COBARDES Y SUPERSTICIOSOS: BATMAN CONTRA LAS FAKE NEWS

Por Lucas Lucero

Nuevos sistemas de creencias brotan como el césped en un jardín abandonado, ya que, en un mundo que ha perdido el sentido, ¿Quién puede distinguir entre lo creíble y lo ridículo?
Mark Fisher – K-Punk Vol I

Todos tienen la chance de decir cualquier cosa y creerla.
Oportunidad – Babasónicos

Me gusta bucear en el contexto de mis consumos culturales. Observar a qué inquietudes respondían, en qué clima de época están sumergidos, qué hay de viejo en lo nuevo y viceversa, las respuestas que recibieron por parte del público del momento. Lo considero un pequeño gesto de resistencia ante los despliegues discursivos de lo contemporáneo. La cultura posmoderna tritura todo bajo una uniforme masa hecha de todas las épocas, amputando todo sentido disruptivo que otorga el contexto. Al privarnos de las coordenadas espacio-temporales de la producción del hecho artístico, se nos obliga a vivir en un eterno loop donde la novedad consiste en “imitar estilos muertos, hablar a través de las máscaras y con las voces de los estilos de un museo imaginario”, como afirma Frederic Jameson. Esa destrucción de la intención de la obra puede llegar al absurdo. Sin embargo, esa operación puede asignarle un significado con mayor riqueza. Es el caso de Batman, el regreso del caballero oscuro, el niño prodigio (de ahora en más lo llamaré niño prodigio para simplificar). La edición de Ovnipress ofrecía una tapa alternativa la cual, según la editorial, había sido censurada. Una carnada imposible de ignorar para quien gusta de hacer arqueología de sus gustos. 

A pocas semanas de la publicación de niño prodigio, historieta que marca la vuelta de Frank Miller a la archipopular franquicia del hombre murciélago, en alianza con el joven dibujante brasilero Rafael Grampá, DC publicó una imagen en sus redes sociales donde se podía ver a Batwoman de perfil, con una molotov en la mano y una leyenda que rezaba “the future is Young” (el futuro es joven).  Más allá del propósito del Comunity Manager de la editorial, un tsunami de opiniones se desataba en Asia. Según internautas pro-gobierno chino, con la imagen promocional de niño prodigio, DC apoyaba a los manifestantes de Hong Kong. La controversia no tardó en multiplicarse en las redes. “Si Hong Kong es ciudad gótica, los agitadores no son Batman, son delincuentes”, aclara un comentario en Weibo, el twitter chino. Otro fan, decepcionado, advierte sobre la ambigüedad del mensaje de la publicación, y como sus amigos no lectores de DC interpretan el flyer como apoyo a las protestas. Con una seguridad típica de los posteos en redes, un usuario sentenció: “La ropa negra representa Hong Kong, la máscara representa Hong Kong, la molotov representa Hong Kong, ¿qué más aquí no representa Hong Kong?”(1). El boicot a DC y sus productos empezó a prender cada vez con más fuerza en la China continental. La corporación editorial eligió sacrificar un simple posteo (y la tapa original) a perder las ganancias millonarias que trae consigo el amplísimo mercado chino. Las disputas por el significado sobre las acciones del encapuchado nocturno cruzaron el océano pacifico hacia los Estados Unidos. Ahora China gobierna el mundo, se quejaban. BATMAN NO HARÍA ESO, aclaraba un lector con furia (2). El simple “aleteo” de una fake news terminó derrumbando la estrategia de mercado con la cual DC esperaba explotar el conflicto social norteamericano.

