que implica la ayuda social, sobre todo en regiones donde antes no tenía ese apoyo. Entonces lo que vemos es que ha perdido votantes en las clases medias y altas, lo que se cristaliza con la salida de Moro del gobierno y los escándalos de corrupción, pero en simultáneo capta votos de los sectores más bajos. Por otro lado, la idea que tiene Bolsonaro del coronavirus, esto de “está todo bien, no era para tanto, se puede seguir viviendo normal”, terminó prevaleciendo en todo Brasil. Además de todo esto, hay también un signo de los tiempos que se da en Brasil y en el resto del mundo, donde la polarización, el movilizar pasiones y el apelar a la guerra cultural sirve a algunos líderes para mantener un piso de apoyo, por más de que no se muestren logros de gestión.

¿Cómo ves el debate público, en los medios y en la ciudadanía en general, respecto de los temas regionales y mundiales? ¿Por qué sería importante que estos temas estén en agenda? 

Creo que, en la discusión pública, el lugar que se le da a la coyuntura internacional es mínima, y pasado por dos tipos de prisma. El primero es esta idea de nacionalizar discusiones, que es un poco lo que pasa con Venezuela. Hablar de Venezuela para el discurso público argentino, es hablar más de Argentina que de Venezuela, lo que también sucede en otros países como Colombia o España. Ponemos a Venezuela a disposición de la lucha política nacional, empieza a jugar en el escenario político, ya sea para acusar, ya sea para defender.

El segundo es el que podríamos denominar “ombliguismo”, que es pensar al mundo únicamente en función de los intereses y la posición argentina. La gran pregunta siempre de “¿esto cómo nos afecta a nosotros?” es una especie de necesidad de justificar el por qué miramos un país o una región. Y si bien mirar lo que hace China o Estados Unidos ayuda a entender en qué lugar está Argentina, para hacer esto es necesario correrse, salirse de esa postura ombliguista. Después también hay otras cosas, como por ejemplo saber que para los productores y editores, para quienes deciden el contenido, lo internacional no es prioritario, entonces se genera un círculo vicioso: dicen que a la gente no le interesa, por ende muestran una visión bastante aburrida o banal de lo internacional, hablando del “argentino que vive en tal lugar” y cuenta su experiencia, y no dando una información formada, entonces así tampoco se logra generar un interés. Y por el lado de los periodistas, hay una necesidad de darle una vuelta de rosca y no hacer cuestiones solemnes, sino más divertidas y entretenidas.

¿Cómo le hacemos llegar eso a alguien que está afuera de la discusión política, y que tal vez necesita una cuestión de cercanía, para sentirse interpelado por el tema sin caer en este ombliguismo que mencionás? 

Estoy de acuerdo de acercar la discusión dándole importancia al cómo. En una cultura globalizada como en la que vivimos estamos conectados todo el tiempo con lo que pasa en el mundo: vemos películas, series, escuchamos música de otras partes. No es que haya que hacer un esfuerzo sobrehumano en ese sentido, ni que haya que ser un experto en temas internacionales para entenderlo. Entonces se puede generar cercanía usando referencias comunes, se me ocurren capítulos de Los Simpsons para explicar las elecciones en EEUU, por dar un ejemplo. La clave es generar interés y cercanía de distintas maneras, más creativas y no únicamente asociándolo a que le pasa al país en relación al tema. Esa ha sido mi experiencia y ha funcionado. Ese es el primer punto, el cómo. El otro punto a tener en cuenta, y que es vital para cualquier periodista, incluso debería ser nuestra vocación, es explicar, contar las cosas de la manera más sencilla. Esto también contribuye a que la gente se sienta cerca y que lo tome como un servicio, saber que puede leer una nota en la que le cuentan todo sobre un tema particular, sin que se den por sentados ciertos contenidos comunes. Y en esta tarea es fundamental jerarquizar la información y poder discernir qué es lo más importante a comunicar. 

En relación al cómo se comunica, queríamos preguntarte cuál es tu postura respecto a la “escasez” de mujeres (al menos a simple vista) que se dediquen de lleno a los temas internacionales en los grandes medios periodísticos. 

Algo que conversamos con algunos colegas varones es la poca cantidad de mujeres que hay en el ámbito del análisis y periodismo internacional, que también se replica en otros ámbitos del periodismo como el político o económico. Y si bien en estos dos últimos temas se la ha ido dando lugar a más mujeres, no pasa lo mismo en internacionales, aunque creo que es cuestión de tiempo que se revierta. También hay que decir que desde el periodismo tenemos un rol y es el de citar más mujeres. Por distintos motivos a veces se termina mencionando a citas de autoridad que suelen ser varones y eso reproduce la exclusión. En el caso de internacionales, hay un vínculo muy estrecho con la academia y en ese campo hay muchísimas mujeres excelentes investigando los temas más diversos que se te ocurran, entonces es lograr hacer ese cambio de visión y empezar a incorporarlas aún más. 

¿Qué fuentes considerás relevantes para informarse hoy de lo que pasa en América Latina y el mundo? Y ya que venimos hablando de incorporar mujeres, ¿a quienes nos recomendás?

De América Latina me gusta mucho un newsletter que hace Jordana Timerman; Silvia Colombo es una gran colega de Folha de São Paulo que cubre América Latina; Leticia Martinez que cubre diversos temas en una gran profesional, lo mismo Ayelén Oliva; Dafne Esteso es una académica que sigo mucho para lo que es la cuestión de China. En temas de defensa, sigo mucho a Ruth Diamint; en organismos multilaterales y comercio global sigo a Diana Tussie y Luciana Ghiotto. Me gusta el trabajo de Paulina Astroza, académica chilena que se dedica a temas de la Unión Europea. Para Estados Unidos, Anabella Busso para las cuestiones domésticas; Valeria Carbone en lo que respecta al racismo en Estados Unidos. Victoria Murillo más hacia lo que es la ciencia política y la polarización; Yanina Welp en lo que es democracia. Florencia Rubiolo es muy buena en todo lo que es financiamiento chino. Todas ellas son las primeras que se me vienen a la mente. 

¿Y medios para seguir?

El País tiene una sección de internacionales que es excelente y trata muy bien los temas latinoamericanos. Rafael Matus es corresponsal de La Nación y en Estados Unidos hace un muy buen trabajo. Folha de São Paulo para América Latina también es muy bueno. Un medio nuevo del que voy a ser parte es elDiarioAR, proyecto hermano de elDiario.es de España. Y después hay proyectos particulares que son interesantes, como “Efecto Cocuyo” para Venezuela, “La Silla Vacía” para Colombia. 

Agradecimientos:

Queremos agradecer especialmente a Mariano Schuster, amigo de la casa, que nos permitió acceder a esta entrevista; y al mismo Juan Elman quien, a pesar de su abarrotada agenda, se tomó el tiempo para dialogar y compartir su parecer con nosotrxs con la mejor onda.