LA TIERRA PROMETIDA II: El Maestro llamó al maestro

Por Sol Frasca Tosetto y Cristian Frasca

Dijo él: “Yo soy voz del que clama en el desierto:
Rectifiquen el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías”

(Juan 1: 23)

El padre Jorge Contreras fue un cura mendocino, uno de los llamados sacerdotes tercermundistas, que a pesar de los palos que recibió en la década del ‘70, pudiendo haberse ido, decidió seguir al lado de lxs que menos tenían. Su llegada al seminario fue ya de grande, es de las llamadas “vocaciones tardías”. Previo a eso su vocación se vio abocada a la docencia, desde sus comienzos como estudiante en la escuela Normal hasta su egreso como profesor de historia y geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. Parte de su tardío ingreso al Seminario se debe, también, a que tuvo que cuidar a su padre, quien estaba ciego. Estuvo a cargo de su cuidado hasta que su hermano menor finalizó su carrera de medicina. Ahí fue que el maestro decidió seguir el llamado del Maestro.

El peregrino de las arenas

La Villa Tulumaya es la “puerta” de ingreso al desierto de Mendoza, tierra de los Huarpes, habitantes originarios de Mendoza. No podemos hablar de Jorge Contreras, sin antes hablar del desierto y los que lo habitan. Hace 200 años era una tierra próspera, con un elemento fundamental: el agua. Aunque pocos los saben, gracias a ella los Huarpes cultivaban un cereal que hoy no existe en la zona: el trigo (que incluso se llevaba a la Ciudad de  Mendoza y era exportado a Chile). Todo eso terminó con el confinamiento del Río Mendoza aguas arriba, en el Dique Cipolletti. El agua dejó de llegar, las Lagunas del Desierto fueron cada vez más pobres en agua, en recursos naturales, y sus habitantes tuvieron que aprender a vivir sin ello, modificando sus costumbres ancestrales. De alguna manera, se volvieron extranjeros en su propia patria.

Fotografía: Máximo Arias

En medio de esta pobreza, asomó un signo de luz: la capacidad de encuentro y de celebrar la vida de la gente. El pueblo lavallino se caracteriza por unir en sus fiestas a la Pachamama y a la Virgen del Rosario. Las fiestas de Las Lagunas son una mezcla de fervor popular y religiosidad donde, una vez al año, se reencuentran las familias y aprovechan para casarse, bautizarse o simplemente conocer a su futuro compañero/a para las noches frías del desierto. Sin esa comunión de los cuerpos y de las almas probablemente los pueblos originarios del desierto lavallino hoy habrían desaparecido por el poder avasallante de la “civilización occidental y cristiana” que, como decía alguien, actúa como “incivilización accidental y cretina”.

En este contexto Jorge Contreras hizo suyas las palabras del Bautista: estuvo siempre al lado de lxs olvidadxs. Defendió su derecho a ser reconocidxs, a ser respetadxs. Ayudó en distintos lugares a la formación de Cooperativas rurales para la producción y comercialización de la miel. También en la construcción de viviendas por el sistema de ayuda mutua. Se enamoró del desierto lavallino, de su gente y de su Madre del Rosario. Fue tal su compromiso con Lavalle y su gente, que con razón fue llamado El Peregrino de las Arenas.

El principal problema que se encontró en Lavalle fue la existencia de terrenos que, sin pertenecer al desierto, eran improductivos. En relación a esto, gente conocida del Jorge se contactó con un grupo conocido como “Familia Kolping”. No era una “familia” como cualquiera pensaría, tampoco tenía que ver con la mafia. Era una institución cercana a la Iglesia que luchaba por la promoción humana en sus muchas facetas. En este caso, en ese terreno improductivo, lograron sembrar, cultivar y montar talleres de capacitación en agricultura familiar. Con el tiempo se logró la compra del terreno y la gente empezó a comercializar sus productos.

Esa relación fue clave respecto de lo sucedido el 26 de enero del ’85: Mendoza se vio sacudida por un gran terremoto que destruyó numerosas viviendas. El Jorge se contactó con los Kolping y un tiempo más tarde, con los mismos damnificados, fundaban la Cooperativa para la construcción de viviendas “La Colmena”. Los “herederos” de esas acciones siguieron sus pasos: talleres de capacitación en costura, otros emprendimientos agrícolas en Jocolí, Mendoza, donde campesinos sin tierra, en campos “improductivos”, cultivan y venden sus productos; ejemplos sobran.