¿Qué hace posible esta disparidad casi psicótica entre interpretaciones? ¿Qué caracteriza a nuestro disgregado presente? La aparente disolución del gran Otro. En otras palabras, la erosión de un espacio simbólico común, como tan bien lo grafica el documental de Netflix “el dilema de las redes sociales”. Ante este panorama, el sociólogo inglés Anthony Giddens vaticinó un mundo donde una racionalidad reflexiva destronaría a la autoridad auto-evidente. Ciudadanos informados, racional y democráticamente, deliberarían hasta llegar al consenso sin necesidad de la mediación del conflicto. La caída en desgracia de la autoridad que celebraba el teórico inglés, en el sentido de instituciones centralizadas garantes de lo verdadero o, al menos, demarcadoras de los límites sobre los que reposa el debate sobre la verdad, no elevó la calidad de la discusión, ni eliminó las disputas entre intereses y cosmovisiones contradictorias. Todo lo contrario. Conquistas como la vacunación masiva, con su consecuente mejora en la salud de las mayorías, o acuerdos básicos como el hecho de que vivimos en un planeta esférico, han sido puestos en duda, transformados en una controversia entre distintos puntos de vista presentados como equivalentes. Esa supuesta equivalencia, que se disfraza de ropajes democráticos, es la que desdibuja las fronteras de cualquier debate. Esa operación legitima posiciones oscurantistas y violentas. Al tamizar todas las opiniones como una suerte de controversia sin límites, cualquier discurso puede ser legitimado sin importar si las declaraciones provienen del odio, la ciencia, la militancia, de una reflexión sesuda o un simple vómito pulsional. El sueño neoliberal de un mercado inclusivo habitado por individuos libres, cosmopolitas y diversos, derivó en una pesadilla donde todos los días hay que salir a discutir lo obvio. El individuo “empoderado” del capitalismo tardío es un infante narcisista que cree sin fisuras en el poder mágico de su propia palabra y defiende a capa y espada su alambrada visión del mundo. Fisher nos aclara que “(…) esta ostensible desmitificación de ninguna manera impide su funcionamiento. Al contrario, el gran Otro nunca ha funcionado más efectivamente”. Si antes el gran Otro vestía el uniforme de Dios, la Historia, el Estado o la Familia, en la actualidad los algoritmos y las redes difuminan su presencia, haciendo que su influencia sea imperceptible, oblicua y por demás eficiente. 

Niño prodigio transforma el conflicto entre Batman y el Joker en una lucha en las calles entre partidarios de Trump y sus detractores. Los seguidores del actual presidente norteamericano son retratados por Miller como mini copias del Joker. Pequeños hombres sádicos, uniformados como su jefe criminal, agentes del caos, sin mayor motivación que un estado de euforia provocado por las drogas y el placer de destruir. Carrie Kelley, en su papel de Batwoman, debe cuidar de ciudad Gótica mientras esto sucede ya que Batman se encuentra fuera. Por otro lado, en un plano más filosófico, los poderosos hijos de Clark Kent y la Mujer Maravilla, Lara y Jonathan, debaten sobre la humanidad y sus contradicciones. Mientras sucede la acción, podemos ver cómo las fake news se diseminan por diarios y redes sociales. Hasta el Joker tiene secuaces dedicados a la difusión de noticias falsas. La elección de Trump es una cuestión que atañe hasta el poderoso Darkseid. 

Los sentimientos contradictorios que tiene Lara Kent sobre la humanidad hacen de ella un personaje irritado y rabioso, algo de lo cual Darkseid busca aprovecharse. Transformarla en su soldada utilizando la furia que tiene contenida. Casi como un espejo del affaire DC/internautas chinos (3), la historieta nos muestra cómo las tecnologías pueden ser utilizadas para instalar el caos y cómo las pasiones juegan un rol fundamental en el conflicto. Miller y Grampá logran suficiente abstracción y condensación de temáticas como para transformar su obra, incluso antes de ser publicada, en algo así como un significante vacío. La imagen de la motolov y Batwoman fueron re-significadas por los manifestantes de Hong Kong y transformadas en pancartas de protestas. La línea entre realidad y ficción está menos demarcada que nunca. Si bien puede sonar poético, este estado del mundo no constituye un buen augurio. 

Referencias:

  1. Acá pueden ver una galería de fotos de Thaddé Comar, un fotógrafo francés que se ha dedicado a documentar las protestas de los últimos años y documentó las protestas de Hong Kong. Realmente parecen sacadas de una película de Batman.
  2. Los comentarios y memes en respuesta a este tweet son una pequeña muestra de la facilidad hermenéutica de nuestros días.
  3. Pueden visitar las fuentes de la controversia DC/internautas chinos en los siguientes enlaces: