LA CUMBRE DE LA FELIZ

A 15 años de la Cumbre de Mar del Plata.

Por María Rosa Goldar

La firma de un tratado de libre comercio de Canadá hasta Ushuaia fue la aspiración de EEUU para consagrar su absoluta hegemonía en América Latina y que dio en llamarse ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). El Consenso de Washington y el predominio de las políticas neoliberales en prácticamente toda la Región durante la década de los noventa, era la antesala que hacía que la pretensión norteamericana no fuese descabellada. Si bien el Mercosur era una integración de los países del Cono Sur, su origen y los fines a los cuales servía hasta ese momento no eran incompatibles.

Los TLC –Tratados de Libre Comercio- de EEUU con países de la Región ya tenían plataformas previas como el NAFTA y con varios países de Centroamérica ya se habían firmado bilateralmente. En algunos con mayores resistencias (como el caso de Costa Rica) pero en otros con total permeabilidad. También el Plan Colombia era la antesala perfecta para el entonces sueño americano.

Si la foto de los presidentes Kirchner, Chávez y Lula quedará grabada en nuestras retinas como consagración de ese momento histórico del No al ALCA, no lo es menos -para quienes venimos de militancia sostenida en los movimientos sociales- la foto del tren Buenos Aires – Mar del Plata y la gran marcha y concentración en el estadio bajo la lluvia de aquel 5 de noviembre de 2005, en el marco de la contracumbre o Cumbres de los Pueblos, de la que participó Evo Morales como dirigente social ya que aún no había sido electo como Presidente de Bolivia.

Algunos antecedentes

No pasaban de ser testimoniales algunas acciones que emprendimos durante varios años como maniobras de visibilización, sensibilización, información y –muchas también- de educación popular que pretendían instalar la importancia de rechazar el tratado de libre comercio ALCA. Había antecedentes fuertes como la campaña “Sin Maíz no hay país” en México que buscaba mostrar cómo impactó en el alza de los precios alimentarios el NAFTA para ese país.

También venían conformándose redes y espacios movimentistas con significativo grado de consolidación, siendo quizás la más importante la “Alianza Social Continental” que articulaba movimientos sociales de toda América Latina y que contaba con fuerte presencia sindical. Sin embargo, no lográbamos perforar los límites de esos espacios y ganarlos en el seno de la llamada opinión pública. La propuesta de resistencia al ALCA era absolutamente ajena a la cotidianidad que se vivía por aquellos tiempos post 2001. Las preocupaciones eran otras: gran parte de la población estaba luchando por la sobrevivencia del día a día en miles de familias que habían quedado en la desocupación o subocupación, viviendo de changas; los “corralitos bancarios” y la pérdida del poder adquisitivo del salario para lxs trabajadorxs formales tras la salida devaluatoria de la convertibilidad. Esto se conjugaba con la apatía o reversión hacia “la política”, resabio del que se vayan todos, que el gobierno de Néstor Kirchner aún no lograba revertir.

Al mismo tiempo, si bien se venía de varios años de transitar el Foro Social Mundial (FSM) que se erigía como contracara del Foro Económico de Davos y que año tras año congregaba a millares de organizaciones de todo el mundo, con la idea de plantear “OTRO MUNDO POSIBLE”, esta era una agenda “militante”.

¿Qué significó la Cumbre de Mar del Plata?

A modo de punteo que articule la implicancia de la Cumbre de Mar del Plata con un balance de las aperturas que generó, van las siguientes líneas:

Para comenzar, una puesta en primera plana de que Bush se volvería sin su ansiado trofeo por el que venían bregando (como expresión de una estrategia imperial de orden económico comercial de plena y marcada subordinación) y que a pesar de las presiones diplomáticas, la fuerte decisión de los gobiernos de un grupo numéricamente menor de países (cinco solamente), hace que la Cumbre culmine con una emblemática frase: “Goodbye, Mr. President!”. La misma marcó un fuerte ícono de una nueva etapa para la Integración para América Latina como proyecto político que –por entonces y a lo largo de los 10 años siguientes- se avizoraba o esperanzaba como un proyecto soberano sin el tutelaje de EEUU y de dejar atrás la hegemonía del neoliberalismo como proyecto económico, político y social para la Región. 

A su vez, la demostración efectiva de que un conjunto de gobiernos populares estaba irrumpiendo y coincidían en un tiempo/espacio que daría un giro histórico para avanzar en el sueño de la Patria Grande. Y que no era sólo encontrarse en una Cumbre sino concretarla en instrumentos de integración regional concretos: la creación de la UNASUR, el giro a una integración de otro carácter del Mercosur (no sólo ni principalmente comercial) sino una integración popular. Y el anhelado y no concretado Banco del Sur.

Por otro lado, la expresión de un giro histórico para la vida política de la Región. Giro que tendrá como protagonistas indiscutibles a los movimientos sociales populares de la Región, que venían de articular múltiples resistencias a las políticas neoliberales y que pasaban a constituir actores políticos insoslayables en el ascenso y/o consolidación de esos gobiernos de nuevo cuño. La apertura a un nuevo modo de articulación entre movimientos sociales populares y gobiernos, que siempre estuvo cargada de tensiones y no encontró un único cauce (convivieron expresiones más autónomas de los movimientos sociales, con expresiones más articuladas en los gobiernos y otros con una siempre distante y suspicaz relación). Lo que fue innegable es que esa articulación gobierno-movimientos sociales sería un sello de agua para la etapa de consolidación de gobiernos progresistas, populares, de socialismo Siglo XXI y/o cualquiera de las expresiones con que se trató de caracterizar a los gobiernos y a los procesos políticos que vendrían. Procesos frente a los cuales EEUU y sus corporaciones económicas comenzaron a delinear otras estrategias geopolíticas para América Latina luego de enterrado el ALCA: ALCA-ALCA- AL CARAJO (Hugo Chavez en su discurso junto a los movimientos sociales de la Cumbre de los Pueblos).

A partir de entonces, nuevos aires surcaron nuestra Región no exentos de dilemas, tensiones, contradicciones pero que, sin duda, la Cumbre de Mar del Plata fue un hito insoslayable que, como punto de inflexión, marcó la vida política y social y re delineó la geopolítica regional en los siguientes 10 años. 

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Como punto de vista complementario a estas líneas y conocer cómo fue el proceso desde “palacio” sugiero esta entrevista al entonces Canciller Jorge Taiana: https://www.pagina12.com.ar/303861-a-15-anos-del-no-al-alca-las-negociaciones-y-las-presiones-q

Sobre la autora:

María Rosa Goldar es Lic. en Trabajo Social (UNCUYO) y Magister en Ciencia Política y Sociología (FLACSO). Profesora de la FCPYS, con un largo camino recorrido en torno a la educación popular, los derechos humanos y los movimientos sociales