Pero no todo fueron alegrías. Mucha gente de Lavalle no estaba de acuerdo con la Acción Pastoral de este cura “zurdo”, que había venido a alborotar a la gente, a meterle ideas “raras”. Que no se conformaba con celebrar misa y hacer alguna que otra procesión. Lavalle se encontraba fuertemente dividida entre los que lo consideraban un lavallino más que intentaba caminar junto a su gente, y los que lo veían como una amenaza a sus intereses económicos y también políticos. Al final fue trasladado para evitarle tener que seguir soportando el maltrato no sólo hacia él, sino también hacia la gente que lo acompañaba. Pero su labor cristiana en pos del derecho a un hábitat digno no concluyó allí.

El des-arraigo: el caso del Barrio La Gloria

El Barrio “La Gloria” surge por necesidad del gobierno de facto, alrededor del año 1977 (un año antes del mundial de fútbol). ¿Cuál era? Erradicar los asentamientos y villas de emergencia que se ubicaban alrededor del ex “Autódromo General San Martín” (particularmente en la zona de “La Olla”). ¿Por qué? Porque en ese lugar se construiría a futuro el estadio mundialista (hoy llamado “Malvinas Argentinas”). El problema no era tanto el uso de los terrenos aledaños, sino un problema “estético”: estos grupos “afeaban” la vista… ¿Y qué imagen se daría de cara a lxs extrajerxs que visitaran la provincia para el mundial?

Es por esto que se decide crear, en el este del departamento de Godoy Cruz, un barrio para trasladar, a la fuerza, a lxs habitantes de estos terrenos. Se idearon pequeñas viviendas (en cantidad de habitaciones y tamaño de los terrenos). Esta supuesta oferta de vivienda “digna” no contemplaba algunas premisas básicas de la realidad de las familias que trasladaron: el pensar en hogares con familias tipos, y no en los hogares con familias ensambladas que prevalecían en los asentamientos; el desconocer la necesidad espacial en relación a la situación socio-ocupacional: la mayoría de las personas se dedicaban a cartonear y, para esto, contaban con carros y animales de gran tamaño.

Así, entre el traslado forzado y un espacio que los “desconoció” (al punto de tener que abandonar su fuente de sustento) es que se empezó a acrecentar una de las características principales que se asocian, hasta el día de hoy, con el barrio La Gloria: La violencia que se convirtió en pan de cada día. El barrio se convirtió en una prisión abierta: un lugar no elegido, no buscado.

Muchos años después, el padre Contreras comienza su acción pastoral en dicho barrio, donde vive hasta el fin de sus días. Allí, encontró en la formación de la  murga barrial “Los Gloriosos Intocables” su gran espacio de trabajo: encontrar la alegría como trinchera contra la violencia (podemos pensar esto en relación a la labor del Padre Mujica). Así comenzó a caminar el barrio, comprender una nueva realidad, muy distinta a la ruralidad que se acostumbró en Lavalle, pero de nuevo teniendo en claro, que la paz espiritual no se alcanza sin la paz terrenal. 

El Rector que lavaba sus medias

Y si bien estas notas buscan mostrar la labor enlazada de estos sectores de la iglesia con el derecho a la tierra, entendemos que la opción por los pobres va de la mano, y por eso queremos hacer un paréntesis para recordar esta opción que encarnó Jorge Contreras.

Si algo caracterizó al Jorge, además de su compromiso con los que menos tienen, fue su humildad y su obediencia. En 1986, el Arzobispo le pide una tarea: ser Rector del Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Rosario. Nada más lejos y fuera de su perfil que esa tarea que su Obispo le encargaba. Tenía mil fundamentos para negarse y todos válidos. No quiso esgrimirlos. Su disponibilidad estaba por encima.

A pesar de su cargo, siguió siendo y viviendo pobre: era común verlo en la noche, luego de terminar con sus tareas “rectorales” o habiendo hablado con muchos seminaristas durante el día, lavar el par de medias que había tenido puesto (el único que tenía), para colocarselo al otro día. También era habitual que algún amigo o conocido le regalara alguna campera nueva y, al poco tiempo, se lo viera con la misma campera vieja de siempre: probablemente alguien pasó, tenía frío, y él le entregó la prenda nueva. Estas actitudes las repitió durante toda su vida. No sólo hizo una “opción por los pobres”. Fue y vivió como tal.

Y esto se vió reflejado el día de su sepelio, en el barrio La Gloria. Difícil definir con una sola palabra qué significó el padre Jorge Contreras para esa comunidad y para la Gran Comunidad mendocina. Humanitario, solidario, compañero y humilde fueron sólo algunas palabras que intentaron detallar su personalidad. La obra que llevó adelante acompañó a los vecinos de esta barriada en momentos difíciles, por eso durante la jornada todos quisieron estar con él.

Más de dos mil personas lo despidieron y muchas otras llegaron al Parque de Descanso, en Guaymallén, sitio en el que se sepultaron sus restos. Pocas veces se vio en el sepelio de un cura gente de tan diferentes pensamientos, concepciones filosóficas y políticas. Mezclados, como queriendo fundirse en un enorme abrazo a ese hombre que nos dejaba, estaba la gente del Partido Comunista, los Hare Krishna, Las Agrupaciones gauchas, Las Abuelas de Plaza de Mayo, Los Pastores evangélicos. Ninguno estaba por compromiso. Sentían al Jorge como un hermano. Pero los que “coparon” el barrio La Gloria, en la parroquia Virgen Peregrina, fueron los vecinos de esa comunidad quienes masivamente se volcaron a honrarlo. La murga “Los Gloriosos Intocables” llevó sus bombos para despedirlo y la gente cantó una tonada que el Padre había escrito en su estancia en Lavalle: Estrella Encendida.

Una casualidad o causalidad: El Jorge nos dejó un 24 de agosto; en Mendoza celebramos el día del Padre mendocino.

En la foto: Luis Triviño, Jorge Contreras y Arturo Andrés Roig.

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Siguiendo con la lógica de retomar experiencias actuales en este sentido, queremos traer a colación la experiencia de la hermana Mónica Astorga y del Proyecto Artigas.

Mónica Astorga – SORoridad TRANS

Nuestro norte es el Sur. Ahí, Neuquén se transformó en la primera ciudad del mundo en tener un “barrio” trans. No son todas malas en este 2020. La iniciativa de la hermana Mónica Astorga, de la orden de las Carmelitas Descalzas, consiste en un complejo de viviendas de monoambientes para uso exclusivo de doce mujeres trans mayores que pudieron salir de la marginalidad. En la Iglesia, como en la vida misma, la labor de las mujeres ha sido especialmente invisibilizada. Por esto, entre otras cosas, nos parecía importante traer el caso de la hermana Mónica. ¿Y quién mejor que una hermana para abrazar a esta población históricamente excluida? Excluida, en la mayoría de los casos, desde el seno familiar que, en lugar de acompañar su proceso, decide expulsarlas. Esta expulsión (que suele suceder en la adolescencia) se traduce en un abandono escolar y situaciones de pobreza y hambre que se intensifican con el tiempo: el promedio de vida de la comunidad trans ronda los 35. “Yo comencé a acompañar a las trans hace 14 años. Lo que a mí más me impactó es que cuando les pregunté qué sueño tenían me dijeron que lo que querían era una cama para morir. Para mí fue muy movilizante”, dijo Astorga en una nota realizada por Agencia Presentes. Pero Mónica tiene en claro que la institución a la que representa también es de las principales hostigadoras de la comunidad. “Por eso yo desde la Iglesia dejo que digan lo que quieran decir los cerrados conservadores, los que salen a gritar haciendo alarde de que luchan por las dos vidas, pero están dejando morir a todo este otro grupo que merece vivir también”, apunta en la misma entrevista. Dios te da y dios te quita. El tema está siempre en qué Dios, para qué causa.

“Criminalización de la pobreza” vs. “materialismo cristiano”

En estos días vimos con tristeza cómo algunxs de lxs que enarbolan la bandera de la justicia social, eligieron la criminalización de la pobreza y repartir balas en lugar de tierra. Frente a esto, nos encontramos con estos casos del “materialismo” cristiano: “Primero las casas de los hombres. Después la casa de Dios” decía Macuca. Un cristianismo que no te promete el cielo, si no que te acompaña a luchar por tu tierra. En esa línea podemos pensar el accionar del conocido, y debatido, Juan Grabois: desde la derecha lo defenestran, es el amigo del papa montonero; desde la izquierda lo defenestran: es el amigo del papa montonero. Y sí, Grabois es militante peronista y cristiano, y no se preocupa por ocultarlo. Y si bien su figura y su trabajo militante son interesantes para convertirse en una nota en sí, en esta oportunidad queremos resaltar su labor en relación al Proyecto Artigas, del cual es una de las caras visibles. Y si bien no vamos a elaborar nuestro propio posicionamiento frente a esto, nuevamente encontramos este cruce entre cristianismo y el derecho al hábitat. Para saber más de qué te hablamos, te invitamos a conocer la página del Proyecto Artigas: https://www.proyectoartigas.ar/.

Esto sigue…

Si bien habíamos anticipado que esta nota constaría de dos partes, una cosa llevó a la otra, y ya se está gestando una tercera entrega que buscará retomar la labor cristiana junto a comunidades de los pueblos originarios. Hasta el libro no paramos!

“No desprecies a los pobres como si no tuvieran ningún valor. Considera quiénes son y descubrirás su dignidad: se han revestido de la persona de nuestro Redentor. Estos pobres son los tesoreros de los bienes que esperamos, son los porteros del Reino, son los que abren las puertas a los buenos y las cierran a los malos y a los que no tienen amor a los hombres”

(San Gregorio de Nisa – Sermón I sobre “El amor a los pobres”)